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martes, julio 05, 2011

“Blackthorn, sin destino” (2011) - Mateo Gil

critica Blackthorn, sin destino (2011 Mateo Gil
En numerosas ocasiones, el cine del oeste se ha nutrido de famosos personajes históricos de la época de los saloons para trasladar sus legendarias hazañas a la gran pantalla. Personajes como Buffallo Bill, Jesse James, Billy El Niño, Wyatt Earp, Gerónimo, Wild Bill Hickok, Calamity Jane o Doc Holliday han tenido su representación en el celuloide, a veces con mayor fortuna, otras con bastante menos, pero de lo que no han estado faltos muchos de ellos es de oportunidades. De Billy El Niño, por ejemplo, habría que contar alrededor de medio centenar de películas, desde los albores del cine mudo hasta la actualidad.

De Butch Cassidy, en cambio, no se cuentan tantos, pero sí uno en particular que se ha convertido en un clásico de la época, “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy and the Sundance Kid). Al frente de la misma, uno de los mejores dúos cinematográficos de la historia, Paul Newman y Robert Redford, que repetirían unos años más tarde, y con el mismo director, en la sobresaliente –e infinitamente superior, en mi opinión- “El golpe” (The Sting).

Desde entonces, nadie ha vuelto a llevar al cine a Butch Cassidy… hasta ahora.

Según la versión oficial, tras haber huido de Estados Unidos, el legendario forajido Butch Cassidy murió en Bolivia en 1908, tiroteado junto a su amigo y compinche Sundance Kid. Sin embargo, la realidad es otra.... Butch logró salir con vida del asedio, y desde entonces ha vivido escondido y alejado del pasado y de sus prácticas delictivas. Pero ya han pasado veinte años desde aquél incidente, y ahora su único deseo es volver a casa.

En el transcurso del viaje, se encontrará con a un joven ingeniero español que acaba de robar la mina en la que trabajaba y que pertenece al empresario más importante de Bolivia...

A priori, puede parecer que nos encontramos ante un caso parecido al de “El buscavidas” y su tardía secuela “El color del dinero”. Pero nada más lejos de la realidad, pues “Blackthorn” (prescindiremos de la postiza coletilla) no es una segunda parte de “Dos hombres y un destino” como tal, sino que el material que ha servido de base para construir la trama de la película es la historia real de Butch Cassidy, o al menos aquella de la que se tiene constancia. Y de su vida, o mejor dicho, de su muerte, existen dos versiones distintas. La que se dejaba entrever en el filme de Newman y Redford (es decir, que moría acribillado por el ejército boliviano) y la que nos cuentan aquí.

Sam Shepard interpreta a un Butch Cassidy retirado de la vida delictiva y que sólo ansía regresar a casa, donde espera pasar el resto de sus días con los pocos ahorros que ha ido acumulando en este tiempo de exilio. Sus planes, sin embargo, se ven truncados cuando topa con Eduardo, un español al que persiguen por robar una importante suma de dinero que ha escondido en un lugar secreto. A Butch, dicho encuentro le hace perder todos sus ahorros, así que decide ayudar al joven a recuperar el dinero que éste ha robado y a deshacerse de sus perseguidores. En ese momento, ambos inician un viaje que les va a costar mucho más que el dinero que llevan en las alforjas.

Mateo Gil dirige con sobriedad y buen manejo del ritmo (nada irregular, aunque quizás a algunos se les haga un poco lento) esta road movie que cuenta con un excelente el guión de Miguel Barros, responsable del documental “Los sin tierra”, y que por primera vez ejerce de guionista en un largometraje.


La historia destaca sobre todo por unos diálogos en los que se sugiere mucho más de lo que se dice en ellos. Y es que “Blackthorn” está dotada de una gran sutileza tanto en su forma escrita como en la visual, confiando en la perspicacia y la capacidad de análisis del espectador para deducir todo aquello que va implícito de forma más o menos evidente en los diálogos y en las imágenes.

Cansados ya de que nos lo den todo mascado, Gil y Barros apuestan por lo sutil, permitiendo que captemos la esencia de los personajes con sus miradas, sus gestos, sus más simples actos o sus aparentemente triviales conversaciones o confesiones.

Butch es un viejo zorro que ha aprendido de la experiencia y de la madurez que le han otorgado el paso del tiempo, pero es inevitable que se vea reflejado en el joven Eduardo, un torpe ladronzuelo que huye de la ley. Sin embargo, existe entre ambos una gran diferencia; una diferencia SPOILER --- de la no se dará cuenta hasta que quizás sea demasiado tarde y la cuál el otro será incapaz de comprender -- FIN SPOILER. Y es que los tiempos han cambiado, y en el transcurso de ese cambio, los ideales y la manera de entender una forma de vida se han marchitado y han dado lugar a otro tipo de forajido.

En la película se habla sobre todo de la comprensión de ese mundo a través de los ojos de Butch, y quizás por ello se recurre con frecuencia -y de forma muy acertada- a unos esclarecedores flashbacks en los que contemplamos sus andanzas junto a su amigo Sundance Kid y la bella Etta Place (una guapísima Dominique McElligott), la mujer por la que ambos sintieron profundos sentimientos.


Pasado y presente se fusionan en una trama en la que el centro neurálgico de la misma es básicamente Butch, al que ponen rostro un veterano de la talla de Sam Shepard y -en sus años de juventud- el danés Nikolaj Coster-Waldau, popular en la actualidad por su encarnación de Jaime Lannister en la recomendable “Juego de Tronos”.

La credibilidad de Noriega, actor al que considero bastante mediocre, funciona a trompicones, y casi me atrevería decir que parece hacerlo mejor cuando habla en inglés que cuando lo hace en español. Y es que aquí, la variedad de lenguas es otro punto a destacar, ya que toda la acción transcurre en Bolivia, cuyo paisaje termina ejerciendo casi como un tercer personaje que se puede volver tan o más peligroso que los propios perseguidores a los que se deben enfrentar nuestros protagonistas.

El cuarto personaje en discordia, y clave en la historia, está reservado a Stephen Rea, cuya presencia tiene un papel relevante especialmente en el tramo final de la cinta.

A todos ellos les espera un destino inesperado y cruel. Cruel no siempre en el sentido más físico de la palabra…

En un desierto cinematográfico (nacional e internacional) en donde escasea la originalidad y también el talento, Mateo Gil nos entrega un estupendo western crepuscular al que no le afecta la escasez de recursos, pues cuenta con una buena historia muy bien llevada por su director y con unos personajes perfectamente escritos por su guionista. Una ocasión muy bien aprovechada para desempolvar un género al que poco a poco se le está brindando una segunda oportunidad en las pantallas y con la que parece gozar de un magnífico estado de salud.


Lo mejor:
el guión.

Lo peor: la escasa repercusión que está teniendo.


Valoración personal: Buena


sábado, marzo 05, 2011

“Rango” (2011) - Gore Verbinski

critica Rango 2011 Gore Verbinski
Como otros tantos directores de Hollywood, Gore Verbinski pasó del mundillo de los spots publicitarios al del cine de Hollywood de un salto, y tras unos cuantos proyectos de menor calado (una simpática comedia familiar, un estupidez al servicio de la pareja Brad Pitt-Julia Roberts y un correcto remake de una película de terror japonesa), al director le llegó la gloria de forma inesperada con “Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra”, una excelente película de aventuras que fue todo un éxito el año de su estreno (un sleeper en toda regla), y que dio origen a una de las sagas más taquilleras de los últimos años. De hecho, él mismo se hizo cargo de las pertinentes secuelas… a excepción de la inminente cuarta entrega, pues al parecer Verbinski declinó la oferta para tomarse un respiro, alejarse de los piratas caribeños y abordar un proyecto más personal.

Y ese proyecto es ni más ni menos que Rango, una curiosa comedia animada que tiene a un camaleón por protagonista. Su historia comienza así…

Tras sufrir un desafortunado accidente, Rango acaba perdido en el Desierto de Mojave. El camaleón, que hasta entonces había visto el mundo a través del cristal de un terrario, tiene que empezar a buscarse la vida por su cuenta. Guiado por un viajante, Rango llega andando hasta un pueblo perdido llamado Polvo, un lugar tan polvoriento como su nombre indica.

Su llegada despierta la curiosidad de los habitantes, poco acostumbrados a ver forasteros por la zona. Para Rango, la llegada a Polvo supone la oportunidad de empezar una nueva vida, y para ganarse la confianza de la gente, decide construirse una nueva identidad.

Sin embargo, el destino le aguarda más sorpresas, y sin comerlo ni beberlo, Rango acabará convirtiéndose en el sheriff del poblado. Y ese, amigos, será el principio de una leyenda…

La idea de Rango rondaba la cabeza de Verbinski desde hacía tiempo, llegando incluso a escribir un primer borrador del guión. En ese momento, sus compromisos con la saga piratesca le impidieron abordar el proyecto, pero una vez apeado de la franquicia, el director se puso manos a la obra con ello. Y el resultado es esta inusual película de animación.


A grandes rasgos, la historia de este camaleón en plena crisis existencial es la de un personaje desdichado que busca encontrar su lugar en el mundo. El miedo a ser rechazado provoca que Rango se decida a fingir ser quién no es para ganarse el aprecio y el respeto de sus nuevos amigos. Sin embargo, y como dice el dicho, se atrapa antes a un mentiroso que a un cojo, y tarde o temprano éste deberá afrontar la realidad.

Rango también se convierte inesperadamente en el héroe de Polvo, un pueblo sumido en la desgracia por culpa de la escasez de agua. Así pues, el recién nombrado sheriff desafiará la mala suerte y plantará cara a quién haga falta con tal de devolver el preciado bien a sus habitantes. Es entonces cuando se dará cuenta que convertirse en héroe fue relativamente fácil, y que lo difícil será representar a ese personaje hasta el final de su aventura.

En este viaje plagado de peligros, Rango aprenderá lo importante que es creer en uno mismo, y es que a fin de cuentas, de lo que trata la película es básicamente de eso.

Puede que en ese sentido, lo leído hasta el momento no os parezca excesivamente original, y probablemente no lo sea. Pero el film de Verbinski tiene la gran virtud de contar una historia tópica con gracia y buen gusto.


Uno de los mayores aciertos es el haber aprovechado el desértico escenario de Mojave para ubicar la historia en una especie de salvaje oeste contemporáneo y protagonizado por animales antropomórficos.

“Rango” deviene en un auténtico homenaje al western al transitar por los lugares y situaciones comunes del género. Tenemos a un sheriff honrado (aunque no siempre lo eran), a una granjera en busca de justicia, a pistoleros de gatillo fácil, a un indio rastreador, a bandidos con gusto por el saqueo… Tenemos un saloon en el que se juega a póker, tenemos atracos al banco y asaltos a la diligencia (o algo así), tenemos duelos a revólver... Tenemos prácticamente de todo.

Si cada fotograma de la película desprende aroma a puro western (y muy especialmente, a spaggetti western), la banda sonora no podía ser menos, y ahí está el gran Hans Zimmer demostrando una vez más que sabe adecuarse a lo que la historia le exige, y que aunque muchos lo sigan considerando un compositor repetitivo, él es capaz de seguir sorprendiendo con cada trabajo, como ya hizo con el score de “Sherlock Holmes”. Puede que algún tema nos recuerde a los de aquella (el inicio del Rango Suite, sin ir más lejos), pero las referencias de Zimmer no son otras que los maestros del cine del oeste como Ennio Morricone o Dimitri Tiomkin. Y la banda sonora de Rango nos traslada a aquellos tiempos remotos con cada una de sus notas.

Hay temas de carácter épico para aquellas escenas más trascendentales o simplemente para aquellas en las que la acción se apodera de la pantalla. Otros, en cambio, son mucho más jocosos enfatizando así el tono humorístico que caracteriza a la película. De todos ellos, me quedo con “We Ride, Rally”, tema que se inspira claramente en el clásico country “Ghost Rider in the Sky”. Y a destacar también la canción del propio Rango, que no recae en Zimmer sino en Los Lobos, grupo vinculado estrechamente con el cine desde que colaboraran con la película “La Bamba” (recomendable biopic, por cierto), versionando el famoso tema de Ritchie Valens. Suya también es la canción que suena durante los créditos, y que recuerda sobremanera al popular Misirlou (que al igual que el Ghost Rider in the Sky, ha tenido infinidad de versiones)

Cabe decir que la música tiene un papel importante en la película gracias a los simpáticos narradores de la leyenda de Rango: unos mariachis con mucha pluma (dicho esto en el sentido literal) Un recurso similar al que usaron los Farrelly en “Algo pasa con Mary”.


Música a parte, cabe destacar el variado y variopinto grupo de personajes presenta la película, cada uno representado con el animal más acorde a sus rasgos (al estilo Blacksad); las referencias más o menos sutiles al género (a Leone en particular… y no digo más para no chafaros cierta sorpresa), y sobre todo el sobresaliente trabajo de animación hiperrealista que ha realizado la Industrial Light & Magic. El acabado es de una calidad indiscutible, tanto en personajes (de aspecto caricaturizado) como en escenarios, elementos (agua, fuego), etc.

Es posible que nos cueste un poco entrar en la película (quizás debido a un prólogo un tanto alargado y con ciertos altibajos en el ritmo), pero cuando uno se sumerge de lleno en la historia, lo cierto es que se disfruta y mucho. El humor es a ratos delirante y las secuencias de acción están realmente conseguidas (el momento “valkirias” es apoteósico), cosa de esperar teniendo en cuenta que Verbinski ya había cogido experiencia en el tema gracias precisamente a la saga de Piratas del Caribe.

Sin duda, estamos ante una propuesta inusual dentro del campo de la animación, y bien vale la pena acercase al cine más cercano para disfrutar de las alocadas desventuras de este singular camaleón vestido con camisa hawaiana (un claro guiño a “Medio y ascos en Las vegas” de Johnny Depp, su doblador en la película)

P.D.: Me pregunto si habrán escogido a Timothy Olyphant para prestarle la voz al Espíritu del Oeste después de verlo en la serie “Justified”.



Lo mejor: la animación hiperrealista; el homenaje al western.

Lo peor: que al principio cueste un poco entrar en la historia.


Valoración personal: Buena


sábado, febrero 12, 2011

"Valor de ley" (2010) - Joel & Ethan Coen

critica Valor de ley 2010 Joel & Ethan Coen
En 1969, John Wayne protagonizó “True Grit” (aka Valor de ley), un simpático western dirigido por el casi siempre eficiente Henry Hathaway, con quién el actor ya había trabajo en varias ocasiones (a destacar su colaboración en “Los cuatro hijos de Katie Elder”). La película era una adaptación de la novela homónima de Charles Portis, escrita tan sólo un año antes. Por su interpretación del duro y borrachuzo Rooster Cogburn, Wayne se llevó el primer y único Oscar de su carrera (además de un Globo de Oro), lo que muchos consideraron más como un premio a toda su carrera. Cuando El Duque subió a recoger la estatuilla dorada, afirmó que si lo hubiera sabido, se habría puesto el parche treinta años antes. Y es que a esas alturas, Wayne había rodado ya prácticamente las mejores películas de su carrera (a falta de cerrar la trilogía del oeste de Hawks con “Río Lobo” y protagonizar esa especie de autohomenaje que fue “El último pistolero”, su último film), y poco le quedaba ya para retirarse sin apenas haber recibido mayor reconocimiento a su labor que una anterior nominación por una poco conocida película bélica titulada “Arenas sangrientas”.

El éxito de “Valor de ley” propició una secuela igualmente estimable, “El rifle y la Biblia” (Rooster Cogburn, 1975), en la que esta vez era una madurita Katharine Hepburn la que acompañaba a Wayne, formando así una pareja de lo más entrañable (siendo, además, la única vez que ambos coincidieron en pantalla). Pese a repetir la fórmula de su predecesora, su éxito en taquilla fue más bien moderado, y aunque llegó a planearse una tercera parte, ésta finalmente nunca llegó a rodarse.

Ahora, más de cuatro décadas más tarde, nos llega un remake de aquella primera película a cargo de los hermanos Coen, quiénes llevaban tiempo queriendo rodar un western (lo más cercano que han hecho a “una del oeste” ha sido “No es país para viejos”)

Mattie Ross (Hailee Steinfeld), una chica de 14 años de edad, emprende una búsqueda para vengar la muerte de su padre a manos de un vagabundo llamado Tom Chaney (Josh Brolin). Para ello, contrata al alguacil Reuben J. Rooster Cogburn (Jeff Bridges), un oficial de policía tuerto, alcohólico y con sobrepeso. No sin ciertas reservas, Cogburn acepta el encargo de atrapar a Chaney en compañía, pese a su negativa, de la joven muchacha. A estos se les une el agente de los Rangers de Texas La Boeuf (Matt Damon), que también anda detrás del fugitivo.

Siendo un apasionado de los westerns, y habiendo visto tantos y tantos a lo largo de los años, quizás se me ocurran unos cuantos que pudieran ser perfectamente objeto de remake. Pero cuando esto le ocurre a aquellos que, en mi opinión, ya están bien tal como están, la primera palabra que me viene a la cabeza es “innecesario”. Sin embargo, con “El tren de las 3:10”, (actualización del homónimo de Delmer Davis), me llevé una grata sorpresa, y teniendo en cuenta que detrás de esta nueva versión de “Valor de ley” estaban los Coen, traer de vuelta a Rooster Cogburn no me pareció tan mala idea.

Los directores se justificaron argumentado que pretendían ser más fieles a la novela, de modo que esta vez el film no fuese un vehículo a mayor gloria de su estrella principal sino que el protagonismo recayese en el personaje de Mattie. Y para conseguir esto, los Coen han introducido una serie cambios, en algunos casos, sustanciales.

Para empezar, el prólogo y el desenlace le pertenecen a Mattie. Con ella se inicia la historia y con ella termina. Y pudiera ser que estas partes fueran claramente las más diferenciadoras respecto a la original, ya que el resto viene a ser, prácticamente, la misma película. Incluso buena parte de los diálogos son similares (o los mismos).



Esto me lleva a pensar que, quizás, la cinta de Hattaway no se distanciaba tanto del libro que adaptaba. O eso, o los Coen toman tantas referencias de la novela como de la película (entre ellas, el parche en el ojo de Rooster, que fue una aportación de ésta última y que aquí reaparece cambiado de lado, eso sí)

Mediante el habitual recurso de la voz en off, Mattie nos cuenta la historia de cómo su padre murió a manos del canalla de Chaney. Así pues, en cuestión de unos pocos minutos se sitúa al espectador en la historia. Este hecho es el que motiva el viaje de Mattie en busca de justicia para su padre.

La muchacha, increíblemente adulta, valiente y decidida para su edad, reclama a la policía que traiga a Chaney ante la ley para que se le juzgue. Sin embargo, éste ya está demasiado lejos del lugar del crimen y nadie parece dispuesto a darle caza, menos aún cuando en su huida se ha unido a una banda de forajidos. Es por ello que Mattie se ve obligada a contratar los servicios de un alguacil. Y no hay nadie mejor en la ciudad que Rooster Cogburn.

Cogburn es uno de los mejores en su trabajo, pero su eficacia a base de tiros es bastante criticada en los tribunales. Y es que nuestro tuerto oficial es de gatillo fácil; de disparar primero y preguntar luego. Aunque son muchos los bandidos que ha llevado ante la justicia, no son pocos tampoco los que han acabado en un ataúd antes de poder ser juzgados.

Y este es el tipo de hombre que busca Mattie. Un agente de la ley duro y sin contemplaciones. El único que sabe que podrá capturar a Chaney, ya sea vivo o muerto.

Pero un tercer e inesperado aliado se une a la caza. Ese es La Boeuf, un engreído y charlatán Ranger de Texas que lleva tiempo detrás de Chaney por el asesinato de un senador texano.
Pese a las continuas desavenencias, los tres unirán fuerzas para que Chaney rinda cuentas ante la ley.



“Valor de ley” es una road movie en la que el espectador contempla el viaje que inician tres personajes a la caza de un despreciable bandido. Tres personas muy distintas entre sí, pero a las que les une su sentido de la justicia. Puede que en la captura de Chaney cada uno tenga sus propios intereses (dinero, venganza o reputación), pero en el fondo, los tres perseguirán un mismo ideal: el de hacer lo que es correcto.

Para Rooster, Mattie y La Boeuf será, además, un viaje de aprendizaje. El primero antepondrá su sentido del deber al dinero; la segunda descubrirá que bajo una desaliñada y dura coraza de alguacil, late el corazón de un gran hombre; y el tercero comprenderá que la arrogancia sólo puede conducirle a una muerte segura.

Sin abandonar las pinceladas de humor que caracterizaban a la original, esta visión de los Coen es algo más cruda. Incluso con un cambio que podría considerarse trivial, como es el pasar de la alegre y viva primavera al frío y lóbrego invierno como estación en la que transcurre toda la acción, se advierte ya el tratamiento que los directores quieren darle a la historia. Y a ello se le una serie de modificaciones, como el distinto devenir de algunos personajes o un cierre mucho más melancólico, que contribuyen a hacer de “Valor de ley” un western más crepuscular y solemne. Un buen ejemplo de cómo, con un remake, se puede honrar a su predecesor y a la fuente madre a la vez, es decir, a la novela.



Los Coen han encontrado una historia a su medida y han construido un film en el que sus intérpretes juegan una gran baza.

La elección de la desconocida Hailee Steinfeld ha sido todo un acierto y un gran descubrimiento dada la naturalidad y convicción con las que la joven actriz lleva adelante su rol.

Estar a la altura de El Duque tampoco era fácil, pero si alguien podía encarnar de nuevo a al viejo e implacable alguacil, ese era Jeff Bridges, cuya previa interpretación en “Corazón rebelde” auguraba ya un genial Rooster Cogburn.

Matt Damon quizás lo ha tenido algo más fácil en el papel que antaño interpretó Glen Campbell, cuya verdadera vocación era la de cantante. Pero sin tener en cuenta eso, podemos decir igualmente que Damon ofrece una interpretación muy correcta y acorde con lo que se le pide, al igual que Josh Brolin y Barry Pepper en un plano más secundario.

Si acaso, el único pero, y perceptible sólo en la V.O.S, es que quizás el habla de Bridges y Brolin se siente algo forzado. Una enfatización demasiado pronunciada, a mi gusto (y que conste que esto es una apreciación muy subjetiva)

“Valor de ley” es otra muestra evidente de que aún se pueden seguir haciendo buenos westerns, aunque en este caso sea una nueva versión de uno ya existente.

Lo que en manos de Hattaway era una historia entrañable y simpaticona (aunque también crepuscular), en manos de los Coen es algo más dura y melancólica. Ni mejor ni peor, diferente.


Lo mejor: que el western siga siendo un género activo y con presencia en los Oscars.

Lo peor: que por ser una western -género tildado de anticuado- mucha gente se la pierda.


Valoración personal: Buena

viernes, marzo 21, 2008

“3:10 To Yuma” la llama del western sigue ardiendo

Pese a tener en su reparto a dos estrellas del mainstraim hollywoodiense y, en mayor medida, dos excelentes actores (ambas cosas no siempre andan cogidas de la mano), “3:10 To Yuma” sigue sin estrenarse en nuestro país aún después de la notable acogida -por parte de público y crítica- en su tierra natal. Parece que algunos proyectos, en particular los westerns, están malditos en nuestras carteleras; véase sino el fugaz paso por pocas de nuestras salas de cine de “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” o el no menos de un año de retraso en su estreno de “Enfrentados”.

Un género al que ya daban por muerto y que a día de hoy parece resurgir con nuevos y buenos aires, aún debe pelear duramente no sólo ya para hacerse un hueco en nuestras salas, sino por hacerse un hueco en los intereses del espectador. Por no hablar, obviamente, de la reticencia de los productores yanquis en dar salida a un género décadas después de la era dorada de éste.

James Mangold (Identidad, En la cuerda floja) es el responsable de esta revisión del título homónimo del artesano Delmer Daves (director que probablemente nunca figure entre los grandes del género -Ford, Hawks, etc-, pero que nos dejó un legado sumamente meritorio), y no sólo por su buen trabajo en esta producción merece ser felicitado, sino también por apostar por un producto diferente en una época en la que la industria en general se mueve impulsada por los designios del vox populi y las abultadas cuentas corrientes que estos les ofrecen.

En estos tiempos de abundantes y pudentes refritos supuestamente actualizadores, pocas veces podemos presenciar un buen remake, y doy fé con satisfacción que esta es de esas pocas. Quizás la mayor virtud de Mangold sea haber hecho una película de personajes y no de acción, y eso en una película de género (llámese terror, llámase aventuras o acción...) es muy pero que muy difícil de ver. En esta cinta, como ya digo, los personajes son la piedra angular de toda la historia y priman por encima de la acción que en ella se reproduce.

Dan Evans, un pobre y humilde ranchero de Arizona decide tomar parte en el traslado de un peligroso ladrón y asesino llamado Ben Wade, en favor de una recompensa que podrá liberarlo de la precaria situación económica en la que se encuentran él y su familia.
Para desgracia de Evans, la misión no será nada fácil, ya que hasta llegar a su lugar de destino deberá hacer frente no sólo a la banda de Wade -que pretenden rescatarlo cueste lo que cueste-, sinó también a implacables indios, a furiosos vengadores y en última instancia, a su propia moralidad, que será puesta a prueba en más de una ocasión.

A medida que la película avanza, vamos conociendo un poco más de Wade y Evans. Ambos son personajes totalmente opuestos, pero empiezan a desarrollar una extraña relación de respeto mútuo, especialmente de Wade hacia Evans. Sus convicciones son bien distintas, pero las mismas los han llevado a cruzarse en el mismo camino, para bien o para mal.

Para Evans, es una manera de hacer algo por su familia y de demostrar a todos y muy especialmente a su hijo mayor, que es un hombre valiente además de honrado. Aún estando tullido por culpa de la guerra, es capaz de llevar a cabo tan peligrosa misión sin pestañear.

Para Wade, tal como iremos viendo según avance el metraje, será una especie de camino hacia cierta -que no completa- redención. La inusitada integridad de su captor (Evans) le hará plantearse algunas cosas, aunque eso no quiere decir que abandone sus propósitos, ya que por encima de todo ansía la libertad. Wade, a diferencia de sus impulsivos compinches, es un hombre sereno y calculador, con dotes de líder y con la mano más rápida de todo el far west.


Juntos toman rumbo al tren de las 3:10 que da título a la película. Para sobrevivir al duro trayecto deberán ayudarse mutuamente, sin que por ello cambien sus objetivos primordiales: los de uno, cumplir con la misión y cobrar la recompensa; los del otro, escaparse y proseguir con sus fechorías.

Ni que decir que los dos actores cumplen de forma impecable con sus respectivos roles. Es evidente que a Crowe le ha tocado el personaje más agradecido (a diferencia de “American Gangsters”, donde éste recaía en Denzel Washington...ya se sabe, los malos siempre molan más), pero eso no le hace quedar por encima de Bale, ya que ambos rinden a un mismo nivel independientemente de sus personajes. Claro que el carácter de Evans puede que se nos antoje devaluante para las más que demostradas capacidades de Bale ante la cámara, pero haciendo caso omiso de ello, podemos comprobar que tanto Crowe como Bale se comen al resto del reparto y llenan la pantalla cada vez que la comparten. Su química es excelente, lo cual era necesario para que la película funcionase.

También destacaría la labor de Ben Foster como la mano derecha de Crowe y que es, sin duda alguna, el más psicópata de la banda. Es recomendable verla en v.o., ya que su voz es bastante más amenazante que la de sus habituales dobladores españoles.
Ahora bien, el muchacho corre el peligro de encasillarse (sino lo ha hecho ya), con lo que no estaría de más que aceptara roles bien distintos para sus futuros proyectos.

El veterano Peter Fonda también se pasea por la película haciéndonos olvidar su ridícula presencia en aquel engendro llamado “Ghost Rider”. Y Logan Lerman como el hijo de Bale/Evans realiza también un papel correcto.

Por lo demás, mencionar una banda sonora de Marco Beltrami muy acertada y unas secuencias de acción rodadas con oficio, si bien no tan espectaculares como las que nos brindaban Walter Hill o Sam Peckinpah (y no vengo a referirme al uso de la cámara lenta, que conste)

Un buen western, con profundidad en sus personajes y con suficientes dosis de acción y buen cine como para que sus dos horas se nos pasen volando sin que apenas nos demos cuenta.

Recomendada para los amantes del género y para los que aún quieran descubrirlo.


Lo mejor: Bale y Crowe y su excelente compenetración; el vibrante tramo final.

Lo peor: que el tullido de Evans se desenvuelva con facilidad en todo tipo de situaciones.


Valoración personal:
Buena

martes, marzo 04, 2008

"Seraphim Falls", perseguidos por su pasado

Bajo el título de “Enfrentados”, se estrena este mismo viernes un atípico western que parecía que nunca llegaría a nuestras carteleras. En él se dan cita dos actores que no han parado de trabajar en estos últimos años, aunque ninguno ha conseguido un éxito rotundo como absoluto protagonista.
Ellos son Liam Neeson en el papel del Coronel Morsman Carver y Pierce Brosnan que encarna a Gideon.

La historia nos situa tres años después de haber cesado la Guerra Civil Norteamericana. En este contexto situamos al Coronel Carver, un hombre que, en busca de venganza, decide contratar a varios hombres para que le ayuden a capturar al tal Gideon.

A través de nevadas montañas rocosas -que recuerdan a la sobresaliente “Las aventuras de Jeremías Johnson“- dan por fin con el misterioso hombre, pero al hacerlo se dan cuenta que capturarle no va a ser tan fácil como parecía, pese a que ellos le ganen en número y vayan mejor armados.
Así pues se iniciará una persecución sin tregua que se extenderá hasta los desiertos más áridos y polvorientos del viejo oeste, cruzando valles de peregrinaje, topando con variopintos personajes y dejando un reguero de sangre tras de sí.


Nada más empezar la película ya somos testigos del inicio de la caceria, prescindiendo así de inncesarios preámbulos que aquí, del modo en el que se nos cuenta la historia, no resultan necesarios.
Todo lo que sabemos es que un grupo de hombres capitaneados por Carver van detrás de Gideon, un sujeto con el que el coronel tiene una cuenta pendiente que desconocemos.
Gideon desconoce por completo quien anda detrás de él, pero tampoco tiene intención de detenerse para averiguarlo. Su único preocupación es salvar el pellejo sea como sea, huyendo de sus perseguidores como reacción inmediata o enfrentándose a ellos si, en algún momento dado, no le queda otro remedio.

Sería lógico pensar que una historia tan lineal como ésta no aguantaría las casi dos horas de metraje que dura la película. Sin embargo, el debutante David Von Ancken (experimentado en el campo televisivo con series como The Shield, Numb3rs o Sin rastro) consigue llevar la historia con buen pulso a lo largo de estos largos y aprovechados minutos, mostrando con crudeza y libre de efectismos el juego del gato y el ratón que mantienen nuestros dos protagonistas.
Anckon recurre a un ritmo pausado pero sin concesiones que no se quebranta gracias a que mantiene la mirada fija en los personajes principales, sin desviarse hacia subtramas que no interesarían lo más mínimo y que a menudo y en otras películas, suelen ser un estorbo en la trama principal.

Aquí lo que importa es el avance de la propia caza e ir conociendo las motivaciones que impulsan a Carver a perseguir a Gideon sin que nada ni nadie le detenga.
¿Que justificación puede tener el ir en busca de un sólo hombre sacrificando la vida de otros por el camino? ¿Cuál es ese odio latente que ciega la cordura de un hombre y enfría su corazón hasta el punto de que la venganza sea el único motivo por el que vivir?
Ese pequeño misterio que encierra la película se nos va revelando en cuentagotas a modo de breves flashbacks. Obviamente, el tramo final nos depara un único flashback esclarecedor mediante el cuál conocemos el pasado que guardan ambos rivales y el motivo que los ha llevado a ser enemigos hasta la muerte.

El cara a cara final es lo que uno lleva esperando toda la película y su desenlace no podría ser de otra forma en relación al dilema moral que se plantea. Claro que opciones siempre hay varias y quizás algunos se hubieran decantado por otro tipo de conclusión.


Un servidor queda complacido del modo en que todo termina, aunque bien es cierto que en esos últimos minutos parece que el film vaya a tomar un rumbo metafísico que parece hacer peligrar el logrado tono áspero y nihilista del resto. Aunque no voy a desvelaros nada, vengo a referirme al más bien prescindible personaje que interpreta Angelica Huston y que resulta chocante, a la par que superfluo, cuando hace acto de presencia. No hay duda que se podía llegar al mismo final quitando esa parte, aunque por suerte no es lo suficientemente molesta como para empeñar el resultado conseguido por Anckon y por la muy buena labor de su reparto.

Sobre esto último, resaltar una muy acertada interpretación de Pierce Brosnan, demostrando una vez más que hay vida después de Bond.
Sobran las palabras para el sobrio y siempre efectivo Liam Neeson.

El resto de actores no son más que simples peones que irán cayendo en medio de la encarnizada lucha que mantienen Gideon y Carver, aunque si cabe resaltar a alguno en especial, ese sería Michael Wincott.


Parece que el western vuelve a tener un hueco en nuestras carteleras, lo cual me alegra, pues parecía que se había quedado anclado a mediados de los noventa y que no había forma de sacarlo de ahí (algún film puntual como la infravalorada “Open Range” vaticinaba algo que se ha hecho derrogar bastante tiempo)
Esta resurrección de sus propias cenizas de momento trae consigo interesantes westerns como el que nos ocupa, que si bien en este caso no la consideraría una gran película, sí me deja un muy buen sabor de boca que me hace tener de nuevo esperanzas en un género que pese a lo poco que se prodiga, lo hace por lo menos con dignidad.

Advierto eso sí, que los que vayan esperando una versión de “Acorralado” en el far west que se quiten esa idea de la cabeza. Esta es una película de venganza y redención, de dos hombres atormentados por un pasado que quieren olvidar. Hay acción y poco diálogo (el justo), pero eso no quiere decir que uno se vaya a pasar dos horas de acelerada persecución con tiros y más tiros.

Recomendada especialmente los que no tengan prejuicios ni hacia el western ni hacia Brosnan.


Lo mejor: un ritmo pausado que no decae; un Brosnan y un Neeson que soportan el peso de toda la película.

Lo peor: la inclusión del personaje de Angelica Huston (aunque ella esté muy bien, como siempre)


Valoración personal: Buena