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viernes, enero 04, 2013

“La noche más oscura” (2012) - Kathryn Bigelow


Tras los trágicos atentados del 11 de septiembre de 2001, el líder terrorista de Al-Qaeda, Bin Laden, se convirtió en el Enemigo Público número uno de Estados Unidos. Y, en consecuencia, en el hombre más buscado sobre la faz de la tierra. Durante años, su paradero fue toda una incógnita, y los rumores acerca de su posible muerte fueron constantes (que si fue asesinado por uno de sus hombres, que si murió de cáncer de riñón, que si falleció durante un bombardeo yanqui…). Inesperadamente, en mayo de 2011 se informó de su muerte, ocurrida ésta en el transcurso de una acción militar secreta de la CIA. Ese mismo día, el propio Presidente de los EE.UU., Barack Obama, se dirigía a la nación para sacar pecho y confirmar su defunción. 

Ésta es la historia –o al menos su versión de los hechos- de cómo un obstinado grupo de la CIA localizó y eliminó al mayor enemigo del pueblo americano.

La película abre completamente a oscuras mientras se escuchan de fondo las conversaciones y los gritos de desesperación en las llamadas a los servicios de emergencia realizadas aquél fatídico 11 de septiembre de 2001, el mayor y más grave atentado terrorista sufrido en EE.UU.  El ataque, que dejó miles de muertos y heridos, golpeó duramente el orgullo de todo un pueblo y llenó de miedo, dolor y sufrimiento el corazón de millones de personas. La fragilidad y la impotencia de una nación se vieron plasmadas en los abatidos rostros de sus ciudadanos y gobernantes. Aquél ataque significó la clara declaración de guerra de los yihadistas hacia el pueblo americano, primero, y hacia el resto de occidente, después. 

Este es el punto de partida de una película que abarca, muy a grandes rasgos, los 10 años de investigaciones y torturas que se emplearon hasta conseguir dar caza al líder de Al Qaeda. Diez años repletos de batallas y muy escasas victorias. La guerra abierta entre unos y otros sigue vigente y, lo que es peor, sigue cobrándose víctimas año tras año (tanto civiles como militares). Pero en 2011 la CIA se anotó un tanto asesinando a su cabecilla, Bin Laden. Y la maquinaria de Hollywood ha reaccionado rápidamente al acontecimiento poniendo en marcha películas como la que nos ocupa (aunque ésta ya estuviera medio planificada con anterioridad), y cuyo objetivo no es otro que relatar el triunfo de esos hombres y esas mujeres que devolvieron el orgullo de ser americano a un pueblo tocado por el terrorismo. 

Y ahí tenemos a la oscarizada Bigelow, lejos ya de sus producciones estrictamente comerciales (y de alto voltaje, todo sea dicho), metiéndose en faena con un guión previsto, inicialmente, para relatar la infructuosa misión de un equipo de Black Ops destinados a acabar con Bin Laden, y que ha acabado siendo un historia con final feliz; un desenlace inesperado y que le vino como caído del cielo. 

El acontecimiento está fresco en nuestra memoria, por lo que la inmediatez juega a favor de la directora. Hay detalles que han salido a la luz, cierto, pero aún hay mucha verdad oculta tras esa operación, mucha información que desconocemos y otro tanto que seguramente se ha manipulado a conveniencia. “Zero Dark Thirty” pretende contarnos los entresijos de dicha operación y poner nombres (probablemente ficticios) a los agentes (analistas, soldados, etc.) que participaron directa o indirectamente en ella.


Quizás uno de los aspectos más significativos y que tantas ampollas ha levantado tanto en los círculos republicanos como en los demócratas, es que Bigelow muestre sin escrúpulos las torturas llevadas a cabo para tales fines. Y lo hace, en cierto modo, para demostrar cuán esenciales fueron éstas para alcanzar el objetivo fijado. 

Ni a republicanos ni a demócratas les ha hecho ni pizca de gracia tal revelación (y mucho menos a la propia CIA), máxime cuando en un momento dado de la cinta se nos muestra a un presunto miembro de Al Qaeda siendo torturado al tiempo que -empleando imágenes de archivo- Obama declara en televisión que América ya no practica tales métodos de “persuasión”.  Por ello, la película ha sido tachada de "extremadamente inexacta y confusa”. Puede que Bigelow haga apología de la tortura o puede que no; puede que “el fin justifique los medios” o puede que no; o puede que simplemente se limite a señalar una realidad cuyos implicados prefieran negar. En cualquier caso, aquí se sugiere “muy claramente” que buena parte del éxito de la misión es debido al empleo de tales métodos, y eso es un hecho que, contrastado o no, forma parte de lo que vemos a lo largo del relato. 

Tampoco es la primera vez que la directora se topa con la polémica (ya le ocurrió con “En tierra hostil”), y seguramente no sea la última a tenor del rumbo que ha tomado su carrera como cineasta.

Otro detalle interesante y seguramente polémico es que la operación final no parece fijarse como objetivo “capturar” a Bin Laden sino ejecutarlo, sin más. Y de esto también se hablo y debatió mucho en su momento: que si no hubo más remedio, que si fue un “accidente”, que si fue premeditado... Desde luego, la visión que parece querer ofrecer “Zero Dark Thirty” (título procedente de la jerga militar y que significa las 00:30, cuando los SEAL de la Marina asaltaron el escondrijo de Bin Laden) es que se va a lo que se va: a asesinar al terrorista, eliminando a quién se ponga por medio (excepto niños y mujeres, salvo que éstas últimas vayan armadas) y recopilar el máximo de información posible para derrocar a Al Qaeda. Capturarlo con vida para interrogarlo y/o juzgarlo no parece entrar en los planes de la CIA.

Pero polémicas a parte, la narración  resulta tan minuciosa y metódica como mecánica. El relato no está exento de acontecimientos dramáticos, pero los acercamientos al plano más sentimental caen en saco roto. El guión se preocupa más por los hechos que por los personajes, por lo que un servidor, como espectador, tampoco se preocupa por estos últimos. Con el personaje de Jessica Chastain (estupenda en su papel de dura agente) se realizan mayores esfuerzos para que veamos en ella a una “persona real”, pero ese tratamiento no termina de funcionar al 100%. En un punto culminante de la trama, el trabajo de Maya (Chastain) pasa a ser algo personal, casi como una vendetta que sólo puede terminar en lágrimas, ya sean de dolor o de alivio (o de ambas cosas). Pero la empatía con ella es cero. 

La dirección de Bigelow carece de la intensidad, el brío y el suspense que se le debe exigir a la cinta.  Como documento meramente informativo, resulta incuestionablemente interesante, pero como película en sí, resulta tan estimulante como las instrucciones de un lavavajillas. Un documental bien podría haber funcionado para el mismo fin, y puede incluso que mejor, dada la impersonalidad con la que se trata el tema. 


No se la puede tildar de ultrapatriotera, ni mucho menos (para eso ya están engendros como “Acto de valor”), pero tampoco de ser demasiado crítica o de posicionarse firmemente sobre el conflicto. Es una cinta que, aún con sus polémicas, resulta demasiado “limpia” y de fácil digestión. Incomoda lo justo, revela lo necesario y maneja el tinglado con una notable precisión técnica, pero no hay atisbo de emoción alguna en ella. Resulta interesante por lo que cuenta pero no por cómo lo cuenta.


En cuanto a la fiabilidad de la historia, ésta puede ser puesta en duda tanto como la de cualquier otra película basada en hechos reales. Para los amantes de las teorías conspiranoicas no será más que otra patraña producto de Hollywood. Para algunos, Osama Bin Laden ya estaba muerto mucho antes de su “ejecución oficial”, mientras que para otros aún sigue vivito y coleando. 

La lluvia de información en su momento (tanto la oficial como la facilitada por los medios más sensacionalistas) fue tan torpe y sospechosa (foto retocada del cadáver en la prensa, prisas por tirar el cuerpo al mar, etc.) que es difícil decidir en qué creer, así que cada cual se montará su propia versión de los hechos, sirviendo de muy poco esta película para esclarecer lo sucedido. 

Pero aquí está.  Te puede gustar más o te puedes gustar menos. La crítica estadounidense se ha rendido a los pies de Bigelow y alabado la película con todos los halagos posibles que permite su diccionario. En alguna parte leí que “Zero Dark Thirty dejaba en pañales a Argo”. No podría estar más en desacuerdo con semejante afirmación, e incluso le daría la vuelta. 

El proyecto más ambicioso de Bigelow se queda en un aprobado sin calado que, muy probablemente, coseche más premios y piropos de los que un servidor considera que se merece. Y es que a veces toca, sin pretenderlo, ir a contracorriente.


Lo mejor: Jessica Chastain.

Lo peor: la frialdad que rezuma toda la película y, por ende, la nula empatía con la historia y sus protagonistas.


Valoración personal: Regular-Correcta

sábado, agosto 04, 2012

"Prometheus" (2012) - Ridley Scott

Crítica Prometheus 2012 Ridley Scott
El último trabajo de Ridley Scott ha sido uno de los proyectos que más han mareado la perdiz para desconcierto de los cinéfilos, aunque también de los que han causado más revuelo. 

El regreso del director a la ciencia-ficción, género en el que ha logrado dos de sus obras cumbres y más idolatradas, “Alien” y “Blade Runner”, fue una noticia que recibimos con los brazos abiertos. Ahora bien, nada hacía sospechar que aquello fuera a estar relacionado directamente con un retorno a la franquicia “Alien”. Es más, Scott llevaba tiempo detrás de la adaptación de ‘La guerra interminable’ (The Forever War, 1974), la fantástica (y cruda) novela de Joe Haldeman, por lo que no había necesidad alguna de rebuscar en el baúl de los recuerdos si lo que pretendía era tener una excusa para volver al espacio exterior.

Pero desde el nacimiento del proyecto hasta ahora, la red se ha inundado de rumores y desmentidos para parar un tren, algo que no ha hecho sino aumentar el hype hasta niveles francamente desproporcionados. En principio, las pretensiones partían de la idea de realizar una precuela para relatarnos los orígenes del space jockey, personaje mitificado por su breve y enigmática aparición en la primera película de la saga. Pero a medida que se avanzaba en la escritura del guión, Scott y se equipo se dieron cuenta que tenían algo más grande entre manos, y no tardaron en corregir la dirección del proyecto para crear una obra totalmente nueva y ajena. O eso es lo que nos contaron.

Y es que la conexión con Alien nunca quedó demasiado clara hasta que se nos obsequió con el primer tráiler (puede incluso que con el teaser).

Scott quiso desmarcarse pronto del concepto precuela, pero poco a poco se fueron desvelando detalles que confirmaban nuestras sospechas: “Prometheus” tenía ADN Alien, aunque eso no implicara que viéramos de nuevo en pantalla al famoso xenomorfo.

Ahora, tras dos meses de retraso con respecto a su estreno en EE.UU., llega el momento de resolver las dudas y saciar vuestra curiosidad. Y si habéis logrado manteneros al margen del hype y de los innumerables spoilers (tal como hizo un servidor), mejor que mejor.

En el transcurso de su labor, dos jóvenes y brillantes arqueólogos, la Dra. Shaw (Noomi Rapace) y el Dr. Holloway (Logan Marshall-Green), descubren unos reveladores pictogramas rupestres acerca de antiguas civilizaciones que poblaron la Tierra. Todos los indicios hallados señalan a un mismo lugar situado en un punto lejano del espacio como posible origen de estos seres. Con la intención de descubrir la respuesta a estas cuestiones, ambos consiguen convencer a una gran corporación, Weyland Industries, para que les financie el viaje hasta allí.

Un planeta inhóspito, una nave espacial y su desventurada tripulación inmersa en una pesadillesca carrera por la supervivencia por culpa de una misteriosa y mortífera raza alienígena… Todo parece indicar que la estructura de “Prometheus” no se aleja demasiado de sus orígenes “alienescos”. Y en cierto modo, es así.
Puede que la premisa argumental (la búsqueda de respuestas trascendentales a los más grandes misterios de la humanidad) sea muy diferente, pero en el fondo no nos alejamos demasiado del mismo tipo de película con que nos obsequió Scott hace ya algo más de tres décadas. Esto es una “space monster movie” en toda regla, pero con suficientes  alicientes como para marcar la diferencia con respecto al mismo universo alien en el que se inscribe.


El equipo de científicos y exploradores viaja a bordo del Prometheus, nombre que proporciona el título del filme y que para nada es casual. Tal como se cuenta en el mito griego, el titán Prometeo desafió a los dioses y robó el fuego del cielo para dárselo a los humanos para que éstos pudieran cocinar y calentar sus hogares. Por ello, el titán fue terriblemente castigado por Zeus, quién le condenó a sufrir una tortura eterna, encadenándole a una roca y mandando a un águila para que devorara su hígado, órgano éste que volvía a crecerle una vez tras otra, de modo que  el dolor jamás cesara. 

Nuestros protagonistas creen dirigirse hacia el lugar en el que encontrarán las respuestas a su existencia; un lugar dónde conocerán a sus hacedores, a los seres (cuál dioses) que podrían haber creado la vida en nuestro planeta. Con este encuentro esperan poder responder a todas sus preguntas, pero lo único que encuentran es dolor y sufrimiento.

En cierto modo, y recuperando los tintes mitológicos que impregnan la esencia de la película, lo que hace la tripulación de la Prometheus  es abrir la caja de Pandora, liberando así los males que puedan acabar no sólo con ellos sino con toda la raza humana.

En el planeta al que han llegado topan con una civilización que posee un poder tan majestuoso como realmente peligroso.  Y más allá de los planteamientos y significados filosóficos y/o religiosos que se puedan interpretar de la historia, se intuye cierta alegoría a la capacidad del ser humano por manejar ciertos poderes (el nuclear, por ejemplo) capaces de acercarnos con rapidez a la destrucción total. De hecho, la razón por la que estos seres se encuentran en ese planeta es resultado de la decepción que suponemos como creación suya. Es la serie de inevitables preguntas que el personaje de Shaw se plantea hacia al final de la película SPOILER--- ¿Qué hicimos mal? ¿Por qué quisieron destruirnos? ¿Por qué se retractaron luego? Quizás mereciéramos el castigo, pero la medida impuesta, la raza creada para tales efectos, terminó superando las expectativas y volviéndose en su contra. Y de algún modo, dicha creación se convirtió en algo mucho peor e incontrolable que lo que se pretendía erradicar en la Tierra – FIN SPOILERS

En cualquier caso, hay respuestas que es mejor no conocer; preguntas que es mejor no hacerse. Y por irónico que parezca, casi podría trasladarse esto a la propia razón de ser de la película. ¿Realmente hacía falta conocer los orígenes del space jockey? ¿Acaso no era mucho más divertido dejar volar nuestra imaginación y elucubrar con nuestras propias respuestas acerca de tan enigmático personaje cinematográfico? 

Siempre he pensado que la existencia de las precuelas mató uno de los grandes atractivos del cine: el misterio de lo desconocido. Fue cuando Hollywood encontró el modo (casi siempre por motivos económicos más que artísticos) de contárnoslo todo y dejar poco o nada en manos de nuestra imaginación. Y hay un dicho que dice que “la curiosidad mató al gato”. Pues eso les ocurre a nuestros protagonistas, y puede que también le ocurra a algunos espectadores…  A aquellos que terminen saliendo decepcionados de la sala en la que se proyecta “Prometheus”. Porque no siempre la respuesta que buscamos es la que acabamos encontrando. Aunque quizás aquí la decepción no venga tanto por el qué sino por el cómo y por no ver cumplidas todas las (desorbitadas) expectativas. Porque no hay duda que aquí nos encontramos con una caso claro de hype desmedido; un hype contraproducente para el espectador y que puede convertirse en uno de los mayores lastres de una película que, sin ser la panacea, es de lo de más rescatable dentro de su género. 

No marcará un antes y un después en la ciencia-ficción (de hecho, es mucho más elemental y convencional de lo que se le presupone) ni  se convertirá en hito u obra cumbre del mismo, pero ofrece dos horas de evasión suficientemente eficaz y loable como para no lamentar en demasía el habernos reventando, en cierta medida, el origen de uno de los monstruos más inquietantes y letales del cine fantástico.

 
Pero entonces, ¿es esto una precuela? Sí y no. SPOILER—Sí, porque se sitúa años atrás a los acontecimientos que transcurren en “Alien, el octavo pasajero”. No, porque aún situándose en el mismo universo y rescatando parte de sus elementos característicos (Weyland Industries, el space jockey…) no tiene mayor relación con el filme de 1979, y los hechos que se relatan no desembocan directamente en la película original, con lo cual rompe con el significado más estricto y habitual de la palabra “precuela”. Nos indica, en sus últimos minutos, cuál puede ser la procedencia del alien mediante la aparición de un primerizo xenoformo. Una especie de “ancestro” del alien de la primera película; la semilla que dará lugar a tan mortífera criatura. Pero nada más parece vincular una película con la otra. – FIN SPOILER

La película ofrece alguna que otra respuesta a la procedencia del xenoformo y, por supuesto, nos ilustra un poco acerca del space jockey, pero termina sugiriendo más preguntas que respuestas. De hecho, se puede criticar que el guión se quede simplemente en la superficie de lo que pretende exponer, siempre en favor de un despliegue más pirotécnico y simplista. Los frentes que abren los guionistas dan lugar a una mayor profundización que aquí se siente a medio  explorar. El nuevo universo que elabora “Prometheus” queda lastrado, en parte, por decantarse hacia la vertiente survival, lo que en el fondo termina definiendo la propuesta. En cuanto el suspense y la intriga dejan paso al terror y la acción, se pierde gran parte de la fuerza y tensión iniciales que, de haberse sabido llevar con más atino (más que nada desde el guión), hubieran culminado en una obra muchísimo mejor y más memorable que la que finalmente ha quedado.

Pero insisto, “Prometheus” no es para nada una mala película. No es la gran película que -quizás equivocadamente- muchos ansiaban encontrarse, y quizás tampoco sea el gran regreso de Scott a la ciencia-ficción, pero tampoco se nos obsequia habitualmente con un cine de género serio y locuaz como éste, y que a su vez sea tan asequible para el espectador (aquí no hay pajas mentales ni discursos pseudointelectualoides. Tampoco propaganda atea, como alguno podrá pensar). Quizás sí es algo pretenciosa, y presume de querer y poder dar más y mejor de lo que finalmente ofrece, pero en la silla de director no hay un cualquiera, y eso se nota. La profesionalidad con la que está hecha se palpa en cada detalle. Técnicamente es impecable, y no me refiero a los efectos especiales  solamente (que cumplen con creces) ni tampoco a la –innecesaria, por escasamente provechosa- inclusión del  efecto estereoscópico; narrativamente es competente, y cuenta con una puesta en escena cuidada.  Pero su guión no está a la altura. Sus personajes no lo dan todo de sí.

El protagonismo es mayormente coral durante buena parte de la película, pero poco a poco Shaw y David se erigen como piezas angulares de los acontecimientos y principal pilar de la trama. Y ellos y sus intérpretes brillan (sobre todo Fassbender), pero el resto desluce a su lado. El talento de Charlize Theron (que parece haberle cogido el gustillo a encarnar féminas ruines) y el de Idris Elba (quién no acaba de encontrar papeles a la altura de los que sí le ofrece la pequeña pantalla) quedan menguados por  unos personajes que apuntan maneras pero se quedan finalmente en nada. El resto anda por ahí como mera carnaza, aunque eso ya es un rasgo fundamental de este tipo de cintas.

 
La película guarda para el recuerdo una de las secuencias -no apta para estómagos sensibles- más viscerales y brutales que permiten su bendita y agradecida calificación R (SPOILER—el malrollero parto por cesárea de Shaw – FIN SPOILER). Muestra una acertada construcción psicológica de David, un cyborg que se esfuerza por comprender a los humanos y que, en su empeño por ser uno de ellos (o que al menos le consideren como tal y como uno más del equipo), llega a sentirse casi como humano. Y eso pese a que sus compañeros (y en un momento dado también su creador) no cesan en recordarle que no es más que un saco de cables y circuitos. 

La coyuntura moral, profesional, personal y finalmente religiosa que se le presenta a Shaw es también bastante interesante, precisamente por lo mucho que se entorpecen unos a otros esos conceptos. Pero más allá de todo eso, lo que hay aquí es terror espacial, pero lejos de la intensidad de “Alien” y de la jubilosa satisfacción que proporcionaba aquella.

Es muy probable que “Prometheus” convenza o decepcione en función de lo mucho o poco que se espere de ella. Eso no quita que aún siendo muy correcta, no termine de llenar del todo. Entretiene pero no deja huella. Resulta enigmática en su comienzo, pero falta mayor definición de los conceptos que plantea, amén de dejarse llevar en su tramo final por la resolución que presenta menos riesgos  (y más fuegos de artificio). 

La verdad es que viniendo de quién viene sabe a poco, pero igual de los guionistas tampoco se podía esperar mucho más. Jon Spahits es responsable de la bochornosa “La hora más oscura”, uno de los mayores bodrios del pasado año; y que Damon Lindelof ha logrado cierto estatus de reconocimiento celestial por su implicación en los guiones de “Perdidos”, pero su trayectoria en el medio cinematográfico se resume en “Cowboys & Aliens”, la presente “Prometheus” y la futura adaptación de “Guerra Mundial Z”, la cual acumula ya tantas reescrituras y rerrodajes que poco o nada hacen confiar en su labor y en el resultado final de la película. Servidor cruza los dedos por  la secuela de la estupenda “Star Trek” de JJ. Abrams, cuyo guión también cae en sus manos.


Lo mejor: el personaje de David (Michael Fassbender).

Lo peor: que pudiendo ser algo diferente (una película de ciencia-ficción hard), termine por ser una pseudoalien, esto es, la película de siempre: monstruo aniquilando la tripulación de una nave espacial. Para eso no hacía falta tanto rollo pseudoexistencial.


Valoración personal: Correcta

sábado, agosto 06, 2011

“Capitán América” (2011) - Joe Johnston

critica Capitán América 2011 Joe Johnston
Desde que Marvel Comics empezó a llevar las riendas de sus propias adaptaciones superheroicas, las alegrías para la editorial comiquera se han ido sucediendo una tras otra. En 2008, Iron Man supuso el inicio de una nueva y mejor etapa cinematográfica para los superhéroes de la casa, ofreciendo un entretenimiento (de calidad) que marcaría las pautas a seguir en el resto de adaptaciones y supondría también la primera pieza del entramado universo marvelita que se ha ido engrasando para hacer posible la llegada en cines de “Los Vengadores”, esa (super)película que reunirá a todos los superhéroes (entre otros personajes) que se han ido presentando en solitario y conectando película tras película. Con mayor o menor acierto, hemos visto ya prácticamente a la totalidad del supergrupo, y ya sólo nos quedaba por ver al Capitán América.

1941. En plena Segunda Guerra Mundial, el valiente Steve Rogers (Chris Evans), un joven de apenas 45 kilos de peso, intenta reiteradamente ingresar en las filas del ejército estadounidense para luchar junto a los suyos en la guerra contra las Potencias del Eje. Aunque su frágil y enclenque complexión invita a que rechacen constantemente su solicitud, Steve no se rinde, y por fin su insistencia obtiene recompensa cuando le eligen para ser el primero en formar parte de un programa experimental que lo convertirá en un súper soldado.

Con una mejorada apariencia física y convertido en el Capitán América, Steve unirá fuerzas con su amigo Bucky Barnes (Sebastian Stan) y la agente Peggy Carter (Hayley Atwell), bajo las órdenes del Coronel Chester Phillips (Tommy Lee Jones), para luchar contra la malvada organización HYDRA, la división científica de Adolf Hitler encabezada por el infame Cráneo Rojo (Hugo Weaving).

Como ya he comentado al inicio de la crítica, Marvel ha ido conectando sus personajes para allanar el terreno a Los Vengadores. Primero empezó con unos meros guiños y referencias circunstanciales, para pronto pasar a aumentar la presencia de la división S.H.I.E.L.D. (División Nacional de Intervención, Seguridad y Logística) y cobrar ésta un mayor protagonismo en las tramas. Esto ocurría en Iron Man 2, en la reciente Thor y, por supuesto, también en Capitán América. Sin embargo, el hecho de que la acción transcurra durante la II Guerra Mundial obliga a establecer esos lazos de unión al margen de la trama principal. ¿Y de qué modo se consigue eso? Pues mediante un prólogo y un epilogo que se ubican en la actualidad (amén de algún que otro personaje como Howard Stark –padre de Tony Stark/Iron Man- o el poderoso objeto –un cubo cósmico- que codicia Cráneo Rojo)


Pero el hecho de unificar a todos los personajes en un mismo universo se puede convertir en un arma de doble filo. Y es que eso es bueno y malo según cómo se mire. Bueno porque hace posible la existencia de los Vengadores, una de las traslaciones a la gran pantalla más ansiadas por los fans de los superhéroes y una película que puede convertirse en un gran pelotazo taquillero si se hacen bien las cosas. Malo porque esa dependencia les hace perder, en cierto modo, su individualismo, su propia esencia, su razón de ser por sí solos. Dado que esa dependencia ha ido en aumento, en algunas casos como la secuela de Iron Man ha conseguido hundir la propia película, que con tanto personaje y subtrama de por medio parecía más una precuela de los Vengadores que una secuela del hombre de hierro. No obstante, hay decir que esto no le ocurre de forma tan grave al Capitán América, donde la mayor parte del tiempo asistimos al nacimiento del superhéroe en respuesta a las preguntas básicas habituales (cómo, cuando, dónde y por qué) y a su lucha contra un enemigo único y exclusivo de la trama que aquí nos presentan.

Así pues, tenemos a un joven que de la noche a la mañana, y gracias a un suero especial y al bombardeo de unos “vita-rayos”, pasa a convertirse en un supersoldado dispuesto a luchar por su patria, aunque antes de empezar a partir cráneos nazis tenga que pasar por la humillación de convertirse en un reclamo publicitario (además de un símbolo patriotero) para recaudar fondos para los aliados. Sin embargo, una vez demostrada su valía en el campo de batalla (misión de rescate mediante), veremos al Capitán América en plena acción, con su traje de colores y su indestructible escudo haciendo frente a los esbirros del megalómano Johann Schmidt/Cráneo Rojo.

Los guionistas han sabido moverse dentro de los entandares de Marvel para crear una aventura con sabor a pulp que sabe combinar sabiamente las escenas de transición con las de acción. Además, conectamos inmediatamente con el personaje de Steve Rogers no porque sintamos lástima por él sino por las agallas de las que hace gala pese a su debilucho físico, por su buen corazón y sobre todo por esa estimable integridad y honestidad que le hacen digno de convertirse en el elegido para ser el Capitán América. La presentación del personaje desde que aparece por primera vez en pantalla hasta que se convierte en un soldado hipermusculado está narrada de forma muy amena, sabiendo introducir correctamente al resto de personajes (y son unos cuantos) que conforman la trama, y dándole a cada uno los minutos pertinentes para desarrollar una historia que, aún en su sencillez, se muestra de lo más sólida.



Pese a su irregularidad como cineasta y a la poca confianza que inspiraba en muchos tras el batacazo de “El hombre lobo”, Johnston ha sabido manejar con acierto el encargo que se le ha encomendado, trasladando al personaje de la viñeta a la pantalla sin caer en lo ridículo o en lo ostentoso (patriotismo, el justo y necesario). La película goza de cierto regustillo a aventura añeja gracias no sólo a la época en la que se desarrolla sino también al tradicional y muy comiquero tratamiento de los personajes, a la ejecución clásica y medida de Johnston en las escenas de acción (se nota que es un director de la vieja escuela que no ha sucumbido a las moderneces de hoy día) y al fantástico apartado artístico (caracterizaciones, diseños retro, etc.). Lo dicho, un pulp en toda regla, y con mucha honra.

Las escenas de acción son atractivas y, lo que es mejor, comprensibles para el ojo humano. Además, toda esa pirotecnia está bien distribuida a lo largo del metraje y consta de unos efectos especiales más que convincentes. Quizás en alguna ocasión chirríen un poco (algún que otro croma, por ejemplo, o cuando los soldados de HYDRA salen volando por los aires), pero en otras la calidad es prácticamente impecable (el Steve Rogers enclenque, sin ir más lejos)

Las notas de humor no caen en lo chorra o bobalicón como ocurría en el Thor de Kenneth Brangh (director, irónicamente, de mayor prestigio que el aquí presente) sino que son simpáticas e incluso divertidas (a destacar las frases que suelta el -serio pero bonachón-Coronel) y las secuencias más épicas logran ser emocionantes, ayudadas en parte por la adecuada -si bien funcional- partitura de Alan Silvestri, donde destaca un logrado leit-motiv fácilmente reconocible y tarareable que ya identifica al Capitán (vale que Silvestri no es Williams, pero hace bien su trabajo)

Chris Evans cumple sobradamente como héroe (tanto en lo físico como en lo interpretativo), y está muy bien acompañado por un muy correcto elenco de secundarios donde destacan Tommy Lee Jones y Stanley Tucci en el bando de los buenos, y Hugo Weaving (un crack haciendo de villano) en el de los malos.

Así que con “Capitán América” la diversión está garantizada. Un agradable y satisfactorio entretenimiento pulp y la segunda mejor película de superhéroes del año (ya sabéis cuál es la primera)

P.D.: Tras los créditos os espera el avance de “Los Vengadores”. Y sigo creyendo que esa es la manera idónea -utilizando las escenas post-créditos- de conectar todos los personajes para poder disfrutar de forma individual de sus películas. El desenlace de este “Capitán América” es demasiado dependiente de la película que veremos el año que viene. Y eso, desde la perspectiva del no fan o del espectador que va a ver simplemente una película más de aventuras, es un error.


Lo mejor: su espíritu pulp

Lo peor: su vinculación con Los Vengadores.


Valoración personal: Buena

jueves, junio 09, 2011

“Hanna” (2011) - Joe Wright

critica Hanna 2011 Joe Wright
Debutó en el largometraje con “Orgullo y prejuicio”, adaptación de la novela de Jane Austin por la cual consiguió un BAFTA a Mejor director y diversas nominaciones a los Oscar y a los Globos de Oro. Tres años más tarde, Joe Wright repetió con su actriz principal, Keira Knightley, para rodar otro drama romántico/épico basado en otra aclamada novela y recibiendo nuevamente el aplauso de la crítica.

Con todo a su favor, en 2009 se lanzaba a filmar un drama basado en hechos reales de esos que tanto gustan a la academia, y con dos buenos actores como Jamie Foxx y Robert Downey Jr. al frente del reparto. El resultado, sin embargo, no podía estar más lejos de las expectativas puestas en ella, y la película convenció a muy pocos (y mira que la historia era un caramelo, pero el sabor que dejaba era bastante agridulce)

Quizás debido a este traspié o quizás porque tenía ganas de cambiar de género, lo último que nos llega del director inglés es este thriller de acción un tanto inusual.

Hanna (Saoirse Ronan) es una chica de 16 años que vive en las salvajes tierras del norte de Finlandia, aislada del mundo civilizado, junto a su padre, Erik (Eric Bana), un ex agente de la CIA. Erik ha enseñado a Hanna a cazar, le ha entrenado con un duro programa de autodefensa y le ha enseñado a leer y escribir con tan solo una enciclopedia y un libro de cuentos de hadas. Hanna ha vivido una vida muy diferente a la de cualquier otra adolescente; toda su educación y entrenamiento se reduce a un objetivo, convertirla en la perfecta asesina. Pero en el mundo real hay una cuenta pendiente con la familia de Hanna, y Erik se ha dado cuenta de que ya no puede retener más a su hija, y que ya es hora de saldar esa cuenta.

Cuando supimos de ella y vimos el tráiler, nos extrañaba que detrás estuviera un director como Wright. Aún así, con semejante reparto (Ronan, Bana, Cate Blanchett, Tom Holland…), ¿quién podría resistirse?

Como ya se indica en la sinopsis, Hanna ha sido convertida en una dura y letal asesina a manos de su padre, que la ha entrenado y criado olvidando, quizás, lo más importante de todo: que es una niña. Una niña capaz de desnucarte con un par de rápidos movimientos, pero una niña, al fin y al cabo.

Ahora ha llegado un momento crucial que va a cambiar bruscamente la adolescencia de Hanna. Ella y su padre se separaban por primera vez para embarcarse en la misión para la que siempre ha estado destinada. Antes de reencontrarse en Berlín, tal y como habían planeado, Hanna es capturada por la despiadada agente de inteligencia Marissa Wiegler (Cate Blanchett). La joven, sin embargo, no tarda fugarse de sus captores para emprender un largo y duro viaje por Europa, seguida muy de cerca por Marissa y sus secuaces.

Para Hanna, este viaje no será solamente la misión de su vida para la cual ha sido entrenada desde bien pequeña, sino que también supondrá un redescubrimiento del mundo y de su propia adolescencia.


Estamos hablando de una chica de 16 años que se ha criado en el bosque con la única compañía de su padre, quién le ha enseñado todo lo que sabe. Y todo lo que sabe no es suficiente para enfrentarse al mundo real, porque la vida es algo más que datos y definiciones de una enciclopedia o recuerdos de un pasado distante y borroso. La vida son también sentimientos, personas y lugares.

La joven experimentará nuevas sensaciones al tiempo que es perseguida por unos matones sin escrúpulos.

“Hanna” es una de esas películas que te das cuenta que apuntan maneras nada más empezar. De hecho, desde la primera escena hasta que la protagonista logra escapar de las garras de Marissa, podríamos decir que estamos ante uno de las propuestas más interesantes del cine comercial actual. No obstante, justo después de ese tramo, la historia empieza a tomar derroteros un tanto extraños y discutibles, y la película empieza a tambalearse y a dudar de su condición y del público al que va dirigida. Y es que llega un momento en que uno no sabe muy bien si está presenciando un thriller de acción, un drama juvenil o una comedia involuntaria.

Otorgarle profundidad a la trama, darle fondo para que no se convierta en un vacuo y superficial muestrario de pirotecnia, es algo que se siempre se agradece. Sin embargo, debe existir un buen equilibrio entre las partes sin perder de vista el tipo de película que se está haciendo y el género al que ésta pertenece. En este caso, la mezcla resulta un tanto extraña por culpa de las ínfulas de su director y algunos aspectos que chirrían en exceso.

Exceptuando los personajes principales interpretados por Ronan, Bana y Cate Blanchett, el resto no sabemos si tomárnoslos en serio o no.



Empecemos, primero, por los secuaces que utiliza Marissa para atrapar a Hanna. Se trata de tres nazis estereotipados hasta la medula: dos de ellos, cabezas rapadas (o skinheads) con su vestimenta oficial (cazadora Bombers, tejanos ajustados y botas Dr. Martens) que parecen recién salidos de “American History X”; el otro, interpretado por un histriónico Tom Holland, es un nazi homosexual teñido de rubio que se pasa toda la película vestido con un chándal amarillo chillón.
Luego tenemos a la familia con la que topa Hanna al inicio de su viaje y con la que cruzará Europa, que son una atípica familia hippie cuya hija adolescente es pija, boba y sumamente repelente. Ignoro si la idea era ofrecer con fuerte contraste frente a la personalidad más seria y adulta de Hanna, pero lo cierto es tal “extremismo” consigue que su personaje se haga bastante difícil de soportar.

Y por último, y ya hacia el final, el guionista se saca de la manga a otro personaje estrafalario que bien podría haber salido de alguna película de Terry Gilliam.

Todo ellos terminan por descolocarnos y empezamos a dudar de la seriedad de la propuesta, más aún cuando la película tiene ciertos deslices más propios de la comedia que de un thriller de acción serio y contundente (que es lo que uno más o menos presumía encontrarse)

Por tanto, “Hanna” termina convirtiéndose en una confusa película comercial con pretensiones artísticas que mezcla de forma inconsistente momentos de introspección personal con secuencias de acción, las cuales en ocasiones son filmadas por Wright a base de virguerías visuales como si de un videoclip se tratara (la cañera banda sonora a cargo de los Chemical Brothers potencia aún más esa sensación)

Teniendo como protagonista a una niña asesina emulando a Nikita, uno ya da por asumido que la verosimilitud de la cinta puede llegar a ser un tanto precaria, pero en algunos aspectos la credibilidad de la trama llega a rozar lo absurdo, y al final un servidor se marchó de la sala sin tener muy claro si lo que había visto le había gustado o no (y tras dejar madurar mi opinión, casi que me decantaría por el “no”)

Probablemente, con unas ideas menos presuntuosas y un guión más centrado, estaríamos hablando de unos de los thrillers del año. Sin embargo, el resultado no termina de convencer.

P.D.: Saoirse Ronan es una joven y estupenda actriz con un prometedor futuro por delante. Pero eso sí, necesita participar en mejores películas.


Lo mejor:
Saoirse Ronan; la banda sonora de The Chemical Brothers.

Lo peor: lo desconcertantes que resultan algunos personajes; la incapacidad de Wright para hacer cine comercial serio y de calidad sin privarse de una molesta pretenciosidad.


Valoración personal: Regular

miércoles, junio 01, 2011

“X-Men: Primera generación” (2011) - Matthew Vaughn

critica X-Men: Primera generación 2011 Matthew Vaughn
Se podría decir que los X-Men de Bryan Singer fueron los que inauguraron la actual e incesante moda de llevar al cine a los superhéroes de las viñetas. Después del declive de estas adaptaciones por culpa de los abortos perpetrados por Joel Schumacher con la franquicia de Batman, a finales de los 90 llegaría Blade para poner la primera piedra que reconciliaría la industria cinematográfica con el mundo del cómic. Pero este personaje no era estrictamente un superhéroe, por lo que no sería hasta la llegada de la famosa Patrulla X cuando el resto de estudios se animaron a desempolvar sus viejos tebeos y rescatar esa fuente inagotable de historias con las que Hollywood lleva nutriéndose años y años. Además, los avances en tecnología digital abrieron un abanico de posibilidades que permitieron echarle el guante a unos superhéroes que, quizás, años atrás no hubieran podido adaptarse con tanto atino (al menos en lo que respecta al aspecto visual y pirotécnico)

Así pues, los X-Men despejaron el camino para que llegaran Spiderman, Hulk, Los 4 fantásticos, Daredevil, Iron Man e incluso un remozado Batman, entre otros. Pero los primeros tampoco quisieron quedarse atrás, así que hasta el momento, el éxito de Singer ha dado para dos secuelas más, un spin-off y la precuela que ahora nos ocupa.

“X-Men: First Class” nos acerca a la juventud del profesor Xavier (James McAvoy) y Eric Lensherr /Magneto (Michael Fassbender) antes de que estalle su rivalidad, cuando aún eran amigos y estaban descubriendo sus poderes; una época en la que colaboraron juntos, ayudados por otros mutantes para combatir la mayor amenaza que el mundo ha conocido.

Después del fallido intento -artístico, que no económico- de mostrar los orígenes de Lobezno en solitario, y viendo lo bien que le está yendo a Marvel adaptando los personajes de los que aún conserva los derechos, nos temíamos lo peor cuando la Fox anunció que seguiría explotando la franquicia X-Men, esta vez en forma de precuela y con un reparto formado prácticamente por adolescentes.

Sin embargo, tras el fichaje de Matthew Vaughn y, posteriormente, de un buen puñado de intérpretes más que solventes, los temores se fueron disipando. Luego llegaron los tráilers y el recelo mayoritario casi desapareció, aunque la promoción cartelística fuese de juzgado de guardia.

Ahora, con el estreno mundial de la película a la vuelta de la esquina, serán los espectadores quienes por fin podrán juzgar de primera mano si la espera ha valido la pena. Por mi parte, puedo constatar que el estudio ha logrado compensar los errores cometidos en el pasado entregando ahora un entretenimiento superheroico de calidad.

Nada más empezar la película nos damos cuenta que esta vez se han hecho bien los deberes, pues los primeros minutos conectan directamente con aquel primer film de Singer, situándose en plena II Guerra Mundial y mostrándonos a un jovencito Eric Lensherr justo en el momento en que es separado de su familia y hace uso de sus poderes ante la incrédula mirada del ejército nazi. Es más, diría que Vaughn ha rodado la secuencia plano por plano como lo hizo Singer en su momento (pero con otro niño actor haciendo de Erik, claro está)

Este inicio supone el primer apunte en el interés por mantener la continuidad respecto al resto de la saga, algo que con Lobezno no se hizo del todo bien, a mi entender.

Luego ya le toca el turno a unos jóvenes Profesor Xavier y Mística, los principales protagonistas junto a Magneto, de la trama que más tarde se desarrollará.

La historia se sitúa durante los años 60, en el punto álgido de la Guerra Fría, cuando las crecientes tensiones entre Estados Unidos y la Unión Soviética amenazaban a todo el planeta. En este contexto tenemos, por un lado, a Erik en busca de venganza tras las atrocidades sufridas en el pasado, cuando no era más que un niño; por el otro, tenemos a Xavier y su protegida Raven (Mística) uniéndose a la CIA para intervenir en una inminente amenaza que podría desencadenar la III Guerra Mundial.

En este punto es cuando, por primera vez, se dan a conocer los mutantes al resto del mundo. Y esto es precisamente lo que supondrá el principal conflicto entre ellos.

La crisis de los misiles de Cuba de 1962 sirve para introducir al villano de la trama encarnado por Kevin Bacon; un Sebastian Shaw que, sin contar sus poderes sobrehumanos, bien podría haber salido de alguna película de James Bond. Su pérfido plan pone en peligro a toda la humanidad en beneficio de la supervivencia y supremacía de los mutantes.


Erik y Xavier unen sus fuerzas –aunque por distintos intereses- para hacer frente a Shaw, y por ello reclutan a otros mutantes a los que entrenarán para que aprendan a controlar sus poderes.
A partir de ahí, se librará una batalla entre mutantes, con los humanos de por medio y con el peligro de una guerra asomando en el horizonte.

Uno de los grandes logros de “X-Men: Primera generación” es dedicar un especial interés a los debates internos de sus personajes, especialmente de Erik y Xavier.

Ambos son conscientes del peligro que supone para ellos el darse a conocer al resto de la humanidad. Pero mientras que uno, Erik, recela de los humanos, convencido de que cuando sepan de ellos les darán caza; el otro, Xavier, confía en su integridad y espera que éstos les acojan dentro de su sociedad, sobre todo después de prestar su ayuda en el conflicto de los misiles cubanos.

Pero ya se sabe que el hombre teme a lo desconocido, y que ese temor puede llegar a convertirse en odio. Y eso es lo que terminará quebrando la amistad entre Erik y Xavier. Ninguno está dispuesto a dar el brazo a torcer, y pronto los mutantes tendrán que decidir a qué bando desean pertenecer.

En ese sentido, existe otro detalle, el aspecto físico, que causará un dilema personal entre algunos personajes como Raven o Bestia, cuya monstruosa apariencia será todo un hándicap para llegar a aceptar su condición de mutante.

Por tanto, nos encontramos con una película muy interesante y consistente desde el guión, y que no sólo ofrece el espectáculo palomitero que uno espera de una producción de estas características, sino que reflexiona sobre cuestiones que bien podrían extrapolarse al mundo real, procurando dotar de humanidad y profundidad a sus personajes e incidiendo audazmente en sus conflictos internos. Ese es, probablemente, uno de los aspectos más destacables de la –pese a todo, previsible- historia, ya que propicia momentos ciertamente emocionantes gracias al notable grado de implicación que el espectador consigue tener con los protagonistas.

Los guionistas abordan la historia con seriedad y madurez, pero sin olvidar la necesidad –imperante en la saga- de ofrecer unas acertadas pinceladas de humor que, a diferencia de otras producciones similares, no caen en lo ridículo o lo bobalicón. Prueba de ello sería cierto cameo en concreto que muchos seguidores de la serie agradecerán; algunas puyitas o bromas entre los protagonistas o la actitud ligona de un joven Xavier que contrasta un poco con la formalidad con la que siempre le hemos visto en pantalla.

Pero además de los cameos, hay que estar atento también para detectar las referencias o guiños a otros personajes de la saga (SPOILER-- atención al momento en el que Xavier prueba la máquina que le ayuda a encontrar mutantes por todo el mundo; servidor llegó a distinguir a unos jovencísimos Tormenta y Cíclope -- FIN SPOILER)


En cuanto a la fidelidad con los cómics, eso ya es algo que escapa a mi conocimiento y que deberán juzgar los fans, pero imagino que la idea principal era ajustarse a lo ya establecido en las anteriores películas. Y supongo que en ese aspecto siempre habrá un grupo de puristas que se quejen, a veces con razón, a veces por puro placer (que si los trajes no son iguales, que si este actor es demasiado alto… en fin, nimiedades), pero creo que independientemente de eso, el resultado es muy satisfactorio.

La dirección de Vaughn es de lo más competente. Lejos de querer copiar el estilo de Singer, como hizo Brett Rattner, el británico se adapta a la franquicia dejando su impronta personal y demostrando que es un director con criterio y no un vulgar mercenario. Cabe destacar, en ese aspecto, momentos como la transformación de Bestia (vista desde el punto subjetivo del personaje) o cuando el pequeño Erik se encuentra cara a cara con Shaw en su peculiar despacho.

Las escenas de acción son atractivas y, lo que es mejor, perceptibles para el ojo humano; los efectos especiales resultan convincentes y el tono solemne y épico de la banda sonora le sienta como un guante.

Pero por encima de todo sobresale el elenco de actores encabezado por dos estupendos intérpretes, James McAvoy y Michael Fassbender. Los dos evitan emular a Patrick Stewart y a Ian McKellen, adueñándose de los personajes de Xavier y Magneto y haciéndolos suyos, pero manteniendo, eso sí, la misma química que sus predecesores.

A Kevin Bacon siempre se le ha dado muy bien hacer de malo, así que es otro gran acierto de casting (hablando alemán y todo), aunque luego Fassbender le robe algo de “protagonismo antagonista”.

Nicholas Hoult y Jennifer Lawrence destacan de entre el correcto reparto juvenil, y el resto de secundarios cumplen con su labor. Y ojo porque hay mucha cara conocida: Rose Byrne, Oliver Platt, Michael Ironside, Jason Flemyng, James Remar, Rade Serbedzija (que siempre hace de ruso), Matt Craven…

También está el español Alex González, pero no creo que nadie vaya a acordarse de su intervención, menos aún cuando lo único que hace en todo la película es agitar los brazos. Y es que, si hay algún defecto que acarrea del resto de entregas, es que los esbirros del villano son casi siempre meros títeres -con poco o nada de diálogo- que obedecen órdenes, sean quiénes sea quienes los encarnen (con Flemyng en el rol de Azazel se podría haber sacado mucho jugo…)

“X-Men: Primera generación” no sólo hará las delicias de los seguidores de la Patrulla X, sino de todos aquellos que busquen buen cine de entretenimiento; aquél que no antepone los efectos especiales y la acción a la historia y los personajes.

Si esto es el inicio de una nueva trilogía, lo cierto es que no podrían haber empezado con mejor pie. Y no estaría de más que Vaughn siguiera a los mandos de las secuelas, aunque también sería una lástima no poder aprovechar el talento de este director en otros géneros (a la vista de lo bien que lo ha hecho con el thriller –Layer Cake- o la fantasía –Stardust-)



Lo mejor: que no antepone la acción y los efectos especiales a la historia y los personajes; James McAvoy y Michael Fassbender.


Lo peor: la poca personalidad de los esbirros de Sebastian Shaw.


Valoración personal: Buena

martes, mayo 03, 2011

"Thor" (2011) - Kenneth Branagh

critica Thor 2011 Kenneth Branagh
Thor, creado por Jack Kirby y Stan Lee, es uno de los personajes más populares de Marvel, y uno de los pocos –de entre los más conocidos- que faltaba por llevar a la gran pantalla.

Su adaptación cinematográfica no ha sido una elección hecha al azar o considerando su popularidad, sino que forma parte del plan orquestado por Marvel para llevar a cabo su ambicioso proyecto de Los Vengadores (The Avengers), el cual supone la reunión de algunos de sus superhéroes más icónicos. Thor es, por tanto, una pieza más del rompecabezas que forman Iron Man, Hulk y el inminente Capitán América. Claro que, por separado, cada superhéroe puede tener también su correspondiente saga si la primera entrega funciona como es debido, cosa que ha ocurrido con el hombre de hierro, pero no con el gigante verde.

Thor, príncipe y heredero al trono de Asgard, desata con la osadía e imprudencia de sus actos una antigua guerra contra los Gigantes de Hielo. En consecuencia, es castigado por el Rey Odín, su padre, a ser enviado a la Tierra, donde se ve obligado a vivir entre humanos. Mientras Thor permanece desterrado, el más peligroso de sus enemigos tratará de conquistar su querido reino aprovechando la ayuda de un traidor de palacio.

Para todos aquellos ajenos a las viñetas originales, los guionistas se han encargado de ponernos en situación y explicarnos un poco de qué va esto de tener a un Dios nórdico en modo superhéroe para que luego no nos resulte demasiado chocante todo lo que veremos a continuación. Así pues, al inicio ya se nos explica quienes son todos estos dioses de brillantes y coloridas armaduras, cuál es su función en el universo, dónde se encuentra su reino, y porque unos grandullones con muy malas pulgas llamados los Gigantes de Hielo son sus enemigos (y también los nuestros)

Hechas las presentaciones, pasamos ya a la trama en sí y se nos muestra el reino de Asgard en la actualidad.

Lo que aún no la hayan visto se estarán preguntando sí la acción se desarrolla básicamente en la Tierra (conocida como Midgard para estos dioses) o vemos a Asgard en más de una ocasión. Y la respuesta es que los acontecimientos transcurren tanto en un mundo como en el otro (aunque del palacio de Odín apenas salimos)

Principalmente, seguimos a nuestro protagonista, así que contemplamos el destierro de Thor en la Tierra y cómo éste intenta adaptarse a un lugar y a unas costumbres que le son extrañas. Nadie aquí sabe de la existencia de otros mundos, y mucho menos que él es el príncipe de uno de ellos. Además, ha sido despojado de todas las cualidades y pertenencias que le hacen ser quien es, así que ya nada le diferencia del resto de los humanos.

Thor debe soportar la carga de haberse convertido en un paria, en un príncipe desterrado de su hogar justo cuando éste más le necesita.

Su suerte mejora cuando conoce a Jane Foster, una investigadora que está efectuando un trabajo de campo sobre unos inexplicables fenómenos en el cielo nocturno, y con la que el dios tropieza por accidente (y nunca mejor dicho) a su llegada a la Tierra. Ella y su equipo intentarán echarle una mano, sobre todo cuando una misteriosa agencia conocida como Shield se empiece a interesar por el recién llegado.

Mientras esto sucede en la Tierra, en Asgard existe la amenaza de la guerra contra los Gigantes de Hielo. Por otro lado, empiezan a desencadenarse ciertos conflictos en la familia real que ponen en peligro el trono, más ahora que su legítimo sucesor está ausente, y que su codicioso hermano ansía arrebatarle el puesto.


A grandes rasgos, la historia de la película recuerda un poco a la de las grandes tragedias griegas. Quizás por ello la elección de Kenneth Branagh como director, con su larga y fructífera trayectoría adaptando a Shakespeare, resultara más que adecuada. De todas formas, hay que decir que muy poco de aquél Branagh se intuye aquí.

“Thor” sigue a pies juntillas los patrones marcados por sus predecesores y, por tanto, no va más allá de ofrecer un lujoso y digitalizado espectáculo palomitero con el que satisfacer a todos los públicos y especialmente al fandom. Branagh ejerce su labor como si de cualquier otro “mercenario” contratado para tales menesteres se tratara, si bien su experiencia y valía como cineasta quizás haya evitado que la historia sucumba a un abuso de pirotecnia, como ha ocurrido muchas otras veces. De ahí que en ese sentido podamos decir que existe un buen equilibrio en trama y acción, entre diálogos y efectos.

Precisamente en términos de acción quizás observemos menos pericia –o más inexperiencia- por parte del británico, ya que las escenas de acción, aunque vistosas (CGI mediante), no son especialmente llamativas o lo espectaculares que uno desearía. No más de lo habitual, que digamos, o al menos no lo suficiente como para que las acojamos con ferviente entusiasmo y a la salida del cine nuestro cerebro las haya retenido en su memoria. Hay que indicar también que estos momentos alcanzan su cénit al principio y al final de la película, mientras que en el transcurso de la misma hay un cierto relax destinado sobre todo a desarrollar los conflictos -personales y familiares- de sus protagonistas (un punto a su favor, dicho sea de paso, aunque la evolución de Thor resulte, cuanto menos, forzada) y también en centrarse en los superficiales y poco convincentes escarceos amorosos de Thor y Jane (un punto en contra)

El relato se vuelve más contundente y, en cierto modo, épico, cuando más y mejor se desarrolla la historia entre Thor, su hermano Loki y su padre. En cambio, se resiente cuando se centra en la vida de Thor en la Tierra. Y esto ocurre debido en parte a la presencia de la corporación SHIELD, la cual se siente más útil como antesala a lo que veremos en Los Vengadores que como elemento fundamental de la historia que se maneja en la película.

Que Marvel esté unificando todos sus personajes es un acierto que puede también convertirse en un lastre, como bien ocurrió con Iron Man 2", donde el exceso de personajes y subtramas provocaba, entre otras cosas, que la película pareciera más una precuela de la futura Los Vengadores que una verdadera continuación de su predecesora. Thor consigue no sucumbir ante ello, pero esas ligaduras le pasan cierta factura.

De lo que podemos estar satisfechos es del reparto, ya que Chris Hemsworth se erige como una más que satisfactorio dios del trueno. El actor se sometió a un duro entrenamiento para dar físicamente la talla, pero además cumple también con lo que se le pide al héroe de toda aventura, y es que tenga el suficiente carisma como para que se gane nuestra simpatía incluso cuando se nos presenta como un arrogante principito. Hemsworth no es sólo una cara bonita, y eso se agradece.

Su némesis, Loki, es un villano del que se intuye un enorme potencial, pero que aquí no se ha podido explotar debidamente.


Todo lo que a Tom Hiddleston le falta de presencia (no es un actor que, en apariencia, intimide demasiado o se sienta verdaderamente peligroso o amenazador en la piel de Loki), lo compensa con sus dotes interpretativas, conformando un personaje ambiguo que en manos de otro bien pudiera haber caído en el histrionismo (a los convincentes momentos dramáticos me remito)

Portman tan competente y maja como siempre para un papel un tanto anodino y carente de interés.

En cuanto al resto de secundarios, la mayoría quedan en un segundo plano. Y eso incluye al propio Odín (un Anthony Hopkins poco aprovechado) como a los compañeros de batalla de Thor (una especie de risueños mosqueteros), que podrían haber dado más de sí y se quedan en nada. Rene Russo como Frigga, la esposa de Odín, o Kat Dennings como la amiga friki de Jane/Portman, están ahí más que nada para hacer bulto. Idris Elba mola como Heimdall, pero tampoco hace gran cosa más que sujetar una gran espada. Y el bueno de Stellan Skarsgard parece que ganará protagonismo en un futuro.

La acertada banda sonora de Patrick Doyle va acorde con la temática (el leitmotiv es bastante bueno) y los efectos especiales están conseguidos la mayor parte del tiempo (los Gigantes de Hielo cantan demasiado, pero la oscuridad imperante en sus secuencias ya se encarga de disimularlo) La estética kitsch y colorista de los dioses de Asgard -con sus armaduras de PVC- gustará más a unos que a otros. En mi opinión, es un tanto hortera, pero uno termina acostumbrándose, y en lo que a escenarios se refiere, gana enteros gracias a su majestuosidad.

Branagh consigue, con este trabajo de encargo, rodar con solvencia una película que no se desvía de los parámetros establecidos en este tipo de producciones. De hecho, personalizarla o llevarla demasiado a su terreno (como hizo Ang Lee con Hulk) podría haber roto esa homogeneidad que Marvel tan laboriosamente está tejiendo. Pero también se percibe muy poco riesgo; una clara tendencia a ofrecer un producto de fácil y rápida digestión.

Así pues, funciona como mero entretenimiento aunque no levante pasiones, y también como carta de presentación de Thor y su universo para la futura Los Vengadores. No hay nada realmente malo o negativo en ella, pero tampoco nada remarcable. Posee ese -quizás excesivo- humor tontorrón deudor de "Iron Man", pero no es mejor que aquella (sí que su secuela). Es más, puestos a comparar, se ve superada con creces tanto por el film de Favreau como por el de Leterrier (a gusto de un servidor, claro)

En temas de fidelidad ya no puedo opinar, pues jamás he tenido el gusto de leer un cómic del personaje, pero me consta (por opiniones ajenas) que este tema ha sido bien llevado y que los fans disfrutarán de los diversos guiños (y cameos) referentes al mundillo marvelita.

P.D.: Fans del 3D, no malgastéis vuestro dinero. El efecto estereoscópico es prácticamente imperceptible.

P.D.2: Si tenéis opción, elegid la V.O.S. El doblaje de Thor, Sif y Hogun es denunciable. Y no tiene perdón que en un pase de prensa nos la “metieran doblada”.


Lo mejor: lo que acontece en Asgard.

Lo peor: lo que acontece en la Tierra.


Valoración personal: Correcta