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jueves, marzo 12, 2009

"Underworld: La rebelión de los licántropos", vampiros Vs. licántropos


Allá por el 2003, llegó a nuestras pantallas “Underworld”, una película dirigida e ideada por el debutante Len Wiseman. Al frente de la cinta teníamos a todo un bellezón, Kate Beckinsale, compartiendo pantalla, entre otros, con su pareja de aquél momento, Michael Sheen (dato amarillista: más tarde rompieron y la actriz se casó con el propio Wiseman)
La película narraba la eterna lucha entre dos monstruosas razas, los vampiros y los licántropos. Con una estética deudora de Matrix y Blade, e influenciada –según tengo entendido- por un popular juego de rol, la película de Wiseman pegó fuerte en las carteleras, ganando tanto admiradores como detractores.

Su éxito propició la realización de una secuela titulada “Underworld: Evolution”, con mismos protagonistas y mismo director, aunque esta vez los resultados en cuanto a calidad se refiere, fueron tremendamente inferiores.

Desde un buen principio, Wiseman planteó Underworld como una trilogía, y teniendo en cuenta su aceptación entre un sector del público, no es de extrañar que su propósito se haya visto cumplido. Así es como ahora, seis años más tarde, y de la mano del encargado de los fx de las dos anteriores, Patrick Tatopoulos, nos llega la tercera entrega. Y lo hace a modo de precuela, para relatarnos los hechos que transcurren antes de sus predecesoras, y así contarnos de forma extensa el por qué de esa rivalidad entre las dos razas.

Underworld: Rise of the Lycans
se sitúa varios siglos atrás en el tiempo, en una época en la que los aristocráticos vampiros tienen a los hombres lobo esclavizados a su antojo. Para los primeros, los licántropos no son más que animales, una raza inferior que no merece tener derechos, y que debe obedecer los designios de una raza más inteligente y poderosa, la suya.

Viktor (Bill Nighy), mandamás del clan vampírico, tiene bajo su protección a Lucian (Michael Sheen), el primero de una raza de licántropos que pueden vivir como humanos y transformarse en bestia cuando lo deseen. Lucian siempre ha seguido las órdenes de Viktor sin poner objeciones, pero a esa vida de resignada esclavitud le quedan pocos días. Su amor por Sonja (Rhona Mitra) la hija de Viktor, será el desencadenante de una guerra entre ambas razas que se extenderá a lo largo de los siglos, y que aún a día de hoy perdura.

Como no podía ser de otra forma, en esta tercera entrega repiten varios de los protagonistas de las otras dos películas, si bien es inevitable que otros, por el tipo de historia que se relata, no tengan cabida en ella. Entre los que sí están, destacaríamos básicamente a Bill Nighy, interpretando de nuevo a Viktor, a Steven Mackintosh como Tannis, su mano derecha; y a Michael Sheen como Lucian, el rebelde licántropo. Beckinsale no repite su papel de Selene, puesto que su personaje aún no existe en esta historia, así que el papel femenino esta vez recae en Rhona Mitra, que interpreta Sonja , hija de Viktor y amante de Lucian.


Lo que se nos relata en esta precuela es el inicio de la rivalidad entre las dos razas, algo que ya pudimos ver y conocer, a modo de flashbacks, en la primera Underworld. Por tanto, esto no es más que una versión extendida de aquello, haciendo hincapié en la imposible relación amorosa entre un licántropo, Lucian, y una vampiresa, Sonja, muy al estilo del Romeo y Julieta de Shakespeare.

Si bien la primera intención de Lucian es huir de sus captores, la muerte de su amada en manos de su propio padre, será lo que le obligue a liderar a su raza en una lucha contra los vampiros, buscando así la venganza y la libertad que le corresponde.

Uno de los mayores alicientes de esta nueva entrega es su enclave geográfico y la época en la que se desarrolla la historia. Fortalezas medievales y densos y oscuros bosques son los testigos de la primera batalla entre vampiros y hombres-lobo. Atrás quedaron las pistolitas y el cuero negro; ahora lo que se lleva son brillantes armaduras y afiladas espadas. Esto permite ofrecer unas peleas cuerpo a cuerpo mucho más violentas y sangrientas, si bien tampoco es que el director se luzca demasiado en ese campo. Los enfrentamientos son correctitos pero no muy destacables, con su poco de cámara lenta, sus saltos kilométricos y sus efectos especiales de bajo presupuesto, disimulados muy acertadamente por una oscuridad permanente a lo largo de casi toda la película. Difícilmente termines el visionado y alguna secuencia de acción de las aquí vistas se te quede marcada en la retina.

El diseño de las citadas armaduras, de las salas de la fortaleza o de objetos varios como espadas y demás, está muy conseguido, y en general otorgan a la película un aire tenebroso y místico realmente efectivo. Por tanto, en cuanto a ambientación se refiere, nada que objetar. Eso sí, el aspecto y caracterización de los hombres-lobo sigue sin convencerme desde la primera entrega.

Tatopoulos y su equipo han procurado darle al film un toque romántico/dramático que pueda acompañar a la acción sin que ésta se eche en falta. Lamentablemente y pese a la encomiable labor de Sheen, que resuelve con oficio su papel, la historia entre Lucian y Sonja no entusiasma ni emociona demasiado, quizás porque observamos esa relación cuando ya está en las últimas, restando así cualquier tipo implicación por parte del espectador (además de mostrar más sexo que amor)
De todas formas, no es una carencia que moleste demasiado para los que sólo busquen pasar el rato, ya que no deja de ser el macguffin que desencadena el tan deseado combate entre las dos mortíferas razas. Pero es evidente que esa falta de emoción es la que deja al film en un entretenimiento liviano y poco más.

Por tanto, Underworld: La rebelión de los licántropos gustará seguramente a los fans acérrimos de la saga, pues sigue teniendo los mismos alicientes que sus predecesoras: vampiros enfrentándose a feroces hombres-lobo, mucha acción y mucho miembro cercenado. A los que no les gustó ninguna de las anteriores, esta tercera mejor que se la ahorren. A título personal, considero que es mucho mejor que la roñosa segunda parte, aunque no está a la altura de la primera. Una cinta entretenida que incluso se hace corta, pero a la que la falta garra para ser lo épica que debió haber sido.


Lo mejor: la ambientación; Michael Sheen.

Lo peor: no tiene garra ni emoción.


Valoración personal: Correcta

domingo, febrero 10, 2008

“30 días de oscuridad”, la noche más larga

Tras sorprendernos a muchos con “Hard Candy”, su notable debut en la dirección, David Slade ha regresado a nuestras pantallas adaptando la novela gráfica “30 días de noche”.

Del terror psicológico de su ópera prima el director pasa al terror más visceral, con una historia de vampiros sedientos de sangre que atacan a los habitantes de Barrow, un pequeño pueblo de Alaska que a lo largo de 30 días permanece en la más absoluta oscuridad. Precisamente por esa condición de permanente nocturnidad se dan las condiciones idóneas para que los temibles vampiros asolen el pueblo en un periquete.

A esta dificil situación harán frente el poco más de un centenar de habitantes que quedan en el pueblo -el resto lo ha abandonado mientras duran esos 30 días-, que se encontrarán casi indefensos debido a la brutalidad y rapidez de los asaltantes.


Para empezar, debemos destacar que el tipo de vampiros que nos encontramos aquí difiere notablemente del vampiro clásico, aquél de elegante presencia y gustos refinados. Tampoco es el vampiro techno-maquinero con gafitas de sol y cazadora de cuero que tanto se ha prodigado en estos últimos años.

El vampiro de “30 días de noche” es un ser más primitivo, un salvaje y astuto depredador.
Tiene rasgos característicos del mito vampírico, como su tez pálida y su debilidad ante la luz, pero en vez de un buen par de afilados colmillos, éste posee toda una afilada dentadura -que recuerda a la del jinete sin cabeza de Sleepy Hollow- perfecta para despedazar a sus víctimas.


La primera parte del film supone el asedio al pueblo. Se nos muestra poco a poco el plan trazado para incomunicar a los habitantes y como éstos se inquietan cada vez más .
Se nos presenta a los personajes principales, entre los que destacan el sheriff Eben (Josh Hartnett) y su esposa Stella (Melissa George), que están a punto de finiquitar su matrimonio por temas personales. Y si hay algo que ya nos olemos a leguas antes que suceda es que ante una situación tan extrema como la que les ocupa, estos dos aparcarán sus diferencias y harán las paces como toda buena pareja en momentos difíciles.

Tras este preámbulo, lo que viene luego es la esperada masacre perpetrada por los vampiros, en la que la sangre corre a borbotones estucando el blanco manto de nieve que cubre el pueblo. Cuerpos atravesando ventanas, pueblerinos agotando la munición de sus rifles y vampiros despedazando cuellos es lo que el espectador puede contemplar y disfrutar durante estos sangrientos minutos.

A partir de ahí el resto de la película correspondrá a mostrarnos la cruda situación que padecen los pocos supervivientes que quedan después del ataque. Estos se esconderán de los atacantes e intentarán mantenerse con vida soportando las bajas temperaturas a las que están sometidos y abasteciéndose con las pocas provisiones que les quedan. Su misión: aguantar hasta que pasen los 30 días de noche sin que les descubran los hambrientos cazadores.


Francamente, la idea argumental es buena pero los resultados no son del todo satisfactorios. Se le podría haber sacado mucho jugo, pero un guión y un montaje un tanto torpes lo imposiblita.

Por un lado tenemos unas excesivas dos horas de película que se antojan largas y pesadas para el tipo de género que es y para lo simplona que resulta la trama. A la mitad hay un bajón considerable del que sólo se recupera llegados los minutos finales.

El transcurso de los días ocurre muy de sopetón. Del día uno se pasa al 7, de éste al ¿27?, todo con demasiada rapidez. Eso hace que la tensión de estos momentos se diluya. No existe sensación de agobio y claustrofobia, algo básico cuando tenemos a un grupo de personas asediadas en un espacio limitado (véase Abierto hasta el amanecer o La Cosa de John Carpenter)
A nivel espacial, desconocemos bastante la localización de los lugares y de los propios protagonistas. Aparecen en un sitio y luego en otro muy a trompicones, como si hubieran recortado metraje en postproducción.

Otro punto en contra es que el peso de la película recaiga casi exclusivamente en Josh Hartnnett. El actor se desenvuelve bastante bien en films de terror (y en la estupenda “El Caso Slevin”), pero su falta de carisma ( y a veces de expresividad) suponen un pequeño lastre difícil de superar. Tampoco ayuda que el resto del reparto tenga más bien poca relevancia, exceptuando a Melissa George, muy correcta en su papel, y a Mark Boone Junior, al que se le podría haber dado más cancha, pues es de los pocos supervivientes que resulta interesante (el resto poco nos importa si la diñan o no)


Opino también que a la masacre inicial se podría haber sacado mayor partido, sobretodo dándole más minutos y más primeros planos (aunque los planos generales y uno cenital estan muy bien rodados, que conste) teniendo en cuenta que en el pueblo hay 152 personas, que no son pocas, y los asaltantes tan sólo una minoria.

Luego el final me parece un tanto absurdo. La decisión que toma el protagonista no está del todo justificada, pudiendo hacer lo mismo que hace --SPOILER sin convertirse en uno de ellos. Claro que entonces el enfrentamiento final con el malo maloso no sería tan intenso (más bien hubiera sido una paliza del malo al bueno) FIN SPOILER--
Por no hablar de la escenita final frente a la puesta de sol, totalmente prescindible (salga o no en la novela)


En el lado positivo tenemos una ambientación muy lograda, jugando con el contraste de blancos, negros y el rojo de la sangre. El pueblo es un personaje más de la historia y las condiciones climatológicas intensifican la sensación de amenaza que atañe a los protagonistas.

Los vampiros son verdaderos monstruos que no tienen piedad alguna. Matan y despedazan a sus víctimas sin contemplaciones. Son una especie (con lengua propia y todo) que lleva siglos subsistiendo a escondidas del ser humano. Arrasan pueblos sin dejar pistas de su presencia para así permanecer ocultos y seguir siendo considerados meros personajes de mitos y leyendas.

Las secuencias de acción están bien realizadas y el gratificante gore se encuentra en la medida justa y bien dosificado a lo largo de la película.


Haciendo balance de lo bueno y lo malo, podemos concluir en que la película de Slade es un eficiente entretenimiento a ratos. Como película de vampiros es lo más digno que un servidor ha visto en años, pero podria haber dado mucho más de sí. Se queda en un quiero y no puedo.

De todas formas y pese a ser inferior a su primera película, David Slade me sigue pareciendo un nombre a tener en cuenta dentro del género. Esperemos que su próximo proyecto sea redondo.


Lo mejor: los vampiros; los primeros 40 minutos.

Lo peor: el bajón hacia la mitat; un protagonista sin carisma.


Valoración personal: Correcta

lunes, enero 21, 2008

“La Criatura Perfecta” una nueva raza

Esta coproducción anglo-neozelandesa es una nueva vuelta de tuerca al tema vampírico, y en ella se mezclan las constantes de este (maltratado) subgénero junto con elementos de ciencia-ficción.

Nos encontramos ante unos hipotéticos años 60 -con el aspecto de los años 30- en el que humanos y vampiros conviven en pefecta armonía. Pero esta armonía corre el peligro de quebrarse cuando uno de estos vampiros empieza a matar humanos indiscriminadamente.
Para capturarlo, una brigada de policía humana contará con la ayuda de un vampiro que conoce a la bestia perfectamente, pues no es otro que su hermano.


La premisa es original y atractiva, especialmente lo primero teniendo en cuenta que surge de la mente de su guionista y director Glenn Standring y no de un libro, cómic o videojuego, como suele ser habitual.

En esto mundo creado por Standring los vampiros son el resultado de los experimentos de un alquimista del siglo XV que pretendía erradicar la peste y otras enfermedades de la época. La alteración en el ADN humano da origen a esta nueva raza de seres que, además, traerán la cura a la humanidad. Pero para evitar que algunos humanos incrédulos los aniquilen, el alquimista decide crear una especie de Hermandad en la que estos puedan vivir en paz.

Pasados 300 años, momento en el que se desarrolla la historia “La criatura perfecta”, los humanos y los vampiros han aprendido a convivir juntos, ayudándose mutuamente. Los primeros proporcionan el alimento necesario para que los segundos puedan subsistir, es decir, sangre; y éstos les ayudan a erradicar las enfermadades. Precisamente, para que no surgan nuevos brotes o nuevos virus, se prohibe toda experimentación genética.

Sin embargo, ese resistente equilibrio se ve amenazado cuando un hermano -así se denomina a los vampiros- empieza a cazar humanos sin razón alguna. Su nombre es Edgard y sus motivaciones no son otras que crear una nueva raza de vampiros que someta a la raza humana.


Edgard experimentaba en secreto con ADN para que su raza puediera procrear de nuevo, pues en estos últimos 300 años no ha nacido ningún vampiro más. En vez de eso, lo único que consigue es crear una nueva mutación que convierte al vampiro en una bestia ávida de sangre. Edgard es, además, el portador de este nuevo virus y no dudará en espacirlo por toda la ciudad.

Su hermano Silus (Dougray Scott), un respetado miembro de la Hermandad, intentará darle caza en solitario, pero tras los nulos resultados, finalmente colaborará con la policía, intentando ambos mantener en secreto la misión para que no cunda el pánico y no se rompa la tregua entre ambas razas.

Entre los miembros de la policía destaca Lilly (Saffron Burrows), que entablará una relación especial con Silus.


Lo más destacable de esta particular cinta es, pese al aparentemente limitado presupuesto, su ambientación. Ese aire retro-futurista (muy similar a ese joya que es “Dark City”) con un toque sombrío y decandente (al estilo “Blade Runner”) dotan a la película de un halo misterioso que se adhiere perfectamente a la historia que se nos cuenta.
El problema es que dicha historia, por muy interesante que nos pueda resultar, va perdiendo fuelle a medida que avanza la trama y eso es problema de un guión poco consistente, que además dota a los personajes de una frialdad que aleja al espectador de cualquier posible empatía con ellos.

Todo se desarrolla como a trompicones, como si a la película le faltara metraje desechado en alguna sala de montaje. Tampoco ayuda que el director no sepa imprimirle algo más de ritmo y unidad al asunto.
Sobre lo primero, podemos decir que la película se hace un tanto lenta y empalagosa, pese a que no dura más de hora y media. Y en lo segundo, parece que Standring no acaba de decidirse por un tipo de filmación en concreto, ya que pasa de secuencias hiperveloces a otras a cámara lenta tipo “Matrix”, como lo del tiempo bala que tan de moda puso la cinta de los Wachowski (aunque ya aparecía en la citada “Dark City”, película de la cuál los hermanitos copiaron muchísimo)


Aunque haya coherencia en los acontecimientos y tiempo suficiente para poder desarrollarlos (tampoco es que sea muy complicada la trama), algunos temas quedan un tanto descolgados.
Los sentimientos de Silus hacia Lilly tienen un peso importante, pero no están lo suficientemente bien explicados como para que podamos comprender las acciones y reacciones de los personajes. Por decirlo de otra manera, el amor y la correspondencia del mismo se me antojan muy repentinos y funcionan más como macguffin que no otra cosa, es decir, una manera de propiciar y justificar los posteriores actos del enemigo de turno.

Las escenas de acción también están rodadas con muy poco brío y por momentos hasta torpes (la pelea final entre Silus y Edgard no podría ser menos insatisfactoria)

Tampoco las interpretaciones del reparto ayudan demasiado ya que parece que no estén muy por la labor.

Saffron Barrows no está muy inspirada y eso impide cogerle cariño, algo básico si va a ser la protagonista y nuestra heroína.

Dougray Scott se muestra hierático durante toda la película, algo ya habitual en el actor, pero que aquí se acentua hasta el extremo. Desde luego, su personaje pedía una mayor expresividad para dotarlo de esa humanidad que el guión clama a gritos pero que Scott no transmite ni a ostias.

Ni Leo Gregory como loco vampiro cuativa en exceso. Al principio promete bastante, pero luego su aura maligna se diluye como gotas de agua en un charco de sangre.

Quizás el más apañado sea Scott Wills, el compañero de Lilly. Aunque su personaje está más visto que el tebeo, por lo menos el actor le da cierta credibilidad.


Si cogiésemos una coctelera y mezclaramos en ella un poco “Underworld”, “Van Helsing”, “Ultravioleta” y “Matrix”, tendriamos como resultado “La criatura perfecta”, una película interesante pero fallida, en donde su director presta más atención a lo visual que a lo argumental y cuyos personajes no calan en el espectador.

De todas formas, es muy probable que encuentre entre el público un pequeño séquito de fans que la encumbren al estatus de obra de culto, por aquello de estrenarse con retraso (se supone que es del 2004 y no del 2006), pasar desapercibida en taquilla y aportar una idea fresca a un tema -el de los vampiros- que en estos últimos años no ha dado más que bodrios del calibre de “Blade Trinity”, “Van Helsing” o la infecta “Drácula 2001”.


Aunque finalmente no sea una película lograda, tampoco se puede decir que sea un bodrio ni que su visionado suponga una pérdida de tiempo absoluta, o almenos no lo ha sido para un servidor.
La verdad es que la historia prometía y quizás con otro reparto y un director más competente hubieramos tenido una buena película de vampiros, que falta nos hace (a la espera estoy que llegue “30 días de oscuridad”...)

Por el momento queda como una curiosidad entre tanto remake, secuela y refrito de historias ya conocidas y mil veces vistas. A falta de originalidad en Hollywood, bienvenido sea un poco de aire fresco en la cartelera, aunque sea más una peli de videoclub y aunque luego los resultados no sean del todo satisfactorios (peor hubiera sido con Uwe Boll tras la cámara)


Lo mejor: una historia atractiva; la ambientación.

Lo peor: un ritmo torpe; el reparto (especialmente Dougray Scott)


Valoración personal: Regular

domingo, diciembre 23, 2007

“Soy leyenda” combatiendo la soledad

El director de la correctita “Constantine” -adaptación del cómic Hellblazer- ha sido el encargado de realizar una nueva adaptación de la novela “Soy leyenda”, escrita en el año 1954 por el fascinante escritor Richard Matheson.
Existen otras dos versiones de la misma, una de 1964 con Vincent Price de protagonista y la otra de 1971 con el pétreo Charlton Heston rifle en mano (algo con lo que seguro disfrutaba plenamente xD) . En mi blog “Amazing Movies” teneis un breve apunte sobre el tema, por lo que no me extenderé más aquí.


Por este proyecto han pasado directores como James Cameron, Guillermo Del Toro o Ridley Scott, este último con muchas posibilidades de llevarse el gato al agua con Schwarzenegger de protagonista, aunque por motivos presupuestarios el proyecto se acabó abandonando.
Años más tarde se le dió un nuevo empuje contando ya con la presencia de Will Smith, pero dirigiendo Michael Bay (sic). Por suerte, tampoco se llevó a cabo.

Hoy ya es una realidad. Y tras unos, por fortuna, escuetos trailers, debo decir que las expectativas -siempre un arma de doble filo- estaban muy altas. Eso quizás haya influido en mi valoración final, que no es tan positiva como esperaba. No en vano, pienso que estamos ante una cinta digna de ser considerada de lo mejorcito del año, lo cual ya es decir mucho dadas las abundantes decepciones sufridas (almenos por mi parte)


Lo primero que me ha soprendido gratamente es el hecho de no encontrarme ante un blockbuster repleto de escenas de acción y pirotecnia para lucimiento de su estrella protagonista, algo que sí era la versión del 71 con Heston. Versión, por cierto, con la que comparte ciertos rasgos, quizás demasiados como para considerar ésta una nueva adaptación y no un remake.

Por otro lado, y pese a las licencias que se haya tomado a la hora de adaptar la novela, hay que decir que sí conserva el espíritu de esa, y que por lo menos se toma la delicadeza de mostrarnos la psique del protagonista y profundizar en esa sensación de soledad e impotencia que le invade.

El cine y la literatura son lenguajes muy distintos, y siempre es dificil mantener la fidelidad para con la obra adaptada. Para bien y/o para mal, siempre se toman ciertas libertades, pues la traslación de un medio a otro no tiene por que ser literal al 100%, siempre que por el camino no se deje lo más importante: el alma del libro. Respetando unas bases, uno puede disfrutar con lo que le ofrecen ambos formatos, aunque las decepciones se cuentan por mayoría.


Como ya sabreis, la película cuenta la historia de Robert Neville (Will Smith), el último hombre vivo sobre la faz de la tierra tras una pandemia bactereológica que ha devastado el planeta y que ha convertido a la raza humana en una especie de zombies nocturnos deseosos de sangre (los aquí llamados “cazadores de sombras”)
Neville, un brillante científico, es inmune al virus y por tanto, un superviviente de la catástrofe. Transcurre el día a día sobreviviendo en las desiertas calles de Nueva York, ante el acecho constante de los infectados. Su única compañía es una estimable pastor alemán a la que cuida con esmero y cariño.
El día sirve a Neville para desplazarse por la ciudad en busca de provisiones, para investigar las zonas donde abundan los infectados y también para tratar de encontrar una cura para el virus usando su propia sangre.
La noche es todo lo contrario. Los infectados salen de sus escondrijos en busca de sangre fresca y Neville se refugia en su casa, acondicionada a modo de bunker para evitar que esas sanguijuelas penetren en ella.


La primera hora de la película es prodigiosa; un extenso prólogo que Lawrence maneja con acierto evitando el bostezo del espectador.
Se nos muestra al protagonista en su rutina díaria, lo que nos permite conocer sus virtudes, sus defectos, sus temores, sus esperanzas, etc. Eso nos permite empatizar con él, de manera que la angustia que éste siente, se transmite con facilidad en nosotros, los observadores. Además, la visión de la desierta y desoladora ciudad de Nueva York enfatiza aún más esa agobiante soledad que el personaje sufre.
Es también de agradecer ciertos toques de humor que nos ayudan a sobrellevar el ritmo pausado (que no pesado) de la película. Además, Lawrence se permite introducir algunos quiños para nuestra complicidad, aunque esta vez encaminados a un sector del público más amplio y no tanto al cinéfilo, como suele ser costumbre.
Algunos de esos guiños son más sútiles que otros. Precisamente los que no lo son, a veces resultan demasiado reiterativos, con lo que, si bien no molestan, si se me antojan prescindibles (especialmente lo de Shrek)

En última instancia, también aparece metida con calzador la filosofía de Bob Marley, que sinceramente carece de importancia, ya que la historia es suficientemente potente como para valerse por sí misma sin necesidad de añadidos extras. Eso sí, su música (la de Bob Marley) ameniza la velada con un buen rollito muy en contraposición con el ambiente apocalíptico de la cinta, lo cual es bastante simpático.

A lo largo del film, Lawrence utiliza el explotado recurso de los flashbacks para contarnos el pasado de nuestro protagonista y también para explicarnos el origen de la pandemia. Estos flashbacks, a modo de recuerdos de Neville, están tratados con bastante cuidado, espaciados en el tiempo y no son muy extensos, por lo que no se hacen pesados y fluyen bien con el resto de la historia.


La segunda parte de la película, aproxidamanete su media hora final, sigue ya un poco los convencionalismos del cine comercial, aunque tampoco en exceso, como cabría esperar. Vamos, que no estamos ante un “Resident Evil”, así que los que esperen ver a Smith acribillando a infectados a diestro y siniestro se van a llevar un tremendo chasco. La película de Lawrence es más cercana a la reciente “28 Semanas Despúes” que a la saga de la Jovivich (gracias a Dios)

El final es quizás un tanto apresurado y se apoya en los cánones del blockbuster, con lo que aún respetando el final de la novela de Matheson, la forma es bien distinta. Tampoco tengo nada que objetar al respeto, pero a mi parecer, se pierde impacto emotivo en favor de impacto visual (cosas de Hollywood)

Algo que parece ser tema de discusión son los efectos especiales del film, particularmente en lo que se refiere a los infectados.
Habiéndose estrenado este año cintas como “Transformers” o la secuela los Piratas del Caribe, ambas con FX increíbles (con alto presupuesto, claro), pues la verdad es que el CGI de “Soy leyenda” deja bastante que desear, algo raro siendo obra del sr. Patrick Tatopoulos, responsable de dar vida a los robots de “Yo, Robot” o a los aliens de “Independece Day”, por citar dos de Smith. Más grave si lo comparamos con uno de sus más recientes creaciones, “Silent Hill”.

Si bien yo hubiera optado más por seguir la linea de “The Descent”, es decir, maquillar a actores que hagan de monstruitos. Para un servidor, no hay nada que dé más mal rollo que un buen maquillaje, antes que un ser creado por ordenador.
Esta especie de Gollums de metro ochenta que aparecen en la película restan credibilidad a muchas secuencias, que no son lo terroríficas que debieran ser. Quizás me tachen de chapado a la antigua, pero prefiero a alguien o algo (animatronic, muñeco) que físicamente esté ahí -si la técnica lo permite- antes que unos seres (no del todo bien) digitalizados. Por lo menos, para las escenas cuerpo a cuerpo hubiera quedado muchísimo mejor.


Personalmente puedo pasar por alto el tema del CGI, pues más molesto y anticlimático me resulta esa especie de panfleto religioso que hace acto de presencia en el tramo final (SPOILER -justo cuando aparecen los otros supervivientes- FIN SPOILER).
En la versión de Heston estaba mucho más potenciado que aquí, pero igualmente sobra porque rompe un poco el carácter científico que imponía la cinta. Vamos, que de habérselo ahorrado, pues mucho mejor.

La personalidad y carisma de Smith son suficientes para soportar el peso de la película, de hecho SPOILER – la introducción de los citados nuevos personajes son los que debilitan la historia, que aunque ya estaban en la novela, aquí están mal metidos y mofidicados, si la memoria no me falla– FIN SPOILER.

Smith es un actor que ha evolucionado considerablemente y que se ha convertido en una gran baza comercial. Sus indiscutibles cualidades interpretativas y el ganado favor de crítica y público le permiten compaginar películas con vistas comerciales con películas más personales, algunas de las cuales le han reportado una nominación al Oscar, como por ejemplo “Ali” de Michael Mann, película que supuso todo en reto a nivel físico (ganó 20 kilos de peso para el papel) como mental.
Atrás queda en el tiempo el televisivo Príncipe de Bel-Air que algunos aún pretenen hacernos recordar sólo para desmerecer el trabajo del actor.


Concluyendo. Nos encontramos con un más que decente film que no alcanza el calificativo de películón porque el guión no da más de sí. Partiendo de la novela que parte, la verdad es que podría haber sido mucho mejor de lo que es, así que al final me queda esa ligera sensación de insatisfacción.

A los que esperen acción a raudales, les aviso que no van por ahí los tiros. Aunque sujeto a la condición de blockbuster, “Soy leyenda” es más un película de ciencia-ficción apocalíptica con tintes dramáticos (y terror ligero), que no un vehículo para la espectacularidad y los fuegos aritificiales gratuitos del amigo Smith. Iendo avisados, es posible que la película guste más.



Lo mejor: la hora inicial; Will Smith, “Sam” la pastor alemán (que creo que son dos perros diferentes)

Lo peor: el halo religioso del final; el conglomerado de guiños; el CGI de los infectados


Valoración: Correcta