Mostrando entradas con la etiqueta Terror. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Terror. Mostrar todas las entradas

sábado, agosto 04, 2012

"Prometheus" (2012) - Ridley Scott

Crítica Prometheus 2012 Ridley Scott
El último trabajo de Ridley Scott ha sido uno de los proyectos que más han mareado la perdiz para desconcierto de los cinéfilos, aunque también de los que han causado más revuelo. 

El regreso del director a la ciencia-ficción, género en el que ha logrado dos de sus obras cumbres y más idolatradas, “Alien” y “Blade Runner”, fue una noticia que recibimos con los brazos abiertos. Ahora bien, nada hacía sospechar que aquello fuera a estar relacionado directamente con un retorno a la franquicia “Alien”. Es más, Scott llevaba tiempo detrás de la adaptación de ‘La guerra interminable’ (The Forever War, 1974), la fantástica (y cruda) novela de Joe Haldeman, por lo que no había necesidad alguna de rebuscar en el baúl de los recuerdos si lo que pretendía era tener una excusa para volver al espacio exterior.

Pero desde el nacimiento del proyecto hasta ahora, la red se ha inundado de rumores y desmentidos para parar un tren, algo que no ha hecho sino aumentar el hype hasta niveles francamente desproporcionados. En principio, las pretensiones partían de la idea de realizar una precuela para relatarnos los orígenes del space jockey, personaje mitificado por su breve y enigmática aparición en la primera película de la saga. Pero a medida que se avanzaba en la escritura del guión, Scott y se equipo se dieron cuenta que tenían algo más grande entre manos, y no tardaron en corregir la dirección del proyecto para crear una obra totalmente nueva y ajena. O eso es lo que nos contaron.

Y es que la conexión con Alien nunca quedó demasiado clara hasta que se nos obsequió con el primer tráiler (puede incluso que con el teaser).

Scott quiso desmarcarse pronto del concepto precuela, pero poco a poco se fueron desvelando detalles que confirmaban nuestras sospechas: “Prometheus” tenía ADN Alien, aunque eso no implicara que viéramos de nuevo en pantalla al famoso xenomorfo.

Ahora, tras dos meses de retraso con respecto a su estreno en EE.UU., llega el momento de resolver las dudas y saciar vuestra curiosidad. Y si habéis logrado manteneros al margen del hype y de los innumerables spoilers (tal como hizo un servidor), mejor que mejor.

En el transcurso de su labor, dos jóvenes y brillantes arqueólogos, la Dra. Shaw (Noomi Rapace) y el Dr. Holloway (Logan Marshall-Green), descubren unos reveladores pictogramas rupestres acerca de antiguas civilizaciones que poblaron la Tierra. Todos los indicios hallados señalan a un mismo lugar situado en un punto lejano del espacio como posible origen de estos seres. Con la intención de descubrir la respuesta a estas cuestiones, ambos consiguen convencer a una gran corporación, Weyland Industries, para que les financie el viaje hasta allí.

Un planeta inhóspito, una nave espacial y su desventurada tripulación inmersa en una pesadillesca carrera por la supervivencia por culpa de una misteriosa y mortífera raza alienígena… Todo parece indicar que la estructura de “Prometheus” no se aleja demasiado de sus orígenes “alienescos”. Y en cierto modo, es así.
Puede que la premisa argumental (la búsqueda de respuestas trascendentales a los más grandes misterios de la humanidad) sea muy diferente, pero en el fondo no nos alejamos demasiado del mismo tipo de película con que nos obsequió Scott hace ya algo más de tres décadas. Esto es una “space monster movie” en toda regla, pero con suficientes  alicientes como para marcar la diferencia con respecto al mismo universo alien en el que se inscribe.


El equipo de científicos y exploradores viaja a bordo del Prometheus, nombre que proporciona el título del filme y que para nada es casual. Tal como se cuenta en el mito griego, el titán Prometeo desafió a los dioses y robó el fuego del cielo para dárselo a los humanos para que éstos pudieran cocinar y calentar sus hogares. Por ello, el titán fue terriblemente castigado por Zeus, quién le condenó a sufrir una tortura eterna, encadenándole a una roca y mandando a un águila para que devorara su hígado, órgano éste que volvía a crecerle una vez tras otra, de modo que  el dolor jamás cesara. 

Nuestros protagonistas creen dirigirse hacia el lugar en el que encontrarán las respuestas a su existencia; un lugar dónde conocerán a sus hacedores, a los seres (cuál dioses) que podrían haber creado la vida en nuestro planeta. Con este encuentro esperan poder responder a todas sus preguntas, pero lo único que encuentran es dolor y sufrimiento.

En cierto modo, y recuperando los tintes mitológicos que impregnan la esencia de la película, lo que hace la tripulación de la Prometheus  es abrir la caja de Pandora, liberando así los males que puedan acabar no sólo con ellos sino con toda la raza humana.

En el planeta al que han llegado topan con una civilización que posee un poder tan majestuoso como realmente peligroso.  Y más allá de los planteamientos y significados filosóficos y/o religiosos que se puedan interpretar de la historia, se intuye cierta alegoría a la capacidad del ser humano por manejar ciertos poderes (el nuclear, por ejemplo) capaces de acercarnos con rapidez a la destrucción total. De hecho, la razón por la que estos seres se encuentran en ese planeta es resultado de la decepción que suponemos como creación suya. Es la serie de inevitables preguntas que el personaje de Shaw se plantea hacia al final de la película SPOILER--- ¿Qué hicimos mal? ¿Por qué quisieron destruirnos? ¿Por qué se retractaron luego? Quizás mereciéramos el castigo, pero la medida impuesta, la raza creada para tales efectos, terminó superando las expectativas y volviéndose en su contra. Y de algún modo, dicha creación se convirtió en algo mucho peor e incontrolable que lo que se pretendía erradicar en la Tierra – FIN SPOILERS

En cualquier caso, hay respuestas que es mejor no conocer; preguntas que es mejor no hacerse. Y por irónico que parezca, casi podría trasladarse esto a la propia razón de ser de la película. ¿Realmente hacía falta conocer los orígenes del space jockey? ¿Acaso no era mucho más divertido dejar volar nuestra imaginación y elucubrar con nuestras propias respuestas acerca de tan enigmático personaje cinematográfico? 

Siempre he pensado que la existencia de las precuelas mató uno de los grandes atractivos del cine: el misterio de lo desconocido. Fue cuando Hollywood encontró el modo (casi siempre por motivos económicos más que artísticos) de contárnoslo todo y dejar poco o nada en manos de nuestra imaginación. Y hay un dicho que dice que “la curiosidad mató al gato”. Pues eso les ocurre a nuestros protagonistas, y puede que también le ocurra a algunos espectadores…  A aquellos que terminen saliendo decepcionados de la sala en la que se proyecta “Prometheus”. Porque no siempre la respuesta que buscamos es la que acabamos encontrando. Aunque quizás aquí la decepción no venga tanto por el qué sino por el cómo y por no ver cumplidas todas las (desorbitadas) expectativas. Porque no hay duda que aquí nos encontramos con una caso claro de hype desmedido; un hype contraproducente para el espectador y que puede convertirse en uno de los mayores lastres de una película que, sin ser la panacea, es de lo de más rescatable dentro de su género. 

No marcará un antes y un después en la ciencia-ficción (de hecho, es mucho más elemental y convencional de lo que se le presupone) ni  se convertirá en hito u obra cumbre del mismo, pero ofrece dos horas de evasión suficientemente eficaz y loable como para no lamentar en demasía el habernos reventando, en cierta medida, el origen de uno de los monstruos más inquietantes y letales del cine fantástico.

 
Pero entonces, ¿es esto una precuela? Sí y no. SPOILER—Sí, porque se sitúa años atrás a los acontecimientos que transcurren en “Alien, el octavo pasajero”. No, porque aún situándose en el mismo universo y rescatando parte de sus elementos característicos (Weyland Industries, el space jockey…) no tiene mayor relación con el filme de 1979, y los hechos que se relatan no desembocan directamente en la película original, con lo cual rompe con el significado más estricto y habitual de la palabra “precuela”. Nos indica, en sus últimos minutos, cuál puede ser la procedencia del alien mediante la aparición de un primerizo xenoformo. Una especie de “ancestro” del alien de la primera película; la semilla que dará lugar a tan mortífera criatura. Pero nada más parece vincular una película con la otra. – FIN SPOILER

La película ofrece alguna que otra respuesta a la procedencia del xenoformo y, por supuesto, nos ilustra un poco acerca del space jockey, pero termina sugiriendo más preguntas que respuestas. De hecho, se puede criticar que el guión se quede simplemente en la superficie de lo que pretende exponer, siempre en favor de un despliegue más pirotécnico y simplista. Los frentes que abren los guionistas dan lugar a una mayor profundización que aquí se siente a medio  explorar. El nuevo universo que elabora “Prometheus” queda lastrado, en parte, por decantarse hacia la vertiente survival, lo que en el fondo termina definiendo la propuesta. En cuanto el suspense y la intriga dejan paso al terror y la acción, se pierde gran parte de la fuerza y tensión iniciales que, de haberse sabido llevar con más atino (más que nada desde el guión), hubieran culminado en una obra muchísimo mejor y más memorable que la que finalmente ha quedado.

Pero insisto, “Prometheus” no es para nada una mala película. No es la gran película que -quizás equivocadamente- muchos ansiaban encontrarse, y quizás tampoco sea el gran regreso de Scott a la ciencia-ficción, pero tampoco se nos obsequia habitualmente con un cine de género serio y locuaz como éste, y que a su vez sea tan asequible para el espectador (aquí no hay pajas mentales ni discursos pseudointelectualoides. Tampoco propaganda atea, como alguno podrá pensar). Quizás sí es algo pretenciosa, y presume de querer y poder dar más y mejor de lo que finalmente ofrece, pero en la silla de director no hay un cualquiera, y eso se nota. La profesionalidad con la que está hecha se palpa en cada detalle. Técnicamente es impecable, y no me refiero a los efectos especiales  solamente (que cumplen con creces) ni tampoco a la –innecesaria, por escasamente provechosa- inclusión del  efecto estereoscópico; narrativamente es competente, y cuenta con una puesta en escena cuidada.  Pero su guión no está a la altura. Sus personajes no lo dan todo de sí.

El protagonismo es mayormente coral durante buena parte de la película, pero poco a poco Shaw y David se erigen como piezas angulares de los acontecimientos y principal pilar de la trama. Y ellos y sus intérpretes brillan (sobre todo Fassbender), pero el resto desluce a su lado. El talento de Charlize Theron (que parece haberle cogido el gustillo a encarnar féminas ruines) y el de Idris Elba (quién no acaba de encontrar papeles a la altura de los que sí le ofrece la pequeña pantalla) quedan menguados por  unos personajes que apuntan maneras pero se quedan finalmente en nada. El resto anda por ahí como mera carnaza, aunque eso ya es un rasgo fundamental de este tipo de cintas.

 
La película guarda para el recuerdo una de las secuencias -no apta para estómagos sensibles- más viscerales y brutales que permiten su bendita y agradecida calificación R (SPOILER—el malrollero parto por cesárea de Shaw – FIN SPOILER). Muestra una acertada construcción psicológica de David, un cyborg que se esfuerza por comprender a los humanos y que, en su empeño por ser uno de ellos (o que al menos le consideren como tal y como uno más del equipo), llega a sentirse casi como humano. Y eso pese a que sus compañeros (y en un momento dado también su creador) no cesan en recordarle que no es más que un saco de cables y circuitos. 

La coyuntura moral, profesional, personal y finalmente religiosa que se le presenta a Shaw es también bastante interesante, precisamente por lo mucho que se entorpecen unos a otros esos conceptos. Pero más allá de todo eso, lo que hay aquí es terror espacial, pero lejos de la intensidad de “Alien” y de la jubilosa satisfacción que proporcionaba aquella.

Es muy probable que “Prometheus” convenza o decepcione en función de lo mucho o poco que se espere de ella. Eso no quita que aún siendo muy correcta, no termine de llenar del todo. Entretiene pero no deja huella. Resulta enigmática en su comienzo, pero falta mayor definición de los conceptos que plantea, amén de dejarse llevar en su tramo final por la resolución que presenta menos riesgos  (y más fuegos de artificio). 

La verdad es que viniendo de quién viene sabe a poco, pero igual de los guionistas tampoco se podía esperar mucho más. Jon Spahits es responsable de la bochornosa “La hora más oscura”, uno de los mayores bodrios del pasado año; y que Damon Lindelof ha logrado cierto estatus de reconocimiento celestial por su implicación en los guiones de “Perdidos”, pero su trayectoria en el medio cinematográfico se resume en “Cowboys & Aliens”, la presente “Prometheus” y la futura adaptación de “Guerra Mundial Z”, la cual acumula ya tantas reescrituras y rerrodajes que poco o nada hacen confiar en su labor y en el resultado final de la película. Servidor cruza los dedos por  la secuela de la estupenda “Star Trek” de JJ. Abrams, cuyo guión también cae en sus manos.


Lo mejor: el personaje de David (Michael Fassbender).

Lo peor: que pudiendo ser algo diferente (una película de ciencia-ficción hard), termine por ser una pseudoalien, esto es, la película de siempre: monstruo aniquilando la tripulación de una nave espacial. Para eso no hacía falta tanto rollo pseudoexistencial.


Valoración personal: Correcta

viernes, abril 22, 2011

"Scream 4" (2011) - Wes Craven

critica Scream 4 2011 Wes Craven
Tras años y años contemplando la decadencia de los psychokillers más famosos del cine (Vorhees, Myers, Krueger, Leatherface…) por culpa de sus infaustas –e interminables- secuelas, y temiendo que el conjunto de subproductos que inundaban el mercado terminaran de hundir por completo el subgénero slasher, llegó por fin, a mediados de los 90, una película que revitalizaría el terror adolescente.

De la mano del –generosamente llamado- maestro del horror Wes Craven y del guionista Kevin Williamson (a posteriori, creador de la popular serie “Dawson's Creek”), nació Scream(aquí en España con la coletilla “Vigila quién llama”), una película que supuso un soplo de aire fresco gracias a su tono desenfadado y su perversa originalidad. Perversa porque el film de Craven supo aprovechar los clichés más trillados del género para burlarse de ellos, al mismo tiempo que los reutilizaba a su favor. Sin caer en la comedia absurda, logró un sofisticado equilibrio entre el más sentido homenaje y la más gamberra parodia, siendo consciente de lo que era en sí mismo y de a quién se dirigía, y buscando constantemente la complicidad del espectador a base de guiños y referencias cinéfilas.

Pero Scream tuvo otro poderoso aliado a su favor: jugó sabiamente con la identidad del asesino. La particularidad de este nuevo psichokiller, a quién pronto reconoceríamos bajo el nombre de Ghostface, residía en su misteriosa identidad, completamente ignorada no sólo por sus futuras víctimas sino también por el espectador, obligando a éste último a buscar sospechosos entre sus protagonistas, tratando de averiguar quién se escondía bajo esa fantasmagórica máscara. Así se generaron notables dosis de suspense que el buen aficionado supo agradecer (más cuando el desenlace lograba ser sorpresivo sin caer en la trampa barata o en giro rebuscado)

El éxito de la película fue rotundo, y las secuelas, así como sus imitadoras (Se lo que hicisteis el último verano –escrita por el propio Williamson-, Leyenda Urbana, etc.) no tardaron en llegar. Al año siguiente se estrenó Scream 2, que aún siendo inferior a su predecesora, conservaba muchas de sus virtudes y sorprendía con su marcado tono autoreferencial, algo que dos años más tarde seguiría explotándose en la –más bien mediocre- Scream 3 (porque no hay dos sin tres), la entrega que supuestamente cerraba la trilogía y ponía punto y final a los asesinatos de Ghostface en sus distintas encarnaciones.

Pero pese a jurar y perjurar que no habrían más secuelas, y que Neve Campbell no volvería jamás a encarnar a Sidney Prescott, aquí estamos de nuevo con una cuarta entrega que pretende ser el inicio de una nueva trilogía (ahí es nada)

Han pasado 10 años, y Sidney ha logrado superar los asesinatos del pasado convirtiéndose en una escritora de éxito. Ahora, con la presentación de su nuevo libro, Sidney regresa a Woodsboro, donde se reencuentra con sus viejos amigos: Dewey, que ahora ejerce de Sheriff, y Gale, que ha dejado su carrera periodística para centrase en ser una buen esposa.

Para desgracia de todos, y coincidiendo con el aniversario de los primeros asesinatos, parece que otro imitador ha decidido continuar con el legado de Ghostface.


Volver a ver una película de Scream no sería lo mismo sin Sidney Prescott y el resto de supervivientes de la saga, Dewey y Gale. Y aunque la primera siempre fue la más reticente a volver, era presumible que tarde o temprano todos firmarían para regresar a la gran pantalla con la saga que los hizo famosos, más cuando sus carreras en el cine han sido de lo más discretas (Cox tiene excusa porque se centró en televisión, pero los otros dos, aunque lo intentaron, no volvieron a saborear las mieles del éxito)

Y qué ofrece esta nueva Scream? Pues más de lo mismo, para qué engañarnos. Pero eso es precisamente lo uno anda buscando. La cuestión es si a estas alturas aún es capaz de sorprender y/o de seguir siendo disfrutable. Y debo decir que sí, y no.


El comienzo es simplemente genial. De hecho, es lo mejor de película. Y prefiero no decir más para no chafároslo. Pero una cosa es segura: Williamson no ha perdido la capacidad de sorprender. El problema es que esta le dure tan poco…

A los viejos conocidos se une un nuevo grupito de jóvenes rostros (ellas, todas muy guapas, y ellos… bueno, de todo un poco), y de ahí es de donde supuestamente va a salir nuestro o nuestros asesinos. Así que de nuevo, volveremos a desconfiar de uno u otro hasta que llegue el desenlace y nos aclare las sospechas.

En ese sentido, el factor “descubre al asesino” sigue funcionando, y pese a estar hablando ya de una cuarta entrega y conocer sobradamente los truquillos de Williamson para jugar al despiste con nosotros, lo cierto es que aún es bien capaz de sembrarnos la duda en más de ocasión. Lo que ya no es tan factible es el cada vez más rebuscado móvil del asesino de turno.

Con la primera secuela (Scream 2), el tema de la venganza brindaba una excelente oportunidad/excusa para traer de vuelta a Ghostface. En la tercera entrega, en cambio, ya tuvieron que sacarse de la manga a un pariente para poder continuar con la saga. Ahora, el quién y el por qué están aún más cogidos con pinzas, como era de esperar, así que no queda otra que aceptarlo a regañadientes. En cierto modo, lo que antes suponía una virtud frente a otros slashers, cuyo asesino era siempre el mismo (y que “resucitaba” una y otra vez), ahora es casi un lastre. Y digo casi porque intentar averiguar la identidad del nuevo Ghostface es prácticamente el único motivo para seguir viendo esta cuarta parte hasta el final…

Scream 4 promete, sobre todo gracias a un inicio rompedor (y guasón), y a una primera hora (o tres cuartos) con gancho. A uno incluso se le pasa por la cabeza pensar que probablemente estemos ante la segunda mejor secuela de la franquicia. Sin embargo, llega un punto (a mitad de película, más o menos) en que todo esto se va al garete.

Todas las entregas han tenido siempre un tono cómico muy característico, como ya comentaba al inicio de la crítica. Un humor que procuraba no caer en la parodia absurda (pese a lo exagerado que pudiese resultar en ocasiones, especialmente en la tercera entrega), y que conseguía sacarnos una complaciente sonrisa. Aquí, sin embargo, Williamson cruza y sobrepasa la fina línea que separa lo divertido de lo simplemente ridículo. Hay escenas/secuencias que son de juzgado de guardia. Algunos de los asesinatos resultan tan sumamente patéticos y bochornosos, que más que una secuela deScream, parece que estemos asistiendo a una de Scary Movie (SPOILER--- el asesinato del orondo madero y el del friki borracho, o las hilarantes autolesiones de la fría asesina, son la prueba palpable del patetismo en el que termina cayendo la película --- FIN SPOILER)

A esto hay que añadir que la tensión brilla por su ausencia y que se desaprovechan escenarios que podrían haber dado mucho juego (la fiesta en el granero o el parking, por ejemplo)


Los nuevos personajes no ayudan tampoco a ofrecer algo de interés a la trama, amén de que su reparto, y salvo excepciones, deja bastante que desear.

Dejando de lado que el nuevo séquito de adolescentes parezcan mucho más críos de lo que lo eran en su momento los protagonistas de sus predecesoras (SPOILER POR SI ACASO--- y que en estatura, ninguno resulte verosímil como un hipotético Ghosface --- FIN SPOILER POR SI ACASO), ni ellos ni sus personajes terminan de cuajar del todo.

Marley Shelton como la ayudante del sheriff, Shenae Grimes como la agente de Sidney o Hayden Panettiere como una de las amigas de su prima, son las pocas incorporaciones que se salvan. Emma Roberts como la susodicha –y sosa- prima, su insulso exnoviete o el par de cinéfilos interpretados por Erik Knudsen y Rory Culkin (de la estirpe de los Culkin, pero sin las aptitudes de sus otros hermanos), que ni siendo dos le hacen sombra Randy/Jamie Kennedy, junto al resto de secundarios, rivalizan con Scream 3 a ser los peores de la tetralogía.

Los veteranos, por suerte, no fallan, y todos regresan a sus personajes con el mismo ímpetu de siempre, aunque es de lamentar que Courtney Cox se haya dejado parte de su expresividad en la última visita que le hizo a su cirujano plástico; por lo demás, ni el matrimonio ni la edad han apaciguado a la fiera reportera que lleva dentro.

Los guiños cinéfilos y la autoreferencia siguen siendo lo mejor, y se aprovecha esta cuarta entrega para mofarse un poco de la enfermiza plaga de remakes y reboots que pueblan un Hollywood cada vez más escaso de ideas (incluyéndose –consciente o inconscientemente- Scream 4 en el saco) Un sano y divertido ejercicio de metacine que ha funcionado a lo largo de todas las entregas, y que aquí sólo se ve estropeado cuando Craven y Williamson sucumben patéticamente en su propia autoparodia.

Ahora bien, los aficionados a la hemoglobina están de enhorabuena, porque si de algo puede presumir Scream 4, es de ser la más sangrienta de las cuatro películas. Aunque donde las otras se quedaban cortas, quizás ésta se pase un poco.

Con todo, es muy probable (por no decir casi seguro) que los fans muy fans vean con buenos ojos este regreso y queden satisfechos con lo que Craven y Williamson han parido. Servidor, sin embargo, piensa que la segunda mitad de la película es tan lamentable (desenlace incluido), que estropea la apreciable primera parte, lo que en conjunto la situaría, a juicio personal, como la peor de la franquicia. Reírse con Scream está bien, troncharse no lo está tanto, y sentir vergüenza ajena es un grave error.

Nueva década. Nuevas Reglas. Peores resultados.

P.D.1: Parece que Dewey se ha curado milagrosamente de su parálisis y cojera. Hubiera estado bien que nos dijeran cómo.

P.D.2: Aunque también vuelve Marco Beltrami para la banda sonora, he echado de menos escuchar el “Red Righ Hand” de Nick Cave, tema icónico de la saga.


Lo mejor: el comienzo; los guiños y referencias cinéfilas.

Lo peor: el humor absurdo y ridículo.


Valoración personal: Regular


jueves, septiembre 09, 2010

“Resident Evil 4: Ultratumba 3D” (2010) - Paul W.S. Anderson

crítica Resident Evil 4 Ultratumba 3D 2010 Paul W.S. Anderson
Los videojuegos de Resident Evil, desarrollados por la compañía Capcom (creadores también de Street Fighter), llegaron a las consolas en 1996, siendo oficialmente un juego para Playstation. Su éxito fue tal que tuvieron numerosas continuaciones, además de ser adaptados posteriormente a otras consolas.

Como todo videojuego de renombre que se precie, su adaptación cinematográfica era cuestión de tiempo, así que después de varias secuelas lanzadas al mercado, en 2002 llegaría la película de la mano de Paul W.S. Anderson, director que ya tenía algo de experiencia en el tema tras haber llevado a la gran pantalla el juego de lucha “Mortal Combat”.

Económicamente hablando, Anderson no falló, y repitió jugada convirtiendo “Resident Evil” en otra exitosa adaptación (recaudó tres veces más de lo que costó), pese a que no fueron pocos los fans del juego que consideraron la película un ultraje que poco o nada tenía que ver con su homónimo consolero.

Para alguien que nunca jugó al mismo, como un servidor, no dejaba de ser una película de zombies entretenida y medianamente aceptable viniendo de donde venía... Una mala adaptación que, sin embargo, funcionaba como película palomitera (y es que pese a los zombies, la cosa iba más de acción que de terror)

Dos años más tarde se estrenaría la primera continuación, “Resident Evil 2: Apocalipsis”, un auténtico despropósito que de nuevo tendría la taquilla a su favor y calmaría un poco los ánimos de algunos seguidores –no todos- gracias a la introducción de personajes salidos directamente del juego.

Aprovechando el buen rendimiento de la franquicia, en 2007 llegaría la tercera, “Resident Evil 3: Extinción”. Pese a ser considerada por muchos como la peor de la saga (a mí se me hizo algo más digerible que su predecesora gracias al rollo post-apocalíptico a lo Mad Max), fue la que más recaudó, cosa que certificaba que Resident Evil tenía aún muchos seguidores y que la gallina de los huevos de oro podía exprimirse todavía más.

Mientras esperaban la llegada de una cuarta entrega, los fans pudieron saciar sus ansias con “Resident Evil: Degeneración”, correcta –aunque olvidable- película de animación japonesa hecha exclusivamente para ellos -e independiente de las versiones yanquis-, y que fue directa al DVD. Para muchos, la adaptación más fiel hecha hasta la fecha.

Pero para los que prefieren ver zombies de carne y hueso y, sobre todo, a Milla Jovovich cargándoselos, ya está aquí “Resident Evil 4: Ultratumba”; que como no podía ser de otra forma, se apunta también a la moda del 3D para sacar un dinerillo extra al espectador.

Alice (Milla Jovovich) continúa su viaje en busca de supervivientes en un mundo arrasado por el terrible virus que transforma a sus víctimas en No-muertos. Prosigue también su lucha contra la Corporación Umbrella, los responsables de crear y expandir dichos virus por todo el planeta.

Tras meses sin encontrar rastro de vida humana, Alice se reencuentra con una vieja amiga, Claire (Ali Larter). De camino hacia un refugio seguro, encontrarán a más supervivientes, y juntos huirán de las hordas de muertos vivientes para alcanzar el ansiado destino, un lugar sin infección: Arcadia.


Después de ejercer como productor y guionista de las anteriores entregas, Anderson regresa a los mandos retomando la función de director y filmando un cuarto episodio que, en vista de lo –poco- que nos ofrece, pretende ser un mero preámbulo para sacarse una nueva trilogía de la manga.

Con cada película, la historia de Alice vs Umbrella ha ido degenerando cosa mala, y por mucho Anderson que se ponga detrás de la cámara (cosa que tampoco es decir mucho a su favor) y por mucha pijada estereoscópica que añadan, Resident Evil 4: Ultratumba no se salva de la quema y cae en los mismos errores que sus predecesoras, volviendo de nuevo al “mucho ruido y pocas nueces”.

A lo que parece aspirar cada secuela es a ser más espectacular y surrealista que se predecesora, cosa que consiguen sobradamente. Y es que parece que han querido superarse y hacer el más difícil todavía con cada una de ellas, alcanzando tal grado de inverosimilitud y degradación, que uno ya no se sabe muy bien a lo que asiste. Incluso va quedando poco de lo que podríamos considerar “una peli de zombies”, pues éstos cada vez se parecen menos a un no-muerto común. Tampoco es que esto sea algo malo por defecto, pero realmente esta entrega poco aporta a la historia, y no deja de ser una repetición, más vistosa eso sí, de lo ya visto anteriormente.

La trama es todo lo que ya he citado en la sinopsis. No hay mucho más.

Alice encuentra a unos supervivientes y se lían a tiros con los zombies en su huída hacia el supuesto lugar seguro. De ahí sacamos lo de siempre: zombies al acecho constante (aunque cada vez tienen menos protagonismo), tiroteos y fantasmadas a tutiplén, y algún que otro grotesco bicharraco –salido de la nada, por supuesto- al que hacer frente en algún momento dado para darle algo de diversidad al asunto (y contentar a los fans, que agradecerán el ver en pantalla a esos enemigos que tanto gustan de liquidar a golpe de joystick)

Lo cierto es que la acción sería más disfrutable si los humanos parecieran humanos y no superhéroes. Tanta “flipada” le resta emoción y tensión, puesto que sabes que los principales protagonistas serán capaces de todo para sortear los peligros (incluso salir indemne de una explosión indiscutiblemente mortal para cualquier ser humano), mientras que el resto de secundarios caerán como moscas sin que ni siquiera recuerdes su nombre. Y es que aquí éstos duran menos que Calimero en la puerta de un Kentucky Fried Chicken.

En anteriores entregas, los poderes de Alice justificaban ciertas acciones, por muy disparatadas que fuesen, pero es que aquí no hay justificación alguna (salvo en el tramo inicial), y a uno cada vez le cuesta más ser permisible.


De todas formas, hay secuencias que, técnicamente, están muy elaboradas y son realmente espectaculares (amén de unos solventes efectos especiales), aunque nadie puede obviar que Anderson se ha montado su propia Matrix.

La alusión por mi parte al film de los Wachowski no es gratuita. Infinidad de películas la han imitado, con mayor o menor fortuna, pero es que aquí el director ha tenido el descaro de copiarla en todo lo que ha podido, haciendo particular uso del bullet-time; los tiroteos y peleas cuyas mayores víctimas son las columnas y los azulejos de las paredes; los saltos/patadas imposibles; el esquivo de balas o el recorrido de la cámara con la escena en modo “pause”. Incluso alguna secuencia –la de las Alices atravesando el ventanal- recuerda sobremanera a otra vista en la saga Matrix, por no hablar de un villano con gafas de sol que viene a ser una (mala) mezcla entre el Agente Smith y Terminator.

Anderson no oculta esas influencias sino que hace ostentación de ellas. Y esto tampoco sería un problema si en algún momento el espectador llegara a implicarse un poco en la historia, cosa que para nada ocurre. No ayuda tampoco que en pleno apocalipsis zombie, las féminas del grupo parezcan recién salidas de un salón de belleza (con depilación de cejas incluida), lo cual le resta bastante credibilidad a su desamparada situación (ceñirse un poco al contexto y caracterizar bien al reparto –no vale con ponerles ropa molona y ajustada- no cuesta nada)

Por otro lado, el suspense y la tensión son nulos, y los personajes planos o sin el menor interés, así que lo único que nos mantiene pegados a la butaca es ver cuál será la próxima secuencia cañera y/o bochornosa que Anderson nos tiene preparada. Y es que hay cosas en el guión que no tienen la menor coherencia ( SPOILER – la bomba en el avión del malo maloso, por ejemplo; es un recurso que ya hemos visto funcionar en otras películas, pero aquí el factor “cantidad = muchos aviones” imposibilita que Alice sepa con seguridad qué avión cogerá el malo para poder tenderle la trampa, amén de que Alice supiera, cuál vidente, que había una bomba en el barco… – FIN SPOILER)

Por tanto, toda esa espectacularidad de la que hace gala la película cae en saco roto porque uno debería disfrutar del conjunto y no de dichas secuencias de forma aislada (que éstas sean parte vital de la película no significa que sean lo único que la sustente)


El 3D tampoco es un aliciente demasiado atractivo, o al menos no para un servidor. La sensación de profundidad está más o menos conseguida, aunque Anderson se limita básicamente a lanzarnos cosas -balas, hachas, gafas de sol, sangre…- a la cara, sin que el efecto sea lo impactante que debiera ser (pese a la citada profundidad, nunca tienes la sensación de que el objeto está fuera de la pantalla ni de que se te acerca, sino más bien que sobresale un poco y nada más)

Ahora bien, no podemos negar que, como mínimo, estamos ante un producto entretenido. Claro que con apenas 80 minutos de metraje, el 90% de los cuáles es acción, ya hubiera sido un delito que Anderson nos aburriera. Así que esa parte está cumplida (aunque si sois como yo, que con cada chorrada os echáis las manos a la cabeza, puede que el entretenimiento se os haga un tanto indigesto)

La escasa duración aumenta la sensación de estar ante una especie de “episodio puente”; algo así como un capítulo cualquiera de una serie de televisión (no digo episodio piloto porque claramente se sitúa entre la anterior película y la siguiente, es decir, como un capítulo intermedio). Dicho de otra forma y haciendo un símil con el mundo de los videojuegos, es como si lo que aquí transcurre no fuera más que una fase/pantalla del juego, cuya misión es ir de A a B acribillando a los enemigos que se pongan por delante. Enemigos que, dicho sea de paso, salen hasta de debajo de las piedras. La verdad es que si aún quedan humanos libres de infección, deben trabajar casi todos para la Corporación Umbrella, porque éstos tienen más efectivos que el propio Ejército de los EE.UU. Eso sin contar la cantidad de laboratorios y bases secretas que deben tener esparcidos por todo el planeta (parece el Ejército Red Ribbon)

Del reparto poco hay que decir, más allá de parecer una oda a la inexpresividad, en la cual el penoso villano se lleva la palma.

Jovovich y Larter hacen lo mismo que en las anteriores entregas, así que si os gustaron en aquellas os gustarán en esta. Wentworth Miller parece sacado directamente de Prison Break (mismas habilidades, misma sosería); la presencia del español Sergio Peris-Menchesta es minúscula. El muchacho intenta abrirse paso en Hollywood, y si bien con algo hay que empezar, dudo que los papeles del típico hispano en este tipo de producciones sirvan para que se fijen en él.

Los que se salvarían serían Boris Kodjoe (visto en “Los Sustitutos”), y Kim Koates (me encanta este tío), que luce el mismo look que en –la absolutamente recomendable- “Sons of Anarchy”, imagino que por exigencias de rodaje (le coincidiría con el de la serie). En referencia a su personaje, creo que es el punto cómico más conseguido de toda la película.

Pese a lo mucho que entretenga, “Resident Evil 4: Ultratumba 3D” no deja de ser otra mediocre entrega de una saga a la que muchos ya dábamos por muerta. Dudo que sirva para reenganchar a la audiencia que ya perdieron con las dos últimas, así que queda mayormente recomendada a los muy fans de la franquicia y/o de Jovovich.

P.D.: Hay una escena durante los créditos finales SPOILER-- que nos presenta el próximo pibón… esto, a la próxima villana -- FIN SPOILER



Lo mejor: algunas secuencias de acción.

Lo peor: el cúmulo de fantasmadas.


Valoración personal: Mala

viernes, agosto 27, 2010

“Predators” (2010) - Nimród Antal

crítica Predators 2010 Nimród Antal
A principios de la década de los ochenta, cayó en manos de la Fox un guión escrito por los hermanos Jim y John Thomas titulado “Hunter”. Dicho guión, escrito en 1983 y vendido al estudio al año siguiente, se convertiría luego en película bajo el título de “Predator” (Depredador)

En ella, un comando de mercenarios contratados por la CIA era enviado a la selva Centroamericana en una supuesta misión de rescate. A su llegada, se daban cuenta que alguien o algo les observaba muy de cerca, y no eran precisamente los guerrilleros a los que debían hacer frente. Tras cumplir su objetivo sin bajas, el viaje de regreso se convertía para ellos en un verdadero infierno debido a la desafortunada presencia de un implacable cazador alienígena dispuesto a aniquilarles uno a uno.

El film fue un rotundo éxito de taquilla y terminó de afianzar a Arnold Schwarzenegger, su estrella protagonista, como héroe de acción, a la vez que servía como magnífica carta de presentación -dentro del género- para su director, John McTiernan, que a posteriori se convertiría en uno de los mejores artesanos –para mí el mejor- de su época, con títulos a sus espaldas como La jungla de cristal (1988), La caza del Octubre rojo (1990) o El último gran héroe (1993), entre otras.

La monstruosa criatura venida del espacio, el Predator, se convertiría también, por derecho propio, en uno de los alienígenas más míticos de la historia del cine, junto al ya por entonces célebre Alien de Ridley Scott.

Como toda película de éxito que se precie, la secuela no tardaría mucho en llegar (amén de las copias y plagios que también originó). Desgraciadamente, tanto Schwarzenegger como McTiernan tenían la agenda ocupada, así que hubo que hacer retoques en el guión (eliminar al personaje de Dutch/ Schwarzenegger, por ejemplo) y buscar reemplazos.

La dirección recayó en el jamaicano Stephen Hopkins, cuyo anterior trabajo había sido la quinta secuela de la saga Pesadilla en Elm Street. El papel destinado al austriaco fue convenientemente modificado y adjudicado a Gary Busey, actor que después de interpretar al villano de “Arma Letal” volvería a coincidir aquí con Danny Glover, asumiendo este último el rol protagonista de la película.

El cambio de escenario (la exótica jungla centroamericana por la “jungla de asfalto” de Los Ángeles), de estrella principal y de director no pareció jugar muy a su favor, y el resultado en taquilla fue desalentador. Aún cubriendo costes, la película no llegó a ser un éxito y fue –injustamente- denostada por público y crítica (aunque estos últimos tampoco es que fueran muy indulgentes con la original), lo que anuló cualquier posibilidad de continuar la saga.

Cierto es que comparándola con su predecesora, esta segunda parte resultaba inferior (ya tenía las de perder…), pero no por ello era una nefasta continuación, sino más bien un estimable entretenimiento que, entre otras cosas, amplió la mitología del personaje. De hecho, el guiño al cráneo del alien de Scott propició el crossover comiquero, el cual años más tarde nos devolvería, con peor fortuna ahora sí, a Depredador a la gran pantalla (aunque a estas Alien vs Predator habría que darles de comer a parte)

Para volver a ver en solitario a una de las criaturas más emblemáticas y mortíferas de la ciencia-ficción, ha habido que esperar 20 años. Y he aquí el resultado.


Un grupo de guerreros de élite son arrojados a una selva sin saber cómo ni quién les ha capturado y llevado hasta ese lugar. Desconcertados pero bien armados, formarán una piña para intentar averiguar qué es lo que ha ocurrido y por qué les han juntado sin despojarles de sus armas. Cuando descubran que han sido llevado a otro planeta para servir de presa de unos cazadores alienígenas, empezará la lucha por la supervivencia.

Con la excepción de un médico desprestigiado, todos ellos son unos desalmados asesinos -mercenarios, yakuzas, presidiarios, miembros de escuadrones de la muerte-, “depredadores” humanos que ahora serán cazados y eliminados sistemáticamente por otra raza depredadora superior. Sólo los más fuertes y astutos podrán sobrevivir.



Si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Eso debió pensar Robert Rodríguez cuando allá por el 94 le encomendaron la escritura de un guión para continuar la saga de Depredador. El director y guionista mexicano afrontó la petición buscando repetir las claves del éxito del film original (del cual se considera ferviente admirador). Para ello, nada mejor que mantener la misma fórmula de “grupo de mercenarios vs alienígena”, pero aportando ideas propias y aumentando el número de “depredadores” que iban a dar caza a las presas humanas.

Los cimientos de ese guión son los que, años más tarde y con un poco de reescritura, han servido para crear “Predators”.

Ejerciendo de productor y supervisor, Rodríguez ha dejado las riendas del proyecto en manos de Nimród Antal, director húngaro americano que después de Kontroll, se debut tras las cámaras, comenzó a dar sus primeros pasos en Hollywood con películas de bajo presupuesto y escasas pretensiones como “Habitación sin salida (Vacancy)” y “Blindado (Armored)” (Curiosidad: el título –original- de todas sus películas hasta la fecha lo forma una única palabra)

La cinta que nos ocupa es otra serie B en su filmografía, pero no es cualquier serie B. Es la secuela de una de las películas de ciencia-ficción y acción más emblemáticas de los 80 (y de todos los tiempos), por lo que aquí su trabajo y el de Rodríguez iba a ser observado con lupa.

Como ya he mencionado en párrafos anteriores, la fórmula inicial concebida por los hermanos Thomas se repite aquí con mayor o menor similitud y acierto. De nuevo, tenemos a un grupo de tipos duros armados para hacer frente a la amenaza. La diferencia estriba en que ya no son un comando de élite acostumbrado a trabajar juntos sino un grupo de asesinos y mercenarios habituados a combatir por su cuenta contra el enemigo. Otra diferencia -y no serán pocas-, es que no se encuentran en una jungla terrestre (aunque la fauna bien podría hacernos creer que sí…), sino en un planeta que sirve a los predators como coto de caza para soltar a sus presas, ponerlas a prueba y luego cazarlas y despedazarlas.

Por supuesto, el aumento de “cazadores” es otro factor en contra añadido, por lo que las posibilidades de supervivencia se ven reducidas considerablemente.

Con Royce a la cabeza (el personaje interpretado por Adrian Brody) y a regañadientes, este grupo de guerreros hará frente común a la amenaza en un territorio desconocido para ellos.
La presentación de personajes es rápida pero certera. De hecho, no se necesita mucho más, ya que algunos de ellos serán mera carnaza para los predators; y a los que logren sobrevivir al primer asalto ya los iremos conociendo a medida que transcurran los minutos. De todas formas, en una producción de estas características no se necesita mucho más, y con cuatro pinceladas que definan bien a nuestros protagonistas (desde sus virtudes hasta sus puntos flacos), nos basta para seguirles con atención a lo largo de la caza.


Los primeros minutos se apoyan en el misterio y el suspense que provoca la situación en sí misma; esa incertidumbre de tener a unos perfectos desconocidos en un lugar inhóspito, sin recordar siquiera cómo han sido traídos hasta allí ni cuál es el propósito de ello. Para los que ya conocemos a los “simpáticos” depredadores, el factor sorpresa es prácticamente nulo, pero aún así la narración que imprime Antal es lo suficientemente eficaz como para mantenernos alerta tanto a aficionados como a ajenos a la franquicia (aunque está lejos del pulso narrativo que tan bien imprimía McTiernan)

Al igual que los cazadores, el espectador observa al grupo para conocer a sus componentes, ve cómo se relacionan entre sí y averigua cómo manejan la desconcertante situación.

Royce es el que llevará la voz cantante y el que trazará el plan que les llevará a descubrir no sólo que se hallan en otro planeta –el menor de sus problemas- sino que han sido capturados como divertimento, como presas de caza de unos despiadados seres alienígenas.

A partir de ahí, lo que viene no es difícil de imaginar: la cacería en estado puro.

Las bazas con las que cuenta Antal son básicamente los hándicaps que afrontan los propios personajes, es decir, el hecho, por ejemplo, de que éstos no se conozcan y deban confiar entre sí, pudiendo ser engañados o traicionados en cualquier momento, lo que supone un aliciente para al espectador al no poder “fiarse” de ellos ni saber cómo van a reaccionar (aunque el supuesto golpe de efecto final se ve a leguas desde el principio)

Luchar en un terreno que, al contrario que sus cazadores, ellos desconocen por completo, será otra desventaja, aunque a éste no se le saca demasiado partido, ya que la selva es un elemento muy secundario, y aquí no supone una amenaza en sí misma, más allá de lo que supondría cualquier otra selva terrestre (podrían haber aprovechado para hacer del planeta un enemigo más).

Pero quizás lo peor para ellos y lo mejor para nosotros sea el aumento de cazadores y la aparición, por vez primera, de sus “perros de caza”, unos bicharracos con muy malas pulgas –y tan o más feos que los propios predators-, que amplían un poco más la mitología del universo predator (además de otro detalle que más adelante se nos desvelará)

El guión es tan esquemático y sencillo como pudiera serlo el de “Depredador”, y a su vez, tan efectivo y acorde con sus pretensiones como aquél. Esta es una película de acción, y por ello, ésta es la que prima la mayor parte del tiempo. Vale decir que, además de bien rodada (Antal sabe muy bien dónde colocar y cómo mover la cámara), está correctamente dosificada a lo largo del metraje, consiguiéndose, además, que los “tiempos muertos” se digieran con facilidad y contribuyan a ensamblar y fortalecer la beneficiosa sencillez de la trama (apuntes sobre el carácter y el pasado los personajes o el proceder de los depredadores, etc.)

La violencia que ostenta no es muy desmesurada y la mayor parte de las amputaciones afectan a los predators, pero aún así, humanos y alienígenas sangran, y eso siempre es de agradecer en un film de estas características.

Hay que apuntar también que los efectos especiales están conseguidos y que el uso del ordenador está limitado a casos muy puntuales. Se recurre a él tan sólo cuando es realmente necesario (como en la original), dejando que el maquillaje, las caracterizaciones y los trucajes tradicionales hagan la mayor parte del trabajo. Esto le otorga cierto regustillo a producción de los 80-90, notándose así la acertada mano de Rodríguez como productor.

Del reparto tampoco se pueden sacar pegas. Todos cumplen con su papel, lo cual tampoco es difícil viendo que físicamente dan el pego. Incluso Alice Braga, que viendo algunas de sus últimas películas (Soy Leyenda o la bizarra Repo Man), parece que no le hace ascos al cine de acción. Obviamente, hay personajes/actores que nos gustaría verlos más tiempo en pantalla (a uno en particular, se le podría haber sacado mucho más provecho) y puede que su presencia nos sepa a poco (no diré nombres para no caer en el spoiler), pero hay que conformarse con lo que hay y agradecer que tengan su pequeño momento de gloria.

También es cierto que, al principio, todos recelamos de Adrien Brody, ya que con su físico y su filmografía no nos cuadraba mucho su fichaje. Sin embargo, el primer tráiler despejó un poco nuestras dudas (o al menos las mías), y hay que decir que el actor convence gracias sobre todo al personaje que le han escrito. A fin de cuentas, la intención no era la de emular al Dutch de Schwarzenegger – cosa, por otra parte, imposible- sino crear a otro tipo de personaje, más del tipo antihéroe, para evitar así las odiosas comparaciones. Eso no quita que acabe también recurriendo al estado más primitivo del ser humano para hacer frente a la bestia parda que es el predator. De hecho, el desenlace es muy del estilo del original, como casi toda la película. Y es que Predators bien podría pasar por un homenaje en toda regla de la de McTiernan. No sólo por repetir la fórmula de aquella sino también por la cantidad de guiños que nos ofrece y que van desde el armatoste de ametralladora (una mini gatling) que lleva el ruso hasta la referencia directa al suceso de la primera entrega contado por uno de los personajes, pasando por el Yakuza que emula el cara a cara de Billy (el indio de la primera) o la genial canción ”Long Tall Sally” de Little Richard que suena en los créditos finales y que, recordemos, sonaba mientras Dutch y su equipo viajaban en helicóptero hacia la selva.

No podemos negar que si esta secuela funciona, es gracias a todos esos elementos, además del buen oficio delante y detrás de la cámara.

La secuela de Antal se situaría entre la primera y la segunda entrega (anclada ésta en una especie de futuro cercano), si bien no es necesario haber visto a su predecesora para ponerse al día, ya que la información necesaria nos viene dada en la propia película, amén de empezar siguiendo la misma pauta de no mostrar al bicho hasta bien entrados en materia.

Se respetan, además, todas las características básicas del Predator (visión térmica, imitación de sonidos, camuflaje invisible, etc.) y se aporta alguna de nueva, que nunca está más.

“Predators” es, por tanto, una digna y satisfactoria secuela de la saga y una monster movie francamente disfrutable. Es el mejor regreso que podría tener el depredador a la gran pantalla, y viendo cómo dejan claramente la puerta abierta a la secuela, ¿quién no se apuntaría a otra? Un servidor lo tiene claro: rotundamente sí (y quizás, con un poco de suerte, en la cuarta veamos el planeta Predator en todo su esplendor, aunque eso ya lo veo un poco difícil, a menos que aumenten considerablemente el presupuesto)


Lo mejor: el regustillo a película de los 80-90.

Lo peor: que a fin de cuentas, sea una especie de "copia" de la original.



Valoración personal: Correcta-Buena

sábado, julio 24, 2010

"Pesadilla en Elm Street: El origen" (2010) - Samuel Bayer

critica Pesadilla en Elm Street El origen 2010 Samuel Bayer
Desde mediados de los setenta y a lo largo de los 80 (y parte de los 90), el subgénero slasher triunfaba en las carteleras. Las películas de terror en las que un psicópata asesino mataba -normalmente con arma blanca- a un puñado de adolescentes, resultaron ser un gran reclamo sobre todo para el público más joven, lo que convirtió a algunas de ellas en éxitos de taquilla.
Los estudios encontraron un nuevo filón y lo explotaron todo lo que pudieron, y más.

Bob Clark con su Black Christmas (1974) y Tobe Hooper con La matanza de Texas (1974) fueron los pioneros y sentaron las bases de una fórmula que aún hoy día sigue dando sus frutos. Luego llegarían La noche de Halloween (1978) y Viernes 13 (1980), que terminaron convirtiéndose en longevas franquicias, pese a que la calidad de las películas fuera menguando con cada secuela (lo mismo que le ocurriría a “cara de cuero”, aunque contase con menos continuaciones en su haber). Otros títulos a tener en cuenta fueron Prom Night (1980), El tren del terror (Terror Train, 1980), Siete mujeres atrapadas (The House on Sorority Row, 1983) o San Valentín sangriento (My Bloody Valentine, 1981)

Todas, sin excepción, han tenido su respectivo remake a lo largo de la pasada década y principios de ésta, quedando demostrada la alarmante falta de ideas que Hollywood lleva padeciendo desde hace ya demasiado tiempo. En un intento de reactivar sus sagas, los psicokillers más icónicos de la historia -Michael Myers, Jason Vorhees y Leatherface- volvieron de nuevo a la gran pantalla, pero en el mejor de los casos para los productores, la cosa acabó en dos películas (remake y secuela o precuela) Pero aún faltaba uno por resucitar: Freddy Krueger.

Con Pesadilla en Elm Street, un inspirado Wes Craven aportó su granito de arena a los slashers (y lo volvería hacer, vuelta de tuerca mediante, en los 90 con Scream, década de resurrección del subgénero con títulos como Sé lo que hicisteis el último verano o Leyenda urbana), creando el que probablemente sea el psicokiller más original de todos; un asesino capaz de matar a sus víctimas a través de sus sueños, o mejor dicho, sus pesadillas. Tal característica ofrecía muchas posibilidades, especialmente en lo que a la forma de matar se refiere, ya que en su mundo, el amigo Freddy podía hacer lo inimaginable para torturar y asesinar a los adolescentes de turno.

Al igual que sus coetáneos, y después de seis pobres secuelas (aunque podríamos salvar la tercera) y un crossover (la nefasta Freddy vs Jason), a Krueger le ha tocado pasar por “cirugía” para actualizarse a los nuevos tiempos, aunque la mayoría de veces eso sólo signifique una mejor puesta en escena.

La historia es la misma que en la original. Un grupo de jóvenes sueña con un individuo con el rostro quemado y cuchillas en los dedos que intenta asesinarles. Lo que en un principio parecen meras pesadillas, se vuelve algo real cuando uno de ellos muere después de haber sido asesinado en su sueño. Poco a poco, cada uno de ellos es acechado por el misterioso asesino. No tardarán en descubrir que algo en su pasado les une a él. Así que mientras intentan mantenerse despiertos para evitar ser víctimas de sus cuchillas, indagarán sobre ello para descubrir su verdadera identidad y saber cómo hacerle frente.

Pese a la coletilla “origins” que se ha sacado de la manga la distribuidora en España, esta “nueva” Pesadilla en Elm Street lo único que tiene de precuela es un pequeño segmento en el que nos descubren cómo acabó Freddy Krueger con el rostro quemado. Si la memoria no me falla (que bien podría ser…), es algo que en la ochentera no se vio, aunque probablemente sí en alguna de las secuelas.

Por lo demás, la historia es casi un calco del film de Craven, cambiando algunos nombres y personajes y alguna que otra muerte, pero repitiendo básicamente el mismo esquema.


Los guionistas no pierden el tiempo y desde el primer minuto empieza la sangre a ser la protagonista. De hecho, uno de los mayores problemas de esta nueva versión es que en apenas tres cuartos de horas se cepillan a la mayor parte de las víctimas adolescentes. No se paran a desarrollar ni la trama (eso lo dejan para luego) ni los personajes (eso ya ni se molestan en hacerlo).


Durante estos minutos, todo son sustitos mil veces vistos que ya no asustan a nadie, y asesinatos a cuál más resultón. Y aunque todo suene a apresurado y a déjà vu, hay que decir que es la parte más entretenida de la película, así que imaginaos el resto…

Tal como he comentado en párrafos anteriores, la forma de matar de Freddy da mucho juego, con lo cual, cada vez que sus víctimas sueñan, se despliega todo el potencial visual que sus responsables son capaces de ofrecernos. Así pues, tenemos escenarios de lo más tétricos, llamativas escenas oníricas, planos bastante sugerentes (algunos copiados de la Craven, por supuesto), efectismos visualmente atractivos y efectos especiales competentes, además de a Freddy Krueger, el alma de la función.

En lo queda de metraje, es cuando los pocos supervivientes que quedan empiezan a indagar sobre su pasado y el de su verdugo. Esta es la parte más pesada, y en la que un servidor no paraba de mirar el reloj (mala señal…). Los errores cometidos al inicio tienen aquí sus consecuencias.

Los supervivientes que quedan son, precisamente, los peores intérpretes del reparto (SPOILER--- ella, insulsa e incapaz de transmitir sus emociones; y él, con cara de alelado la mayor parte del tiempo; nada que ver una breve pero muy convincente Katie Cassidy, que debió ser la protagonista… otro error garrafal --FIN SPOILER) y encima lo que les pase a sus personajes nos importa un bledo. No conectamos con ellos porque no han sabido presentárnoslos debidamente ni desarrollarlos convenientemente, por lo que el único interés reside en ver de qué manera se los querrá cargar Freddy.


Para los que hemos visto la original, el misterio es nulo, así que quizás las nuevas generaciones sí le presten algo más de atención a la escasa trama, además de a los asesinatos. Pero la sensación de que la cinta va cuesta abajo creo que será más o menos igual para todos. Empieza con demasiadas prisas, sin centrarse en nada más que en los crímenes de Freddy y luciendo una notable puesta en escena, eso sí (ahí nada que reprochar) Luego el interés decae y Freddy no puede hacer mucho para levantarlo, aunque sus apariciones sigan siendo lo mejor.

Jackie Earle Haley tampoco puede hacernos olvidar al gran Robert Englund. Eso es algo prácticamente imposible. No obstante, y a su manera, es un buen Freddy.

Apenas queda nada del humor negro característico del personaje, pero eso es algo que se vio más en las secuelas que en la original, por lo que tampoco hay muchos motivos para quejarse. Su caracterización está conseguida y es en gran parte fiel al Krueger de toda la vida, aunque un servidor sigue prefiriendo el rostro de siempre (cuestión de gustos, supongo), ya que éste, aun siendo quizás algo más realista, le resta también bastante expresividad al actor. De hecho, Earle resulta mucho más inquietante, siniestro y amenazador sin maquillaje, es decir, antes de calzarse las famosas cuchillas.

Puede que hoy día la película de Craven no sea ninguna maravilla, e incluso algunas escenas den más risa que miedo, pero era original y resultona, y aún hoy día resulta bastante efectiva. Y de lo único que puede presumir este remake es de un notable diseño de producción y un actor (Earle) entregado a la causa. Por lo demás, es insulso y del todo innecesario.

Samuel Bayer, reputado director de videoclips (fue el que rodó el "Smells Like Teen Spirit" de Nirvana) debuta demostrando buena técnica, pero el desaborido guión le impide ofrecer algo más que un slasher del montón. Para aquellos que topen por primera vez con Freddy Krueger, puede no ser una mala opción para pasar el rato, pero los fans de la original harían bien en ahorrársela.

Krueger es un gran personaje y merecía algo mejor que este anodino remake; el peor, sin duda, de los tres que llevamos vistos de la filmografía de Craven (“Las colinas tienen ojos” fue brutal y superior a la original –cosa fácil, dicho sea de paso-, y “La última casa a la izquierda” fue bastante decente)



Lo mejor: el notable diseño de producción; Jackie Earle Haley como Freddy.

Lo peor: mal contada y con malos personajes; que la segunda mitad aburra.


Valoración personal: Regular

jueves, junio 17, 2010

“El circo de los extraños” (2009) - Paul Weitz

critica El circo de los extraños 2009 Paul Weitz
Desde el éxito de la saga “Crepúsculo”, la obsesión por adaptar novelas vampíricas de carácter juvenil se ha disparado, aunque ha sido la pequeña pantalla la que se ha visto más beneficiada por este boom. Series como “True Blood” (nada que ver con la ñoñería de Stephenie Meyer) o "The Vampire Diaries" están teniendo buena aceptación entre el público más joven, lo que anima a los productores a seguir apostando por este nuevo filón.

En la gran pantalla, los “gusiluz” de Meyer todavía no han encontrado rival que les arrebate el trono, pero de seguro no cesarán los intentos en conseguir otra saga vampírica taquillera.

Por lo pronto, Universal Pictures ha lanzado su primera apuesta: “El circo de los extraños”, basada en una serie de novelas del escritor Darren Shan. La película adapta los tres primeros libros publicados hasta la fecha de un total de 12 novelas que completan la colección (a eso le llamo yo sacarle partido a una idea), si bien el título original, "The Vampire's Assistant - Cirque du Freak", es la fusión de los títulos de las dos primeras (Cirque du Freak y The Vampire's Assistant)

La historia gira en torno a Darren Shan (Chris Massoglia), un chico de 14 años que siente verdadera fascinación por las arañas, y su mejor amigo Steve (Josh Hutcherson), obsesionado éste con los vampiros. Ambos acuden al Cirque du Freak, un extraño circo ambulante recién llegado a la ciudad en el que se pueden ver seres de lo más extraños, como por ejemplo un hombre serpiente o una mujer barbuda.

Durante el espectáculo, Darren queda impresionado por las habilidades de la araña de una de las representaciones, por lo que antes de regresar a casa decide robársela a su propietario, Larten Crepsley (John C. Reilly), un vampiro de 500 años.

Cuando Steve descubre la araña, intenta aplastarla con una escoba, pero durante el ataque el arácnido se defiende propinándole una picadura mortal. Con la intención de salvar la vida de su amigo, Darren acude a Larten en busca de un antídoto, ofreciéndose éste a dárselo con una condición: que el muchacho acepte medio vampirizarse y convertirse en su servicial ayudante. Darren sella el pacto con el vampiro sin pensar en las consecuencias que dicha transformación le acarreará…


Pese a estrenarse en octubre de 2009, la película no llegará a nuestras carteleras hasta el 16 de julio, siempre y cuando no vuelvan a cambiar la fecha de estreno. Por lo general, los retrasos pueden deberse a cualquier motivo, o a veces incluso a ninguno en concreto, pero puede que esta vez la causa de su demora se deba a sus poco halagüeñas críticas, lo que sin duda explicaría también su batacazo en taquilla. Y es que con un presupuesto de 40 millones, “El circo de los extraños” sólo ha logrado 13 millones en suelo doméstico y unos insuficientes 25 millones en el extranjero para cubrir costes. Aunque los pocos países en los que queda por estrenarse quizás le permitan, como mínimo, recuperar lo invertido. Eso sí, de la/s secuela/s mejor ir olvidándose, algo que sin duda lamentarán los seguidores de las novelas (o al menos aquellos que hayan quedado satisfechos con la adaptación)

Lo cierto es que la película no empieza nada mal, incluyendo unos elaborados títulos de crédito que da gusto ver y que preceden a la presentación, voz en off mediante, de nuestro principal protagonista , el cual se encuentra en una situación que ya nos provoca cierta curiosidad.

Esos primeros minutos son un pequeño adelanto de lo que ocurrirá después, por lo que en seguida retrocedemos en el tiempo para que nos cuenten la historia desde el principio, introduciendo a nuestros dos jóvenes protagonistas en ella y su visita al Cirque du Freak, lugar donde las decisiones de éstos desencadenarán el resto de los acontecimientos.
El look siniestro y bizarro de la película es bastante atractivo, y su séquito de estrafalarios personajes son probablemente lo mejor de ella, pero desgraciadamente no se le saca demasiado partido ni a estos últimos ni a las posibilidades que ofrece la historia.


La originalidad de la trama termina más o menos cuando Darren se habitúa al “campamento base” de los freaks. Allí aparece la típica chica por la que el prota se sentirá atraído, observaremos al villano desarrollar su pérfido plan, el amigo Steve pasándose al bando enemigo, desencadenándose la eterna lucha del bien contra el mal, etc.

La idea sobre la que se sustenta es la de una inminente guerra entre dos tipos de vampiros, los que se alimentan de sus víctimas sin matarlas, y los que disfrutan dejándolas sin gota de sangre. Larten pertenece a los primeros, así como su nuevo pupilo Darren, y quiere evitar a toda costa el enfrentamiento que Mr. Tiny, un supuesto individuo neutral, pretende iniciar aprovechándose del desamparado de Steve. Hasta aquí todo más o menos típico pero aceptable. Incluso se agradece que se les dé una vuelta de tuerca a ciertos rasgos característicos de los vampiros. Lo malo es que el desarrollo de la cinta no puede ser más anodino.

Uno de los principales escollos es la poca o nula simpatía que transmite Darren al espectador, algo a lo que contribuye la insulsa interpretación de Massoglia.

Si no fuera porque el personaje de John C. Reilly comparte gran parte del peso protagónico de la cinta, la cosa hubiera sido bastante difícil de digerir. Y debo admitir que Hutcherson no es santo de mi devoción, pero aquí le gana la partida a su rival cinematográfico.

El villano principal no cuenta con la suficiente presencia como para resultar realmente un enemigo amenazador, y menos aún cuando sus mayores aliados son un niñato vacilón y un vampiro (encarnado por un sorprendente –por versátil- Ray Stevenson) que da más pena que miedo.

Por otro lado, los enfrentamientos cuerpo a cuerpo entre ambos bandos, desde el primer encuentro hasta el último, son poco satisfactorios. Están rodados de forma confusa, con una ridícula aceleración de movimientos y con planos poco inspirados, lo que denota la poca habilidad que tiene Weitz para planificar este tipo de secuencias. Y es que este primer acercamiento al cine fantástico en una carrera plagada de comedias mayormente olvidables, evidencia que probablemente él no era el director indicado para tales menesteres (quién sabe si un Brad Silberling, por ejemplo, le hubiera sabido sacar más partido a esta adaptación)

No hay ninguna escena realmente llamativa, ni espectacular ni tampoco emocionante, aparte de que los efectos especiales -digitales y artesanales- son más bien discretos (y en algunos casos pobretones, como el irrisorio hombre-lobo, la cantosa araña venenosa de Larten, los veloces movimientos vampíricos estilo Flash o los duendecillos comeratas que parecen unos mini Gollums de saldo)



Los extraños componentes del Cirque du Freak no aportan casi nada a la trama. Ken Watanabe y Salma Hayek (que luce tan atractiva –sin la barba, claro- como en su debut hace 15 años en “Abierto hasta el amanecer”) están desaprovechados, al igual que Orlando Jones o Jane Krakowski, cuya vis cómica podría haber sido beneficiosa para ciertos segmentos del film. Luego tenemos a un efímero Willem Dafoe en lo que podríamos calificar como un cameo más que otra cosa.

A esto debemos sumarle uno de los mayores lastres que arrastra casi toda pretendida franquicia cinematográfica juvenil: que la primera película empieza pero no acaba.

Lo peor es que tratándose de una saga literaria de 12 volúmenes, se podría decir que la cinta de Weitz no es más que el prólogo. Sienta las bases y poco más, por lo que uno tiene la sensación de que apenas se le ha contado nada. Y lo poco que se le ha contado tampoco era para entusiasmarse.

Quién sabe si el sabor agridulce que deja la película es porque obviaron partes importantes de las novelas o bien porque las que estaban no supieron trasladarlas con acierto ni darles el toque adecuado.

La verdad es que acentuar el aspecto cómico de la misma en vez de tener pretensiones épicas (el bien contra el mal y bla bla bla…), y sobre todo darle un tono mucho más excéntrico y disparatado, le hubiera sentado increíblemente bien a este grupo de variopintos personajes. Y es que la historia no es mala, y seguro que podría haber salido una frikada mucha más amena y entretenida que este intento de película, pues más parece un episodio piloto (mismo caso que The Losers)

“El circo de los extraños” puede llegar a contentar a los lectores de Shan si el tema fidelidad lo han respetado, cosa que no puedo certificar, pero está claro que se trata de una película fantástica realmente floja. Entretiene a duras penas, siendo lo mejor la ambientación, la banda sonora “elfmaniana” (a destacar también el tema Red Right Hand del genial Nick Cave) y John C. Reilly en un registro inusual en su carrera.


Lo mejor:
la ambientación y la banda sonora.

Lo peor:
el protagonista; la sensación de estar viendo el episodio piloto de una serie.


Valoración personal:
Regular

jueves, febrero 11, 2010

"El Hombre Lobo (The Wolfman)" (2010) - Joe Johnston

El Hombre Lobo The Wolfman 2009 Joe Johnston
A diferencia de otras criaturas de la noche como los vampiros, cuya presencia es cada día más habitual en películas o series de televisión, la figura del hombre no ha gozado de mucha popularidad/repercusión desde hace bastante tiempo (productos de videoclub aparte). Y ya no hablemos de encontrar películas que le hagan justicia, pues eso resulta mucho más difícil todavía. De hecho, hay que remontarse hasta los ochenta para encontrar algunas que dejen en buen lugar al mito licántropo. “Un hombre lobo americano en Londres”, “Aullidos” o “En compañía de lobos”, entre otras, se han convertido en clásicos de culto casi por unanimidad, mientras que en años posteriores los intentos de recuperar al monstruo han sido frustrados. Alguna que otra saga, como Ginger Snaps, se ha ganado el favor de algunos aficionados (entre los que NO me incluyo); otras como Underworld provocan disparidad de opiniones (más en contra que a favor). Así que puestos a destacar algún título reciente, me quedaría con Dog Soldiers (simpática serie B con la que debutó Neil Marshall)

Contar con un gran reparto no asegura nada, como bien quedó demostrado en la fallida “Lobo”. Así que dado el escaso interés por parte del público y de las majors, el mercado ha terminado llenándose de subproductos como “La marca del lobo”, “La maldición (Cursed)” o “Skinwalkers”, que han deteriorado en demasía la imagen del hombre lobo.

Es por eso que el remake de un clásico de la universal, “El hombre lobo” de George Waggner, parecía una buena oportunidad para revitalizar la leyenda de este fantástica criatura. A fin de cuentas, el film original era bastante flojito (ni punto de comparación con las dos de Frankenstein, por ejemplo) y tampoco ha soportado muy bien el paso del tiempo (entrañable, si se mira con ojos nostálgicos). Por tanto y pese lo cansino que resulte ver tanto remake en las carteleras, lo cierto es que esta vez estaba bastante justificado.

Desgraciadamente, desde que empezó la producción los problemas fueron continuos. Primero fue la espantada de Mark Romanek, director inicialmente previsto para encargarse del rodaje; luego vinieron los cambios en los andares del monstruo, la reedición de escenas y finalmente la destitución de Danny Elfman como compositor. Tanto cambio no ha hecho otra cosa que provocar la desconfianza. Desconfianza que, para qué negarlo, se han encargado de apaciguar unos trailers bastante alentadores. Aunque ya se sabe que hoy día éstos tampoco son mucho de fiar.


La historia empieza con Lawrence Talbot, quién tras años de ausencia, regresa a su tierra natal por petición personal de Gwen Conliffe, la prometida de su misteriosamente desaparecido hermano. A su llegada, Lawrence es informado que éste ha sido brutalmente asesinado, por lo que decide ir a la caza del culpable. A juzgar por el desagradable aspecto del cadáver y de los rumores que apuntan a que una bestia sobrenatural está matando a muchos campesinos, Lawrence empieza a buscar información entre la población gitana, bastante creyentes en estos temas. Durante su investigación, el poblado es atacado por la supuesta bestia, que no es otra cosa que un hombre lobo. Lawrence se enfrenta a él pero termina con un enorme mordisco en el cuello que casi acaba con su vida. Por suerte, pronto se recupera de sus heridas, aunque no tardará en descubrir que el mordisco le cambiará para siempre…Y es que parece existir una antigua maldición que convierte a las víctimas en hombres lobo las noches de luna llena.

Lawrence pasará de cazador a presa en muy poco tiempo, y mientras huye de sus perseguidores e intenta proteger a la mujer de la que se ha enamorado, deberá rendir cuentas con la criatura que mató a su hermano y que le ha condenado de por vida.


Aunque ya se había anunciado que esta nueva versión vendría clasificada con una “R” por su extrema violencia, lo cierto es que no he podido evitar sorprenderme ante el festín gore que nos ofrece este “nuevo” hombre lobo. Teniendo en cuenta lo restrictivos que son en algunos países con las calificaciones (especialmente en EE.UU.), y la cada vez más molesta obsesión de los estudios por autocensurarse y conseguir películas PG13 que permitan acumular más dinero en taquilla, resulta extraño e incluso arriesgado que una producción de este calibre (supuestamente habrá costado 85 millones de dólares, tirando a lo bajo) opte por ser tan explícita. Personalmente lo agradezco, ya que una película de hombres lobo sin un poquito de sangre es como una de McClane sin tiros ni explosiones (o sin walkie talkie xD)

Obviamente, si la violencia no está justificada, de nada nos sirve. Pero creo que en este caso es muy bienvenida, aunque hay que admitir que en algunos momentos se desfasa un poco y puede llega a ser muy bruta. Y es que este hombre lobo no se anda con tonterías y despedaza todo cuanto se le pone por delante. Podemos decir que es el licántropo más bestia y sanguinario que se ha visto en pantalla en muchos años. Así que esperemos que alguien en Hollywood tome note y nos muestra también así a los vampiros, que algunos ya empezamos a hartarnos de tanto vampiro cursi.

Gore aparte, lo cierto es que la película tiene sabor a clásico, pero a clásico un tanto descafeinado. Pero vayamos por partes…

Como ya pudimos observar en los trailers, la ambientación es impecable; de ciertas reminiscencias góticas, deudoras tanto de los clásicos de la Universal como de la Hammer. Cuenta además con un muy buen trabajo de fotografía de Shelly Johnson, que ya había colaborado con el director en la tercera entrega de Jurassic Park o más recientemente en –la infravalorada- “Océanos de fuego”. Las localizaciones son exquisitas (el caserón de los Talbot, sin ir más lejos), tanto si hablamos de entornos naturales, decorados (la tienda de Gwen) o incluso de las secuencias recreadas por ordenador (la del puente de Londres)

Y aunque ya sabíamos de antemano que el aspecto del hombre lobo iba a conservar el look clásico de los años 40, viendo la película nos cercioramos del magnífico trabajo –no podía ser de otra forma- del maestro Rick Baker para darle ese aspecto feroz pero a la vez humano, acercándose más al hombre-lobo que se supone que es, que al lobo bípedo y gigantón que nos han mostrado otras tantas películas.


Como ya sabréis, se reeditaron algunas escenas para mostrarnos a la criatura desplazarse a cuatro patas. Considero que es un acierto, ya que se usa básicamente para las secuencias en las que ésta necesita correr a gran velocidad, bien sea para huir o para perseguir a sus presas. También opta por éste desplazamiento cuando se lanza al ataque, tal como se nos muestra en el duelo final entre los dos hombres-lobo de la película (esto no es un spoiler, aunque por supuesto no desvelaré la identidad de uno de ellos; si bien tampoco es muy difícil imaginarse quién puede ser)

El proceso de transformación de Lawrence en hombre-lobo está bastante logrado, y recuerda en cierto modo al de la ya citada película de John Landis. Tanto en ese aspecto como en otros detalles que han requerido el uso del ordenador, considero que el resultado es muy competente. Quizás la huida de Lawrence por los tejados de Londres cante un poco más, pero en general los efectos especiales son convincentes y no se abusa de ellos en exceso.

En cuanto a la banda sonora de Danny Elfman, comentar que en algunos tramos recuerda un poco –e intencionadamente, lo más seguro- a la que Wojciech Kilar compuso para “Drácula de Bram Stoker” de Francis Ford Coppola. Lo cierto es que he podido escuchar uno de los temas que realizó Paul Haslinger, el compositor sustituto, y doy gracias a que el estudio rectificara a tiempo. El trabajo de Elfman es de corte muy clásico y sinfónico, y casa a la perfección con el tipo de película que tenemos delante, mientras que el de Hasling sonaba demasiado moderno y guitarrero (no en vano, es el responsable del score de Underworld) Ahora bien, han sido otros compositores quiénes se han encargado de terminar de ajustar la banda sonora, ya que Elfman estaba ocupado con "Alicia en el País de las Maravillas" de Burton, y quizás por eso se intuya cierta monotonía en el resultado final.

En temas de dirección, la labor de Joe Johnston es bastante resolutiva, aunque quizás le cueste un poquito arrancar. Como buen artesano que es (aunque no siempre cuente con un buen guión para poder demostrarlo), Johnston domina con destreza las escenas de acción y sabe mostrar al monstruo en su justa medida. Y es que aunque ya conozcamos de sobra su aspecto, es de agradecer que el director mantenga el misterio hasta bien entrada la trama. Los ataques iniciales muestran la brutalidad del ser pero no desvelan su aspecto; poco a poco, entre niebla y sombras, se nos va mostrando el rostro de la fiera y su corpulento físico, además de sus imprescindibles y mortíferas garras. Ahí es donde cabe destacar uno logrados planos por parte de Johnston, tanto en los ataques como en las distintas persecuciones/huídas.

Ahora bien, ¿es esto suficiente para dotar al film de la grandeza que requiere dicho personaje? Pues no, no es suficiente, y hace falta también un buen desarrollo de personajes, algo de lo que peca bastante este guión. Por otro lado, la trama es muy esquemática: de A a B, y de B a C, con muy pocas sorpresas por medio (y las que hay son del todo previsibles, o al menos a mi me lo parecieron)


Lo más interesante es cómo se trata la maldición de Lawrence desde un punto de vista científico, como una enfermedad psicológica que los loqueros intentan sanar con métodos más propios de la tortura que de la medicina (y no andan muy desencaminados con las verdaderas prácticas de los manicomios de antaño).

Esta parte está conseguida, pero las relaciones entre los personajes son un tanto superficiales. El flechazo a primera vista entre Lawrence y Gwen se podría haber desarrollado un poco más, así como la relación padre e hijo entre los Talbot. Un mayor protagonismo del personaje interpretado por Hugo Weaving tampoco hubiera estado de más; o por lo menos, que su presencia hubiese sido más significativa.

Quizás sea por eso que la labor del reparto queda un tanto deslucida. Todos están muy correctos en sus respectivos roles, pero los personajes podrían haber estado algo más trabajados (la justificación de ciertas acciones pende de un hilo)

En conclusión, “El hombre lobo” no es un peliculón pero tampoco un bodrio. Tantos problemas como ha tenido podían haberle pasado peor factura, pero se deja ver con agrado, sobre todo si, como a mí, te gustan este tipo de películas. Ahora bien, da la sensación que con semejante reparto y diseño de producción se podía haber hecho algo más grande y no tan simple. No sé si a la altura del magistral film de Coppola (Drácula es mucho Drácula), pero sí mejor. Puede que en parte, esa fuera la intención de sus responsables: realizar un mero entretenimiento.


Lo mejor: la ambientación y el maquillaje de Rick Baker.

Lo peor: el poco desarrollo de los personajes; lo esquemático de la trama


Valoración personal: Correcta