Se trata de un (sub)género bastante explotado y en el que poco cabe la innovación, así que en lo que atañe a eso, la nueva cinta de Gray ofrece pocas sorpresas.
Ahora bien, el tratamiento de la historia y el desarrollo de su personaje principal hacen de ella una notable película que puede que no se nos quede marcada en las retinas, pero desde luego merece ocupar un puesto privilegiado entre similares propuestas. Y es que al igual que “American Gangster”, viene a ser más de lo mismo pero con calidad, algo de lo que hoy en día son capaces muy pocos directores.
Tras las más que correctas “Cuestión de sangre” y “La otra cara del crimen”, Gray ha vuelto a contar con dos de los protagonistas de la segunda: Mark Wahlberg y Joaquin Phoenix. A diferencia de la anteriormente citada, aquí es Phoenix quien cobra mayor protagonismo, ejerciendo Wahlberg un rol más secundario de lo que un servidor esperaba.
Y al igual que en aquella, tampoco podía faltar un poco de presencia femenina para darle un toque romántico a la cinta. Así, la Charlize Theron de “La otra cara...” es sustituida aquí por Eva Mendes, notándose así un salto cualitativo importante (sobra decir quién sale perdiendo en la comparación) Y al veterano James Caan lo sustituye un no menos veterano y siempre efectivo Robert Duvall.
La historia parte de una Nueva York invadido por una nueva droga que se distribuye por la ciudad y que es imposible de sacar de las calles a menos que se logre desmantelar todo el tinglado que tiene montado un tal Vadim Nezhinski (Alex Veadov), que es quien la importa y la vende.
El encargado de llevar el caso es el teniente Joseph Grusinsky (Mark Wahlberg), hijo del legendario jefe de policía Burt Grusinsky (Robert Duvall). Para capturar a Nezhinski recurre a su hermano Bobby Green (Joaquin Phoenix), que trabaja dirigiendo uno de las disctecas del tío de Vadim sin saber a lo que éste se dedica. Pero Bobby mantiene una fría y distante relación con su familia, hasta el punto de renegar de ella, usar el apellido materno y ocultar a todos quienes le conocen (salvo a su novia Amanda/Eva Mendes) su parentesco con agentes de la policía. Es por ello que se niega a colaborar, ya que ni les debe nada a ellos ni tiene ningún interés en hacer peligrar su acomodado modo de vida actual.
Obviamente, esto tensará aún más las relaciones entre Bobby y su familia. Sin embargo, en el momento en que la vida de su hermano y su padre peligren por culpa de Vadim y sus matones, Bobby tendrá que replantearse su papel en toda esta historia y decidir si quiere estar del lado de los buenos o del lado de los malos. Elija el bando que elija, su vida ya no será lo divertida y despreocupada que era hasta ahora.
La trama es sencilla, sin demasiadas complicaciones y con unos guiros argumentales bastante predecibles aunque igualmente efectivos. El guión escrito por el propio Gray (como en sus anteriores films) se muestra eficaz tanto a la hora de relatarnos la historia como a la hora de mostrarnos las relaciones que emparentan a todos sus personajes.
La tensión se masca en cada enfrentamiento entre Bobby y sus familiares (además de con su novia en ciertos momentos) y la película se vuelve más negra y claustrofóbica a medida que pasan los minutos.
Los acontecimientos que se suceden obligan a nuestro protagonista (un excelente Joaquin Phoenix) a tomar duras decisiones que afectarán no sólo a su vida sino a la de todos los que le rodean. Sus convicciones y prioridades cambiarán de un día para otro, y llevado por el amor hacia su familia no dudará en poner en riesgo su propio pellejo.

Lo más interesante de esta película es pues, la evolución de este personaje y las consecuencias que tendrán sus acciones/decisiones. Cambios drásticos en su vida contribuirán a ayudar a los buenos, a traicionar a los malos y por último, a destruir todo lo que construyó en un pasado. Bobby Green dejará de existir para dejar paso a un nuevo Bobby Grusinsky.
Llegados a cierto punto de la trama, Gray decide prescindir de la subtrama que une a los personajes de Phoenix y Mendes para centrase en el principal hilo conductor del film, algo que puede ser visto como un defecto o una virtud. Yo soy de los de la segunda opinión, más que nada porque agiliza el ritmo de la película y en el tramo final ya lo resuelve a modo de elipsis con un par de planos bastante esclarecedores (y porque no decirlo, pesimistas)
Por otro lado, Mendes aunque aquí abandona un poco su habitual rol de chica florero para hacer algo cercano a una buena interpretación, no tiene un personaje de suficiente peso como para concederle más minutos de los necesarios. Al fin y al cabo, todo gira alrededor de Bobby y su familia y todos los sentimientos contradictorios que afloran en él durante los 117 minutos de metraje.
Casi dos horas de buen cine, aunque la captura del traficante devenga en algo más efectista y forzado de lo que se temía. Dos horas de un Joaquin Phoenix absolutamente convincente y unos secundarios bastante correctos. Dos horas de cine de polis y cacos con una atmosfera oscura y visceral.
Una notable alternativa en nuestra pobre cartelera para los que gusten de este tipo de películas.
No hay nada nuevo bajo el sol, pero se agradece que de vez en cuando se hagan bien las cosas.
Lo mejor: Joaquin Phoenix; que el ritmo no decaiga en ningún momento.
Lo peor: pocas novedades dentro del género
Valoración personal: Buena





