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miércoles, abril 02, 2008

"La Noche es Nuestra", la familia es lo primero

Ambientada en el Nueva York de finales de los 80 (algo poco explotado salvo por las buenas
canciones que suenan) James Gray nos trae una película policiaca sobre maderos contra narcos, ley contra corrupción, buenos contra malos... En lineas generales viene a ser el habitual thriller dramático contra las mafias de la droga y los esfuerzos por parte de los agentes de la ley de erradicarlas.

Se trata de un (sub)género bastante explotado y en el que poco cabe la innovación, así que en lo que atañe a eso, la nueva cinta de Gray ofrece pocas sorpresas.
Ahora bien, el tratamiento de la historia y el desarrollo de su personaje principal hacen de ella una notable película que puede que no se nos quede marcada en las retinas, pero desde luego merece ocupar un puesto privilegiado entre similares propuestas. Y es que al igual que “American Gangster”, viene a ser más de lo mismo pero con calidad, algo de lo que hoy en día son capaces muy pocos directores.

Tras las más que correctas “Cuestión de sangre” y “La otra cara del crimen”, Gray ha vuelto a contar con dos de los protagonistas de la segunda: Mark Wahlberg y Joaquin Phoenix. A diferencia de la anteriormente citada, aquí es Phoenix quien cobra mayor protagonismo, ejerciendo Wahlberg un rol más secundario de lo que un servidor esperaba.
Y al igual que en aquella, tampoco podía faltar un poco de presencia femenina para darle un toque romántico a la cinta. Así, la Charlize Theron de “La otra cara...” es sustituida aquí por Eva Mendes, notándose así un salto cualitativo importante (sobra decir quién sale perdiendo en la comparación) Y al veterano James Caan lo sustituye un no menos veterano y siempre efectivo Robert Duvall.


La historia parte de una Nueva York invadido por una nueva droga que se distribuye por la ciudad y que es imposible de sacar de las calles a menos que se logre desmantelar todo el tinglado que tiene montado un tal Vadim Nezhinski (Alex Veadov), que es quien la importa y la vende.

El encargado de llevar el caso es el teniente Joseph Grusinsky (Mark Wahlberg), hijo del legendario jefe de policía Burt Grusinsky (Robert Duvall). Para capturar a Nezhinski recurre a su hermano Bobby Green (Joaquin Phoenix), que trabaja dirigiendo uno de las disctecas del tío de Vadim sin saber a lo que éste se dedica. Pero Bobby mantiene una fría y distante relación con su familia, hasta el punto de renegar de ella, usar el apellido materno y ocultar a todos quienes le conocen (salvo a su novia Amanda/Eva Mendes) su parentesco con agentes de la policía. Es por ello que se niega a colaborar, ya que ni les debe nada a ellos ni tiene ningún interés en hacer peligrar su acomodado modo de vida actual.

Obviamente, esto tensará aún más las relaciones entre Bobby y su familia. Sin embargo, en el momento en que la vida de su hermano y su padre peligren por culpa de Vadim y sus matones, Bobby tendrá que replantearse su papel en toda esta historia y decidir si quiere estar del lado de los buenos o del lado de los malos. Elija el bando que elija, su vida ya no será lo divertida y despreocupada que era hasta ahora.


La trama es sencilla, sin demasiadas complicaciones y con unos guiros argumentales bastante predecibles aunque igualmente efectivos. El guión escrito por el propio Gray (como en sus anteriores films) se muestra eficaz tanto a la hora de relatarnos la historia como a la hora de mostrarnos las relaciones que emparentan a todos sus personajes.
La tensión se masca en cada enfrentamiento entre Bobby y sus familiares (además de con su novia en ciertos momentos) y la película se vuelve más negra y claustrofóbica a medida que pasan los minutos.
Los acontecimientos que se suceden obligan a nuestro protagonista (un excelente Joaquin Phoenix) a tomar duras decisiones que afectarán no sólo a su vida sino a la de todos los que le rodean. Sus convicciones y prioridades cambiarán de un día para otro, y llevado por el amor hacia su familia no dudará en poner en riesgo su propio pellejo.


Lo más interesante de esta película es pues, la evolución de este personaje y las consecuencias que tendrán sus acciones/decisiones. Cambios drásticos en su vida contribuirán a ayudar a los buenos, a traicionar a los malos y por último, a destruir todo lo que construyó en un pasado. Bobby Green dejará de existir para dejar paso a un nuevo Bobby Grusinsky.

Llegados a cierto punto de la trama, Gray decide prescindir de la subtrama que une a los personajes de Phoenix y Mendes para centrase en el principal hilo conductor del film, algo que puede ser visto como un defecto o una virtud. Yo soy de los de la segunda opinión, más que nada porque agiliza el ritmo de la película y en el tramo final ya lo resuelve a modo de elipsis con un par de planos bastante esclarecedores (y porque no decirlo, pesimistas)

Por otro lado, Mendes aunque aquí abandona un poco su habitual rol de chica florero para hacer algo cercano a una buena interpretación, no tiene un personaje de suficiente peso como para concederle más minutos de los necesarios. Al fin y al cabo, todo gira alrededor de Bobby y su familia y todos los sentimientos contradictorios que afloran en él durante los 117 minutos de metraje.

Casi dos horas de buen cine, aunque la captura del traficante devenga en algo más efectista y forzado de lo que se temía. Dos horas de un Joaquin Phoenix absolutamente convincente y unos secundarios bastante correctos. Dos horas de cine de polis y cacos con una atmosfera oscura y visceral.

Una notable alternativa en nuestra pobre cartelera para los que gusten de este tipo de películas.
No hay nada nuevo bajo el sol, pero se agradece que de vez en cuando se hagan bien las cosas.


Lo mejor: Joaquin Phoenix; que el ritmo no decaiga en ningún momento.

Lo peor: pocas novedades dentro del género


Valoración personal: Buena

domingo, enero 06, 2008

“American Gangster”, el rey de Harlem

Que mejor que empezar el 2008 que con una muestra de buen cine. Para ello, aquí os traigo la que es, de seguro, una de las mejores películas del -bastante pobre- 2007.


El film, dirigido por el irrregular Ridley Scott, nos cuenta la historia de dos hombres que viven en dos mundos muy distintos pero que a su vez comparten una ética similar.
Por un lado, tenemos a Frank Lucas, un reciente capo de la droga que se está convirtiendo en el amo de las calles de Harlem gracias a una heroína de primera calidad vendida a un bajo precio.
Y por el otro, al rudo Richie Roberts, un honrado policía decidido a acabar con el tráfico de drogas.


Como ya sucede en este tipo de películas, la figura del malechor, aquí Frank Lucas (Denzel Washington), se idealiza de tal forma que el público pueda empatizar con él sin mera carga de conciencia (no olvidemos que se trata de un narco y un asesino que existió de verdad)

Lucas se nos presenta como un hombre tranquilo, paciente, inteligente, familiar y religioso, pero que cuando hay que imponer orden, no se priva de nada. Lo veremos matar a sangre fría o golpear a componentes de su propia familia (primos, hermanos..)

Tras la muerte de uno de los mafiosos negros de la ciudad, del que Lucas era chófer, el mundo del tráfico de drogas sigue su curso sin apenas cambios trascendentales. Lucas, a quien dicho mafioso suponía más que un jefe, un mentor, decide montar su propio negocio. Para ello, cuenta con la colaboración de algunos militares norteamericanos destinados a Vietnam para que le traigan la heroína que ahí se vende (y con la que los propios militares se colocan).
Dicha heroína es de alta calidad y Lucas sabe que vendiendo un producto mejor a un precio más bajo, no tendrá rival en el mercado. No tarda pues en adueñarse de las calles y erigirse como el mayor y mejor distribuidor de heroína de la ciudad.
Quienes antes le ignoraban y consideraban un mero principiante, ahora pugnan por convertirse en sus socios. Otros no pretenderán otra cosa que acabar con él, pues les supone una competencia que les arruina


Fran Lucas es un traficante extraño entre los traficantes. Su presencia cuidada y a priori, apacible, difiere bastante de los de su misma condición. No es ni mejor ni peor que ellos, pero sí se rije por unos códigos de conducta que respeta y pretende hacer respetar, y eso ya le diferencia del resto. Tampoco le importa el equilibrio del mercado de la droga, pues sabe que se está haciendo de oro y que gracias a ello no sólo su estatus ha subido como la espuma, sino que además puede darle una vida mejor a su familia.


No hay duda que el personaje de Lucas es el más mimado de la película y que Denzel Washington lo encarna como si hubiera nacido para ello. El actor tiene la oportunidad de alejarse de esos papeles de buen policía que tanto le han caracterizado en los últimos años, para mostrarnos con soltura las dos caras de un mafioso del Harlem de los 70.
No dudo pues que este papel le confiera una nominación al Oscar, aunque dudo vaya a llevárselo. No porque no lo merezca o hayan otros mejores que él (que probablemente sí), sino porque ya sabemos como son los de la academia, que otorgan muchas de las estatuillas para redimir errores del pasado... y con Washington ya cumplieron hace unos años. Véase sinó también el Oscar de Scorsese por “Infiltrados”, habiendo habido otras tantas veces que se lo mereció mucho más y se quedó en ascuas.


Nominaciones a parte, también tenemos a otro buen actor como es Russell Crowe, que por tercera vez se pone a las órdenes de Scott. Su papel es el de Richie, un policía con otro código ético que le impide quebrantar la ley para su propio beneficio. Ni siquiera por un compañero.
Su honradez en su trabajo le reporta recelo y muchas veces desprecio por parte del resto de agentes que, a diferencia de él, tienen una gran facilidad para dejarse corromper.

Pero no nos engañemos, pues Richie tampoco es el hombre del año. Tampoco su vida personal es mejor que la profesional. Es un padre descuidado que desatiende a su hijo, además de un mujeriego. Intuímos pues, la infidelidad como causa de divorcio entre él y su desesperada esposa (la bella Carla Gugino)


Ambos actores sólo se ven las caras hacia el final de película, por lo que el resto de metraje constituye la evolución de los personajes por separado, su trayectoría en los suburbios, la forma de desenvolverse en su oficio, etc.

Tanto Richie como Lucas son dos tipos que no encajan en sus respectivos mundos, pero son buenos haciendo lo que hacen. Uno, porque ha aprendido del mejor maestro, y el otro...el otro no lo sabemos. De hecho, sabemos más bien poco de Richie, algo que encierta manera nos distancia de su personaje, aunque si bien es cierto que la personalidad está lo suficientemente dibujaba como para saber cuál es el papel que irá jugando en todo momento.


Es curiosa como la caída de Frank Lucas se sucede cuando éste, traicionando sus propias normas para complacer a su esposa, decide llevar puesto un ostentoso (y hortera) abrigo que ésta le regala y que lleva puesto durante el visionado de un combate de boxeo. Y es que en un momento de la película, Lucas le dice a uno de sus hermanos (interpretado por Chiwetel Ejiofor) que "El que viste más destacado en la sala siempre es el más débil".
Maldita ironía que dicho abrigo suponga el inicio de su declive. Acudir a la cita con un cartelito colgando del cuello que pusiera “Soy Frank Lucas, el gran capo de Harlem” hubiera tenido las mismas consecuencias.


El corrosivo mundo de la droga y la época en la que la historia se desarrolla está perfecamente plasmado en el film (antención a las escenas dónde aparecen los drogadictos o los pisos donde se envolsa la heroína).
Scott maneja el cotarro con bastante pulcredad y de forma tan funcional como efectiva. Hay secuencias con brío, aunque en general a la película le falta la fuerza y garra que sí han tenido otros buenos ejemplos del género. Y es que Scott tampoco es que sea un Coppola o un Scorsese (ni un De Palma en sus buenos tiempos), pero tampoco importa demasiado, pues al fin y al cabo la película, sin ser lo grande que pudiera haber sido en manos de los citados, sí se me antoja una más que digna propuesta que merece un lugar privilegiado dentro del (sub)género de “mafias”.

Su largo metraje no molesta en absoluto, pues se hace entretenida de principio a fin, aunque hayan algunas subtramas que no interesan demasiado y que se resuelven de forma una tanto súbita, “americanizada” y de dudoda fidelidad con la realidad (véase la secuencia del juzgado por la custodia del hijo de Richie).
En cuanto a eso último, la fidelidad con los hechos reales en los que se basa, siempre se puede poner en duda como con cualquier otra película. Sabemos de sobra como (re)interprentan los americanos esos hechos reales. Y es que, queramos o no, el cine es un medio para cautivarnos y quizás de otra manera que no fuese edulcorando y abrillantando la historia, sería más dificil conectar con lo que se nos está contando. De todas formas, tampoco hay artificios que puedan llegar a molestarnos, ya que en ese aspecto, Scott y el guionista han sido bastante cuidadosos.


Quizás la parte final en la que los dos protagonistas parecen confraternizar, está un poco cogida por los pelos, o dicho de otra forma, no lo suficientemente desarrollada para resultar más convincente (con ello no pongo en duda la veracidad de los hechos).
A fin de cuentas, la historia que nos cuenta Scott nos la sabemos casi de memoria, ya que no deja de ser bastante tópica (ascenso y descenso de un mafioso). No por ello desmerece, aunque como es obvio, la comparación con otras películas le resta puntos.


Si os gustan este tipo de películas, creo que saldreis satisfechos. Y sí admirais el trabajo de sus dos actores protagonistas, de seguro pasareis un buen rato.

Mención especial también a algunos secundarios como el antes mencionado Ejiofor, Jon Polito, un estupendo Josh Brolin como poli corrupto (este hombre se está labrando un buena carrera, que nunca es tarde) o un recuperado -del pozo de los caídos- Armand Assante. Hasta Cuba Gooding Jr., que después de ganar un Oscar al mejor actor secundario por “Jerry Maguire” ha hecho más basura que no otra cosa, hace un papel correcto (aunque breve).

Si acaso, el único fallo que encuentro en el reparto es la chica que representa la mujer de Frank Lucas; bastante sosa y a mi gusto (esto es muy personal), no especialmente guapa para interpretar a una ex-Miss (de Puerto Rico, en este caso)


Lo mejor: Denzel Washington; la ambientación; la visión de los dos mundos y el desarrollo de los personajes.

Lo peor: que suene a ya visto.


Valoración personal: Buena

domingo, diciembre 31, 2006

“Carlito's Way”, atrapado por De Palma


Carlito's Way, o como aquí en España se tituló, “Atrapado por su pasado”, es una excelente película de Brian De Palma y es de obligado visionado para todos los amantes del séptimo arte.


Para empezar, una breve sinopsis para el que desconozca esta imprescindible pieza.

Carlito Brigante es un ex-traficante de heroína que acaba de salir de la cárcel dispuesto a empezar una nueva vida alejada de la delicuencia. Pero ese nuevo camino a seguir no será nada fácil.

El mundo que le rodea ha cambiado pero la violencia, las mafias y el negocio de las drogas siguen estando presentes y siguen acechándole a cada paso que da.

Como bien nos indica su traducción española, Carlito es un tipo atrapado por su pasado. Su lealtad hacia sus amigos y la lealtad de estos hacia él serán su perdición.


Carlito's Way no es solamente una película de mafias o una película sobre una historia de amor, ni siquiera sólo sobre la violencia o el mundo de las drogas; sinó que es una película sobre la lucha que emprende un hombre por alcanzar su sueño y lo amarga que se vuelve esa lucha.

De Palma nos presenta el film de forma contundente mediante el desenlace final de Carlito y, aún así, consigue durante todo el film, tenernos enganchados a la trama sin pestañear.

Sus vertiginosos movimientos de cámara y sus arriesgados planos son marca de la casa y la secuencia de Grand Central Station es una brillante muestra de efectividad tras la cámara.


Un buen guión y un Al Pacino pletórico son, sin duda alguna, las armas con las que cuenta su director para narrarnos una dura historia de supervivencia en esa jungla de asfalto que son los barrios bajos de la década de los 70.

Unos 140 min. aprox. que en nigún momento se nos hacen largos. De Palma aprovecha cada uno de los minutos con los que cuenta para darnos una lección de cine.

Un mundo nefasto plagado de seres despreciables son la muestra evidente de cada uno de los obstáculos que Carlito debe ir superando si quiere convertirse en un nuevo hombre.

Incluso la cara más dulce y tierna de ese mundo, el amor por su amada, son la prueba de vida que Carlito debe superar con éxito.

Ser un ex-traficante, moverse en un mundo de mafias y drogas y llevar un local nocturno llamado “El Paraíso”, no es una tarea nada fácil para un hombre que quiere reformarse, y más si el abogado que te sacó de la cárcel se ha vuelto un mafioso y un cocainómano acabado.

Y ahí radica otro de los puntos fuertes de la película. Un físicamente irreconocible Sean Penn nos deleita con una de sus soberbias interpretaciones.


Violencia, amor, lealtad, traición...una mezcla ensamblada con eficacia y sin que ninguna de las partes pierda su aliciente ni su peso en el desarrollo de la trama.


Una música que nos arrastra al dramatismo y a la emotividad de cada una de las escenas en las que hace acto de presencia.


Si ésta no es la mejor película del mejor De Palma de antaño, es porque ahí están sus “intocables”.

Elegir entre Elliot Ness y cia y el sr. Brigante es muy dificil. Y no nos olvidemos de “El precio del poder”.

A ver cuando recuperamos al mejor De Palma, que parece que nos abandonó hace tiempo.

Recomiendo ésta película a aquellos que les gusten las historias bien contadas y a aquellos que últimamente se pregunten porque una vez se enamoraron del séptimo arte. Quizás viendola, recuperen esos motivos que una vez les llevaron a amar el cine.


Si vale, ha quedado un poco exagerado, pero es que ésta película es del 93 y ahora apenas se hacen excelentes películas como esta. Ahí queda la cosa.


Lo mejor: el brillante pulso de De Palma para contarnos la historia sin perder un ápice de fuerza en ningún momento; las interpretaciones de Al Pacino y Sean Penn; la persecución en Gran Central Station, memorable.


Lo peor: Absolutamente nada.


Puntuación: 5 (sobre 5)