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sábado, enero 21, 2012

“Silencio en la nieve” (2011) – Gerardo Herrero

Crítica Silencio en la nieve 2011 Gerardo Herrero
Uno de los conflictos bélicos que más veces se ha abordado en el cine es, sin lugar a dudas, la Segunda Guerra Mundial. Y probablemente los americanos sean los más prolíficos en este campo dada la potente industria cinematográfica que poseen (y lo mucho que les gusta vanagloriarse de su incursión). Sin embargo, no son los únicos, y otros países, tanto del bando de Los Aliados como del bando del Eje, también han realizado, con mayor o menor fortuna, producciones que han reflejado -desde su propio punto de vista- distintos episodios de tan terrible y devastadora guerra.

Durante la II G. M., España mantuvo una (discutible) posición neutral respecto a ambos bandos, con lo cual es lógico que nuestro cine se haya interesado más bien poco en este tema y se haya centrado más en conflictos bélicos que nos atañen directamente, como la Guerra Civil, el más importante de nuestra historia reciente.

No obstante, y como ya insinúo en el párrafo anterior, esa neutralidad de nuestro país frente a la guerra no era tal, por lo que sí hubo participación de soldados españoles. Por aquél entonces, Franco pactó un acuerdo con Hitler por el que le prestaba su ayuda en el momento en el que se iniciara la invasión de Rusia. Cuando esto ocurrió, entró en acción la División Azul, un cuerpo de voluntarios españoles que lucharon codo con codo (aunque no sin discordia) con el bando alemán.
En ese contexto es en el que se sitúa “Silencio en la nieve”, la última película del director y productor Gerardo Herrero.

Frente de Rusia, invierno de 1943. Un batallón de la División Azul se topa con una serie de caballos sumergidos bajo el hielo de un lago congelado. Junto a uno de los caballos, aparece el cadáver de un soldado español. Un corte le atraviesa el cuello de lado a lado, y en el pecho tiene una inscripción grabada a cuchillo: "Mira que te mira Dios". Los mandos encargan la investigación al soldado Arturo Andrade (Juan Diego Botto), un exinspector de la policía que asume la tarea con rigor y profesionalidad, y al que le asignan como ayudante al sargento Espinosa (Carmelo Gómez).

La película, basada en la novela “El tiempo de los emperadores extraños” del escritor madrileño Ignacio del Valle, se ubica en un contexto bélico sin posicionarse políticamente hacia ninguno de los bandos enfrentados. Esto es así porque el pilar de la historia es una trama criminal sin las pretensiones añadidas de ser un relato histórico de dicho acontecimiento ni de la participación de la División Azul en el mismo, un tema por otra parte poco tratado en el cine.


El descubrimiento de un soldado asesinado es el punto de partida de una trama detectivesca que involucra a dos miembros de la División Azul encargados de la investigación. Uno de ellos es Arturo Andrade, un hombre reservado que fue inspector de la policía durante la II República y los primeros meses del franquismo. El otro es el Sargento Espinosa, un tipo pesimista convencido de que la derrota ante el enemigo es inminente. Ninguno de los dos parece demasiado convencido de la lucha contra el Ejército Rojo, pero en estos momento algo más importante ocupa sus quehaceres diarios. Ambos se entregan concienzudamente al caso de asesinato que les han asignado, tratando de recabar información acerca de la víctima y de todos aquellos con quienes mantuvo algún contacto. Sus sospechas iniciales atribuyen el móvil del asesinato a motivos políticos, probablemente un ajuste de cuentas por parte de algún quintacolumnista. Sin embargo, la inscripción que el asesino dejó marcada en el cuerpo, "Mira que te mira Dios”, resulta desconcertante. No será hasta que la citada frase cobra significado cuando se den cuenta que detrás de todo se oculta una perversa venganza y que el cadáver del soldado puede ser el primero de otros tantos si no logran atrapar al asesino a tiempo.

Herrero maneja con bastante solvencia esta historia criminal que, si por algo destaca, es por ubicarse en medio de una guerra sin tregua, mostrándonos de forma colateral la locura de la contienda y los rifirrafes entre soldados españoles y soldados alemanes. También se hace hincapié en las desconfianzas interna entre los propios miembros de la División Azul, formada tanto por falangistas voluntarios y fascistas radicales que no pertenecían a Falange como por republicanos. Todo ellos enrolados “voluntariamente” a luchar contra el comunismo. Además, en el guión también se refleja la caza de brujas entre los masones (tanto de derechas como de izquierdas) que hubo tras la Guerra Civil Española y que, tal como comprobaremos, SPOILER -- resulta ser el desencadenante de los asesinatos -- FIN SPOILER.

La caza al asesino nos mantiene intrigados durante buen parte del metraje gracias a que el desarrollo de la investigación avanza sin prisas pero también sin pausas, facilitando poco a poco esa información que nos irá descubriendo quién se esconde detrás de tan brutal asesinato y el por qué de sus actos.


Puede que alguna situación resulte algo forzada, y no cabe duda que el affaire del protagonista con la muchacha rusa y la relación que éste entabla con un niño huérfano poco aportan a la historia (aunque quizás sí ayudan a definir un poco su personaje), pero en líneas generales es una película que funciona gracias a su intriga y a la sólida construcción de sus personajes. Así como al correcto trabajo de todo su reparto, sin excepciones; desde la pareja protagonista formada por Juan Diego Botto (que, reconozco, nunca ha sido santo de mi devoción) y Carmelo Gómez, hasta el variado elenco de secundarios (el casi siempre poco aprovechado Víctor Clavijo, un desafiante –aunque un pelín estridente- Sergi Calleja, un simpático e inocente “chófer” de correos a cargo de Jordi Aguilar, etc.).

Merece también la pena resaltar el cuidadísimo diseño de producción y el trabajo de fotografía que, en conjunto, logran ambientar creíblemente esta historia ubicada en plena Segunda Guerra Mundial.

“Silencio en la nieve” es un interesante thriller ubicado en un entorno cruel donde la muerte y la miseria son el pan de cada día, y en donde la pareja protagonista intenta poner algo de orden y justicia. No es una película perfecta, pero el resultado es estimable, amén de que resulta una propuesta bastante instructiva –sin caer en el tono documentalista- en lo que al tema de la División Azul se refiere.


Lo mejor: la ambientación; que mantenga el misterio durante buena parte del tiempo.

Lo peor: algunas situaciones un tanto rebuscadas/gratuitas y el impostado romance.


Valoración personal: Correcta

jueves, marzo 11, 2010

"Green Zone: Distrito protegido" (2010) - Paul Greengrass

crítica Green Zone: Distrito protegido 2010 Paul Greengrass
Del mismo modo que Burton tiene a Depp, Scott a Russel Crowe o Scorsese a DiCaprio, se podría decir ya, con tres películas, que Greengrass tiene a Damon.

Actor y director trabajaron juntos por primera vez en la primera secuela de la saga Bourne, y aunque aquella unión vino dada tras la renuncia de Doug Liman de proseguir con la franquicia (en favor de la infumable Sr. y Sra. Smith), lo cierto que ambos hicieron buenas migas y eso propició que el británico se encargarse de firmar también la tercera entrega, poniendo así el broche de oro a una de las sagas de acción más sólidas de la pasada década. De hecho, cada secuela fue, en mi opinión, mejor que la anterior, algo que pocas veces ocurre en Hollywood.

Con tan buenos resultados de taquilla y de crítica, Universal Pictures quiso continuar con la franquicia pero Damon sentenció que sin Greengrass no volvería a encarnar a Jason Bourne. Otra muestra fehaciente del buen entendimiento entre éste y la persona que tan bien lo había dirigido en anteriores ocasiones.

Con el fin de no perder a la pareja de éxito, el estudio decidió financiar a Greengrass su siguiente película, Green Zone, con la que contaría de nuevo con su amigo Damon para el papel protagonista. El plan parecía funcionar hasta que supuestamente el presupuesto de la citada se disparó, y los jefazos tuvieron que intervenir para controlar gastos, algo que no gustó nada al director. Eso, unido al hecho que su contratación para “Bourne 4” se dio por hecha sin su consentimiento (y que el borrador del guión, se dice, no le gustaba), propició la desvinculación definitiva de Greengrass con otra entrega más del desmemoriado espía.

Por ahora se desconoce cuánto ha costado Green Zone (se rumorea que entre 100 y 150 millones de dólares), pero lo cierto es que ésta luce muy bien y demuestra, una vez más, que el tándem Greengrass-Damon funciona a la perfección. Ahora bien, si realmente ha costado eso, ya pueden ir todos cruzando los dedos para que el proyecto sea, cuanto menos, rentable, y es que este tipo de películas sobre Iraq no son precisamente las que arrasan en taquilla. Si no que se lo digan a Peter Berg con “La sombra del reino”, que cubrió gastos y poco más.

La historia del film transcurre durante la ocupación de Bagdad en 2003 por tropas estadounidenses. El subteniente Roy Miller (Matt Damon) y su equipo son los encargados de recorrer el desierto en busca de armas de destrucción masiva supuestamente escondidas en el lugar. Gracias a un confidente fiable, o eso asegura su gobierno, éstos registran escondite tras escondite, pero nunca encuentran las citadas armas ni una pista o evidencia que les conduzca a ellas. Decepción tras decepción, Miller empieza a desconfiar de la fuente que informa al agente Clark Poundstone (Greg Kinnear), del Departamento de Defensa, y decide tomar decisiones por su cuenta. El soldado confía en que estas decisiones le lleven hasta la verdad del asunto y, por consiguiente, hasta las armas de destrucción masiva.

El agente de la CIA Martin Brown (Brendan Gleeson) será uno de los puntos de apoyo de Miller en su particular cruzada.


El último trabajo de Greengrass se inspira en el libro ‘Imperial Life in the Emerald City: Inside Iraq’s Green Zone’ de Rajiv Chandrasekaran, y nos ubica en la conocida como “Zona Verde” que da título a la película, y que no es otra cosa que una pequeña zona fortificada donde se encuentran las tropas americanas durante la ocupación irakí que empezó en 2003.

Pero antes de proseguir con la crítica conviene situarnos en el contexto en el que se desarrollan los acontecimientos para comprender con mayor fidelidad qué se nos está contando exactamente. Tampoco es que haga falta estar muy puesto en el tema para entender los hechos que aquí nos relatan, pero unos cuantos datos no nos harán ningún daño.


La invasión de las tropas estadounidenses en Iraq se produjo en el año 2003, con la intención, o mejor dicho, con la excusa de despojar al país de sus armas de destrucción masiva (ADM) (que el gobierno estadounidense aseguraba que éstos tenían) y derrocar así a Saddam Hussein, poniendo fin a su supuesto -aquí todo eran suposiciones- apoyo a grupos terroristas como Al Qaeda.

En la década de los 90, las Naciones Unidas, a través de su Consejo de Seguridad y bajo supervisión internacional, obligó a Iraq a destruir sus armas químicas y biológicas, aquellas que empleó en los ochenta durante la Guerra Irán-Irak.

Dos años después de los atentados del 11S, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, declaró que Saddam Hussein mantenía muy en activo y de forma clandestina su programa de creación de armas químicas, y que era imprescindible lanzar un ultimátum al gobierno iraquí para que éste procediese a su desarmamiento. Estados Unidos buscó el apoyo de diversos países, entre ellos, España, para formar una alianza que le permitiese invadir Iraq y derrocar al gobierno de Saddam Husein.

Se presionó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas alegando pruebas de la existencia de esas armas para que aprobara una resolución apoyando la invasión. Las Naciones Unidas iniciaron las pertinentes investigaciones en 2002 y se prolongaron hasta 2003. En ese momento, actuando fuera de la jurisdicción de los mandatos de las Naciones Unidas y sin haber presentado ninguna evidencia de armas de destrucción masiva reales (y si presentaron algo, fueron informes falseados), Estados Unidos se dispuso a invadir Irak con el fin de llevar a cabo el solicitado desarme. Esta actuación fue el desencadenante de la actual Guerra de Iraq.


En Green Zone nos encontramos en esos primeros días en que grupos de soldados estadounidenses, los conocidos como equipos MET, registran el país en busca de las peligrosas armas. Como ya he comentado en la sinopsis, Miller es el líder de uno de esos equipos, y cansado de no obtener resultados empieza a cuestionarse la fiabilidad de la fuente que utilizan, y así se lo hace saber a sus superiores. Sin embargo, el deber de un soldado no es pensar si no obedecer órdenes, por lo que sus quejas caen en saco roto. Sin embargo, mostrar ese descontento en público hace que un agente de la CIA se fije en él y juntos empiecen una investigación secreta en busca de la verdad. Obviamente, no se lo pondrán nada fácil. Su propio gobierno parece no estar muy interesado en que la verdad sobre el asunto se sepa.

La trama se centra básicamente en las averiguaciones que va haciendo Miller por su cuenta, y cómo éste, un solo hombre, un simple soldado, se convierte en un inesperado “héroe” de la noche a la mañana. Por si tener que hacer frente a la resistencia iraquí no fuera suficiente, destapar el tinglado montado por las altas esferas estadounidenses le pondrá también en contra de su propio bando. Un bando que está dividido en dos: uno y al que ahora pertenece Miller, es el que busca la verdad sobre las armas de destrucción masiva; y el otro, el que bajo la excusa del desarme pretende hacerse con el control del país.

Otro punto que se toca en la cinta, aunque de una forma mucho más tangencial, es el caos que se desata en los inicios de la ocupación, no sólo debido a los continuos atentados sino también a los disturbios ocasionados por la propia inestabilidad de la situación, produciéndose serios problemas en el suministro de servicios básicos de agua, gas y electricidad (esto queda ejemplificado en la escena en que Miller y sus hombres quedan atascados en el camino y deben abrirse paso entre multitudes enfurecidas por la falta de agua)

Uno de los puntos fuertes de la cinta es la intensa dirección de Greengrass. Aunque no soy muy partidario de la filmación cámara en mano, debo reconocer que este director es uno de los pocos que verdaderamente sabe sacarle partido a ésta técnica.

Si bien es cierto que en algunos momentos puede llegar marear un poco (o bastante), como ocurre aquí en la persecución a pie del tramo final, al menos Greengrass lo hace de forma enérgica e intentado que el efecto de realismo no sea un estorbo para que nuestros ojos capten todo lo que ocurre en pantalla. Y la verdad es que este estilo le sienta de perlas a la película, sobre todo en las secuencias de acción. Los tiroteos tienen mucho movimiento, pero siempre sabes -o yo lo supe- quién es quién y donde están, que es lo importante.

A una potente dirección se le une un ritmo frenético que hace que las dos horas de metraje se pasen –y disfruten- en un periquete. Director y guionista son bastantes directos a la hora de afrontar y desarrollar la trama, pues ésta es bastante fácil de seguir. No existe, como en otras películas, un exceso de información -muchos nombres y demás- que lleguen a saturar o incluso despistar al espectador. La historia se desenvuelve de forma muy dinámica y fácilmente comprensible incluso para aquellos que no dominen mucho el tema. Además, no se descubre en ella nada que no supiésemos ya (unas armas que jamás existieron y una injustificable invasión que fue el origen de una guerra que se ha cobrado ya miles de víctimas)

Como bien apuntaba el propio director, esta no es tanto una película sobre la guerra de Iraq sino un mero thriller que transcurre en Iraq. Hay implícita en ella un debate moral, pero tampoco está hecha para aleccionar a nadie. El espectador debe sacar sus propias conclusiones, pero más allá de eso, disfrutar de la intensidad de un thriller de acción rodado e interpretado con brío y solidez.

Damon -sería un Capitán América perfecto, ¿verdad?- está muy correcto en su papel, el cuál nada tiene que ver con su Bourne. Son personajes y contextos muy distintos (aunque la motivación principal en ambos casos sea la búsqueda de la verdad). La sobriedad del actor -que muchos confunden con sosería- es idónea para el papel, mientras que Kinnear está en su salsa interpretando a uno de esos personajes que tan despreciables nos resultan siempre. Brendan Gleeson hace lo propio como agente de la CIA, mientras que Jason Isaacs (actor poco aprovechado en Hollywood) y Amy Ryan, ambos con una presencia en pantalla algo más discreta, cumplen también con sus respectivos papeles.

“Green Zone: Distrito protegido” es, por tanto, un notable thriller de acción de nueva generación (por su estilo visual, más que nada) Inteligente y directo. Alardes, los justos (efectos especiales y pirotecnia al servicio del guión). Puede que no alcance un estatus de film memorable, pero sí es bastante disfrutable si te gusta este tipo de cine.

Que su fin sea la pura evasión no implica que deba ser un producto hueco o superficial, como aquí se demuestra. Y tampoco debe confundirse la sencilla estructuración de su trama con la simplicidad.


Lo mejor: el ritmo trepidante y la fácil comprensión de la trama.

Lo peor: que algunas escenas lleguen a marear un poco.


Valoración personal: Buena

miércoles, septiembre 16, 2009

"Malditos Bastardos" (2009) – Quentin Tarantino


Mucho tiempo ha tardado desde que la idea rondaba por su cabeza, pero por fin Tarantino puede decir que ha cumplido uno de sus mayores deseos profesionales: rodar su ansiada “Inglourious Basterds”, proyecto postergado en varias ocasiones a favor de otras películas, y que éste ha ido confeccionando a lo largo de estos últimos años.

El camino hasta aquí no ha sido fácil. Además de llevarle mucho tiempo escribir el guión, el director ha tenido que hacer algunos recortes, en vista de las críticas vertidas en el Festival de Cine de Cannes, que le acusaban de tener mucho diálogo y poca acción. Irónicamente, Tarantino se ha caracterizado más por lo primero que por lo segundo, así que habría que ver cómo eran esos diálogos para que el resultado final gustara tan poco a algunos críticos. Y es que si eran tan insulsos e interminables como los de su fallida “Death Proof”, que sólo con hora y media de duración ya se hacía algo difícil de digerir, no imagino el suplicio que sería tener que soportar los más de 150 minutos que estaban sus “bastardos” en escena. Aunque supongo que para los más curiosos, habrá ediciones especiales, director’s cut y demás extras para DVD con los que poder hacer comparaciones y sacar sus propias conclusiones.

La historia nos sitúa en plena Segunda Guerra Mundial, en la Francia ocupada por los nazis. Allí conoceremos y nos centraremos en un par de personajes en concreto. Uno de ellos es el de Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent), una joven que presenció la ejecución de su familia a manos del coronel nazi Hans Landa (Christoph Waltz), y que ahora vive en París bajo una nueva identidad (la de dueña y directora de un cine). El otro personaje, y no menos importante, es el teniente Aldo Raine (Brad Pitt), conocido por sus enemigos como “Aldo El Apache”, y responsable, junto a su grupo de soldados judíos (conocidos todos como “Basterds”), de masacrar sin piedad al enemigo nazi.

Cada uno por su cuenta, jugará un papel decisivo en la guerra contra el Führer. Shosanna planeará minuciosamente su venganza hacia el coronel Landa y sus compatriotas, mientras que Aldo Raine y sus sanguinarios bastardos, con la ayuda Bridget Von Hammersmark (Diane Kruger), una agente secreto alemana que trabaja para los aliados, intentarán llevar a cabo una arriesgada misión con la que acabar con los Altos Mandos del Tercer Reich. El destino de todos se decidirá en un cine de París…


“Malditos Bastardos” supone la primera incursión de Tarantino en el cine bélico, y como es habitual en él, sea el género que sea, lo hace a su manera (para bien o para mal)

Ante todo, avisar a los más despistados –aunque quizás no haga falta- que la historia que se nos relata aquí es totalmente ficticia. Puede que se tomen algunas referencias históricas reales, pero la trama, su desarrollo, y obviamente su final (sobre todo su final), es pura inventiva “made in Tarantino” para llevar el género bélico a su propio terreno sin olvidarse de las influencias que han ido caracterizando su cine (amado u odiado, pero de marcado sello personal). Por ello, la cinta es una mezcla entre el western de Leone (esos duelos verbales y esa deliciosa música de Morricone le “delatan”) y el bélico de la magnífica “Doce del patíbulo, a la que por supuesto, se rinde homenaje junto a “Aquel maldito tren blindado (Quel maledetto treno blindato), explotation bélica italiana de la que se toma prestado el título con el que se conoció en tierras americanas, Inglorious Basterds.


La película se divide en capítulos, lo que hace más fácil discernir entre las partes más y menos conseguidas de su obra. Y es que “Malditos Bastardos” no es una película brillante (no en mi opinión), pero contiene momentos que sí lo son. El capítulo que abre el film, sin ir más lejos, me parece soberbio y de lo mejorcito que ha rodado Tarantino en toda su carrera. La tensión se podría cortar con un cuchillo; el suspense rezuma en cada fotograma, consiguiendo que el espectador esté clavado en la butaca durante la extensa conversación que mantienen el coronel Hans Landa y un –acongojado- granjero francés.
Luego ya damos paso a la presentación de los Bastardos que, dicho de paso, no tienen ni el protagonismo ni el impacto que un servidor esperaba o deseaba. Es cierto que el grupito tiene potencial, pero creo que Tarantino no lo explota debidamente, o al menos no lo suficiente como para que su participación haga honor al título. Aldo Raine (Pitt) sería el que más destaca de todos, pero el resto, salvo unos pocos minutos de gloria, duran poco en escena o ven su participación menguada o, mejor dicho, eclipsada, por la potente labor de Christoph Waltz como el coronel Landa o la estupenda Mélanie Laurent como la sufrida Shossana. De hecho, la escena que ambos comparten en el café emerge también como una de las mejores de la cinta, junto a la de la taberna, en la que vemos por primera vez a Diane Kruger, quién demuestra también mayor solvencia que sus compañeros de reparto masculinos.

Quizás no sea adecuado decir que tenemos aquí al Tarantino menos Tarantino de todos, porque su firma es más que evidente, pero sí es cierto que hay muestras de una mayor madurez creativa (y de menor egolatría), sobre todo en lo que se refiere a diálogos y a planificación de escenas.


El director se ha ganado a muchos fans por sus largos y chisposos diálogos en varias de sus películas. Esos que se quedan grabados en la memoria pero que no suelen aportar mucho a la trama, o que a menudo, aparecen metidos con calzador por pura autocomplacencia del autor. Por suerte o por desgracia, según se mire, aquí los diálogos están en consonancia con la historia. Incluso las referencias cinéfilas, en este caso, centradas en el cine alemán, tienen su justificación dentro de la trama. Y es que parece que por fin Tarantino se deja de palabrería decorativa para ofrecernos diálogos con enjundia y determinantes no sólo para el desarrollo de las escenas sino vitales para comprender aún mejor la psique de sus personajes. Hasta su fetichismo por los pies femeninos aquí aparece sutilmente integrado en el argumento, dentro de una ingeniosa metáfora de cuento de hadas (cuando lo veáis, entenderéis a qué me refiero). Tarantino ya no se limita, como en Death Proof, a primeros planos de pies porque sí, ni a llenar las escenas con conversaciones banales que no van a ningún lado y que pueden hacerse altamente insoportables. Para mí, ese relleno es paja, pero puede que algunos de sus fans sí echen de menos esas peculiaridades.

Lo que no termina de controlar del todo es el ritmo narrativo, y aunque curiosamente en ningún momento llegué a aburrirme (aunque sí a impacientarme), no se puede obviar que algunas escenas se alargan innecesariamente, y eso es lo que termina abultando el metraje de forma excesiva. Además de que ciertas excentricidades del autor siguen patentes, y el hecho de no poder o no querer despegarse de ellas, hace que a mi juicio su trabajo no sea redondo del todo.

Por poner un ejemplo, hay explicaciones, como la de las cintas de nitrato, que es un añadido gratuito del director. Sobra porque ya queda entendido o intuido en los diálogos de los personajes, y por tanto, no necesita de ninguna aclaración extra. Pero a Tarantino le parece muy “cool” introducir esa nota instructiva.

Otro uso inadecuado, o en todo caso, prescindible, sería el de los flashbacks; y es que a veces es mejor dejar ciertas cosas a la imaginación del espectador y no darlas mascadas. En ese sentido, Tarantino introduce un sangriento flashback para explicarnos los antecedentes de uno de los “bastardos”. Y aunque sea divertido presenciarlo, no hubiese estado demás ahorrárselo para hacer más misterio al personaje, algo que sí consigue con Landa o con "Oso Judío", el bastardo encarnado por su amigo Eli Roth, a quién por cierto, es preferible verle delante de la cámara que detrás de ella.

Quizás parezca que crítico o me molestan precisamente algunas de las características que hacen a Tarantino un autor diferente a los demás, único e imitado. Puede que así sea. Admito que no es santo de mi devoción, pero tampoco soy uno de sus detractores, y hay cualidades que admiro en él y otras que directamente no soporto. Sospecho que, pese a resaltar ciertos defectos, he salido satisfecho de la proyección precisamente por encontrar un equilibrio entre sendas partes. Se sigue llevando por sus ganas de romper esquemas, por su gamberrismo, sus frikadas y sus excesos (elementos que gustan o no dependiendo de cómo y cuando los utilice), pero también, como ya he comentado antes, hay una madurez profesional que va más allá de contentarse a sí mismo y a sus fans más acérrimos (quienes, por otro lado, no tendrán problemas en hallar en este film otra de sus obras maestras)

La violencia, el tono irreverente y el humor (genial el momento “a la italiana”), siguen haciendo acto de presencia, y lo hacen de forma acertada. Pero como ya digo, de prescindir de ciertas excentricidades, el resultado hubiera sido mucho más compacto.


En cuanto al reparto, todos cumplen con su rol, pero es inevitable resaltar de nuevo al villano de la función, papel que le hubiera ido como anillo al dedo a Tim Roth, pero que Waltz hace suyo como el que más.

Pitt, por su parte, saca su vena más cómica y freak, y compone un Aldo Rayne simpático y campechano. Pero junto a Waltz, son a mi gusto las féminas las que se llevan la palma. Excelente Laurent y sorprendente Kruger.

El problema es que son tantos personajes y actores, que algunos saben a poco y otros directamente se quedan algo desaprovechados, como el alemán Christian Berkel (un tipo siempre competente) o incluso Mike Myers (aunque aquí lo agradezco, porque no es un cómico muy de mi gusto)

A destacar también a August Diehl (el “King Kong” de la taberna) y al catalán/alemán Daniel Brühl en uno de los papeles claves de la función. Martin Wuttke como Adolf Hitler está histriónico perdido, aunque imagino que es lo que se le pedía (yo me quedo con el soberbio Bruno Ganz de la imprescindible “El hundimiento”)

Por último, y lo que nunca falla en una película de Taratino, es la música. Si bien por problemas de agenda el gran Morricone no pudo componer el score de la película, el director no ha dudado ni un solo momento en rescatar varias de sus piezas musicales para componer la banda sonora, además de incluir un tema de otro de los grandes, Dimitri Tiomkin; el inolvidable “The Green Leaves of Summer” de El Álamo (uno de los clásicos de John Wayne) y que aquí acompaña los sencillos títulos de crédito. Lo que ya no me cuadra tanto es el tema de David Bowie, y es que por mucho que me guste el cantante y por muy Tarantino que seas, como que desentona un poco calzárselo a una película de la Segunda Guerra Mundial (lo dicho, las “excentricidades” del autor)

En definitiva, “Malditos Bastardos” es una notable cinta bélica que probablemente peque de excesivo metraje. Es la enésima gamberrada de este "enfant terrible" de Hollywood, pero esta vez mucho más intensa y calibradacon secuencias que son cine en estado puro. Así que de seguro gustará a sus fans.

Un servidor, amante confeso del género y muy especialmente de aquel que se desarrolla en la II G.M., temía que de nuevo el ego y la pretenciosidad dieran al traste con una buena idea, pero por suerte no ha sido así. Eso no quita que me sobren algunas de sus manías. Pero claro, de no tenerlas, ya no sería Tarantino, y de directores “para todos los públicos” ya andamos más que sobrados.

P.D.: Cada uno es libre de ver las películas como le dé la real gana, pero considero que aquí, que se habla inglés, francés y alemán, y se chapurrea algo de italiano, sería todo un sacrilegio verla doblada. Ya no por la diversidad en sí sino por la relevancia que tienen los cambios de idioma dentro de la trama. Pero insisto, allá cada cual con sus preferencias.



Lo mejor: El capítulo que abre la película; Christopher Waltz y Mélanie Laurent.

Lo peor: algunas escenas alargadas sin necesidad y, por consiguiente, el excesivo metraje.


Valoración personal: Buena

domingo, abril 12, 2009

“Espías en la sombra”, armas de mujer


Dentro del género bélico, la II Guerra Mundial es uno de los temas más recurrentes y, por qué no decirlo, más atrayentes que se suelen trasladar a la gran –y pequeña- pantalla. Se han realizado, con el paso de los años, multitud de películas que han retratado diversos capítulos de dicha guerra, tanto des de la perspectiva de un bando (Aliados) como des de la del otro (Potencias del Eje). Aún así, año tras año descubrimos nuevas propuestas que o bien tratan de ofrecer un nuevo enfoque a ya conocidas hazañas de la época, o bien nos relatan un acontecimiento mucho menos conocido o “gastado” en su versión cinematográfica.

Si a principios de año, desde tierras estadounidenses y con un reparto de aúpa, nos llegaba la correcta –pero no brillante- “Valkiria”, que nos relataba el complot del 20 de julio de 1944 con el que se pretendía asesinar al dictador Adolf Hitler, ahora son nuestros vecinos los franceses quienes nos traen “Les Femmes de l'Ombre”, otro film basado en hecho reales que cuenta con valerosas mujeres del bando aliado como principales protagonistas.


Nos encontramos en Mayo de 1944. Un comando de cinco mujeres es reclutado para llevar a cabo una peligrosa misión que tiene como objetivo proteger el secreto de los desembarcos del Día D en Normandía y, además, eliminar al Coronel Heindrich (Moritz Bleibtreu), el jefe del contraespionaje alemán.

El comando lo forman Louise (Sophie Marceau), una experta francotiradora viuda de un líder de la Resistencia; Jeanne (Julie Depardieu), una dura prostituta que acepta la misión para evitar la horca; Gaëlle (Déborah François) una joven experta en explosivos ansiosa por entrar en acción; Suzy (Marie Gillain) una atractiva ex corista cuya antigua relación amorosa con Heindrich será clave para el éxito de la misión; y Maria (Maya Sansa), una agente secreta de la Resistencia Francesa, infiltrada en el bando enemigo y que servirá de enlace al resto del grupo. La misión es comandada por Pierre Desfontaines (Julien Boisselier), hermano de Louise, y juntos deberán rescatar a un infiltrado aliado en manos de la SS para evitar que los nazis descubran el plan de los desembarcos. Obviamente, la misión resultará mucho más complicada de lo planeado.


Son más bien pocas las películas centradas en la contribución, de muy diversa índole, de las mujeres durante la II GM, y por ello con esta cinta sus responsables han intentado rendir homenaje a algunas de esas mujeres que no dudaron en poner su vida en peligro luchando por su país. En este caso, tenemos ante nosotros un comando femenino formado por varias de esas luchadoras, algunas llevando a cabo la misión por convicción, otras por obligación y otras con resignación. Pero por el motivo que sea, todas ponen en riesgo sus vidas por la causa, y esa no es otra que luchar contra el Imperio Alemán.


Durante los primeros minutos de película, asistimos al reclutamiento de los miembros que formarán el comando, conociendo así a cada una de ellas y los motivos que les llevarán a aceptar la arriesgada misión. Y aunque la implicación final con los personajes es algo más endeble de lo deseado, no podemos negar que por lo menos éstos nos resultan convincentes. Su actitud y sus acciones responden en todo momento a sus distintas personalidades y también a las situaciones a las que se ven sometidas. Además, ni guionista y ni director pretenden retratarlas como heroínas de exaltado patriotismo, sino como mujeres de gran valor y tenacidad que afrontaron los momentos más decisivos de sus vidas.

En el transcurso de la misión, tendremos acción e intriga a partes iguales. El comando deberá seguir las instrucciones pase lo que pase, y como ya sucede en estos casos, habrá bajas inevitables, torturas a los capturados, traiciones… De todo un poco para amenizar este sugerente thriller histórico, cuya ágil narración y gracias a sus pocas distracciones (va directa al meollo de la cuestión, sin perderse en subtramas innecesarias) nos hace pasar un rato de simple -que no simplón- y eficaz entretenimiento.
Su mayor pecado es esa falta de vigor y contundencia en la dirección, propia de un director en cuyo currículum figuran cintas tan prescindibles como la infecta “La máscara del faraón” o la desaprovechada “Arsène Lupin”. Pero que nadie se asuste tras nombrar estos títulos, pues aquí las carencias de Jean-Paul Salomé se ven solventadas por un sólido guión – que, para nuestra sorpresa, él mismo co-escribe- con el que el 80% del trabajo ya está hecho ( muy mal hay que hacerlo para estropear la película)


“Espías en la sombra” es un thriller de espías muy bien ambientado y correctamente interpretado, al que le hubiera ido bien una dirección más enérgica. Logra entretener sin problemas, pero carece de la emoción necesaria para permanecer en el recuerdo. En ese sentido, es mucho más recomendable “El libro negro (Zwartboek)” de Paul Verhoeven.



Lo mejor: la ambientación; el sólido guión.

Lo peor: falta de emoción y de verdadera tensión


Valoración personal: Correcta

sábado, enero 24, 2009

“Valkiria”, si hay posibilidad de que algo salga mal, saldrá mal (Ley de Murphy)


Con más de un mes de retraso, por fin el 30 de Enero se estrena en nuestros cines “Valkiria”, una película que no ha ganado para disgustos a lo largo de su gestación. Extras heridos durante el rodaje (que luego reclamaron una abultada indemnización), un sabotaje que destruyó los negativos de algunas escenas rodadas y el veto del gobierno alemán hacia Cruise por considerar que el actor estadounidense podría aprovechar el rodaje de la película para hacer apología de la cienciología, son algunos de los obstáculos con los que se ha encontrado Bryan Singer a la hora de llevar a cabo este ambicioso proyecto.

Problemas a parte, la cinta partía con serias posibilidades de convertirse en una de las candidatas a optar por una estatuilla en los Oscars de este año (ya se sabe que el “basado en hechos reales” tira mucho a los académicos), pero el parecer la cosa no ha cuajado del todo bien entre la crítica. Así que una vez más, Tom Cruise ve como se le escapa una nominación a dichos premios, si bien hay que decir que esta vez ni su actuación ni la película en si misma merecen tal consideración. Y ahora veremos, a mi juicio, el por qué.


La historia que nos relata “Valkiria” trata sobre el complot del 20 de julio de 1944 llevado a cabo por varios oficiales de las fuerzas armadas alemanas, con el fin de asesinar al dictador Adolf Hitler y terminar de una vez por todas con el régimen nazi que muchos compatriotas no compartían y/o detestaban. El coronel Claus von Stauffenberg (Tom Cruise) fue uno de sus principales artífices, pero desgraciadamente su meticuloso plan resultó fallido (eso ya lo sabréis), y las consecuencias para todos los responsables de la operación no fue otra que el fusilamiento por traición (práctica “muy de moda” en aquellos tiempos de dictadura)

El título hace referencia a la llamada Operación Valquiria, un plan orquestado por el gobierno nazi para contrarrestar cualquier posible sublevación civil que perjudicara al régimen, y que Stauffenberg pretendía (re)utilizar en su propio beneficio para restablecer el orden en el país tras el asesinato del Führer.


Dentro del cine bélico, la Segunda Guerra Mundial es uno de los temas más sobados que existen, más cuando se centra exclusivamente en el nazismo y/o el holocausto. Sin embargo, siempre hay “nuevas” historias que contar y por ello, a un servidor, dicha temática le fascina.
Con el complot del 20 de Julio contra Hitler, Singer y Christopher McQuarrie (el mismo dueto que nos encandiló con “Sospechosos habituales”) tenían un material entre manos con el suficiente potencial para hacer un buen peliculón, o en todo caso, una buena película. Por desgracia y pese a tener un guión bien milimetrado y, según tengo entendido, fiel a la realidad, la película se queda a medio gas, ofreciendo al espectador una trama interesante y bien narrada, pero falta de emoción e intensidad, dos factores que elevarían su calidad por encima de la media.

La trama se desarrolla con rapidez, en el sentido de que pronto sabemos quiénes serán todos los oficiales y demás implicados en el complot, cómo se irán conociendo y de qué manera irán urdiendo el meticuloso plan contra el Führer. Una vez conocidos estos implicados, el resto de la película va sobre ruedas, centrándose directamente en la preparación del plan: cómo acabarán con la vida del dictador y qué papel jugará cada uno de ellos. En ese aspecto, la dirección de Singer es sobria y eficaz, con un ritmo pausado pero no pesado (aunque no dudo que algunos espectadores se puedan aburrir) y reflejando con detalle las funciones burocráticas y militares del Estado Alemán, recordando en cierta manera a “La solución final/ Conspiracy”, un notable telefilm sobre el Holocausto (en el que curiosamente también participaba Kenneth Branagh)


Así pues, en dónde falla Singer es en el suspense. Cuando el film empieza a coger fuerza, es decir, cuando el complot empieza a llevarse a cabo, la tensión debería ser máxima. Una tensión de la de morderse las uñas sin parar (aunque ya sepamos como acabará). Pero parece que a Singer le cuesta despegarse de la sobriedad de la primera hora, y no consigue ofrecer la intensidad suficiente para que esos momentos se nos hagan verdaderamente angustiosos (o por lo menos conmigo no lo consiguió). La inusitada inexpresividad de Tom Cruise en estos momentos tampoco ayuda demasiado a implicarnos en la acción.

Por el contrario y en su beneficio, la escenificación del complot es realista, sin efectismos baratos y dando mucha más importancia al acto en sí mismo que a los personajes. Pero como ya digo, esa solvencia se ve lastrada por una notable carencia de emoción en todo lo que acontece. Se percibe cierta frialdad a la hora de narrar los hechos, y en parte, el comentado distanciamiento para con los personajes desemboca en una menor implicación emocional del espectador, que observa con atención pero sin entusiasmo el desarrollo de los acontecimientos (si en el momento de las ejecuciones, nuestra sensibilidad no está a flor de piel, es que algo falla)

En el apartado técnico, nada que objetar. Una buena fotografía, una notable ambientación y unos resolutivos efectos especiales tanto para recrear las escenas de guerra (que son pocas) como para dar credibilidad al mutilado Stauffenberg/Cruise.


El reparto es, en líneas generales, solvente. Y aunque de buenas a primeras, una de las grandes bazas de la cinta era su repartazo, hay que decir que muchos de esos nombres que lo conforman tiene una presencia en pantalla más bien escasa, como es el caso de un discreto Kenneth Branagh o una desaprovechadísima Carice van Houten, la cual eso sí, con pocos minutos logra transmitirnos toda su tristeza.

Las interpretaciones más destacables son las de Bill Nighy, Tom Wilkinson y el alemán Christian Berkel; por encima de un Tom Cruise más contenido de lo habitual, algo que quizás aquí juega más en su contra que a su favor. Y que conste que considero a Cruise un buen actor -aunque a veces opte por el histrionismo- bastante menospreciado por sus lamentables “espectáculos” en la vida pública. Pero francamente, aquí peca en exceso de hierático e imperturbable.

Por tanto, “Valkiria” es una película demasiado correcta, en el sentido que no hay nada que la haga especial o destacable, más allá de la atractiva -y amarga- historia que nos relata. Teniendo en cuenta que cuando Singer se aleja de los superhéroes nos regala verdaderas joyitas como la ya citada “Sospechosos habituales” o la menos conocida “Verano de corrupción”, era de esperar que su último trabajo estuviera a un mejor nivel del mostrado. No es una mala película, ni mucho menos (realista, concisa y bien ambientada), pero sí bastante decepcionante para los que somos más exigentes (falta de emoción e intensidad), con una historia, el complot del 20 de Julio, que podía haber dado mucho más de sí.


Lo mejor: el realismo con el que se tratan los acontecimientos; los secundarios.

Lo peor: la falta de intensidad en el suspense y la carencia de emoción.


Valoración personal: Correcta

domingo, noviembre 02, 2008

“Warlords”, un hermano que daña a otro hermano, debe morir.


Por lo general, es difícil que el cine asiático, sea cual sea su procedencia exacta (China, Japón…), llegue a nuestras carteleras. Tan sólo los directores más reputados y/o las producciones más publicitadas tienen el honor de encontrar ese hueco.

Warlords es una superproducción China - inédita en nuestro país- que ha cosechado numerosos premios en su tierra natal. Sin ir más lejos, consiguió un total de ocho galardones en la 27ª entrega de los Premios a la Cinematografía de Hong Kong, y entre ellos el de Mejor Película y Mejor Director para el hongkonés Peter Chan, cineasta de filmografía más bien romántica y que con esta cinta se adentraba en un género inexplorado para él.

Otro galardonado fue su principal protagonista, Jet Li, en la categoría de Mejor actor. Premio, en mi opinión, más que discutible.


La historia de Warlords tiene lugar en 1860, durante la Dinastía de Qing y en plena guerra civil.
El general General Ma Xinyi (Jet Li) es el único superviviente de su destacamiento, que ha sido masacrado sin piedad por el ejército enemigo. Dolido por la muerte de sus hombres, sus hermanos, y jurando venganza, Ma Xinyi se une a un ejército a de bandidos liderados por Cao Er-Hu (Andy Lau) y Zhang Wen-Xiang (Takeshi Kaneshiro) . Pronto, Xinyi entabla una fuerte amistad con ellos, y a raíz del hambre y la pobreza en la que malviven, les convence para que se unan al ejército imperial. Los tres hombres realizan un pacto de sangre que les une como hermanos, y junto a sus 800 hombres, librarán grandes batallas en nombre del Imperio.


En Hollywood no son los únicos que realizan remakes, y la cinta de Chan no deja de ser una especie de nueva versión de un film de culto hongkonés titulado “Ci Ma” de principios de los 70. Por supuesto, sus 27 millones de euros de presupuesto (calculad el equivalente en yuanes) le dan un acabado técnico mucho más vistoso, si bien hay que indicar que gran parte de ese dinero ha ido destinado más bien a sus estrellas protagonistas.

Warlords es una de tantas películas épicas que se realizan en oriente, aunque a diferencia de otras, goza no sólo de espectaculares batallas y elaboradas coreografías, sino también de un cuidadoso tratamiento de sus personajes, y de una atractiva y consistente historia. La fuerza de la trama radica sobretodo en mostrar con realismo la crueldad de la guerra y el sufrimiento de quienes en ella participan. No hay buenos ni malos. Tan sólo vencedores y vencidos, muerto y vivos. En estas circunstancias, a veces los hombres hacen lo que deben hacer y no lo que quieren hacer o lo que creen que es moralmente correcto. Y eso es lo que pretende mostrarnos su director a lo largo de estas dos intensas horas de metraje.
El pacto de hermanos entre los tres protagonistas se pondrá a prueba en más de una ocasión, demostrando que las convicciones de uno y otros son más poderosas que las ambiciones de aquellos a quienes sirven.


Codicia, venganza, honor, traición, odio y amor a tres bandas es lo que ofrece esta épica película, rodada con brío y espectacularidad, pero sin caer en la ampulosidad y superficialidad de otros autores asiáticos.

Chan emplea la cámara lenta para realzar las batallas, pero sabe hacer un buen uso de ella sin caer en la reiteración abusiva. Muestra con crudeza los enfrentamientos entre los combatientes, haciendo gala de un excelente dominio de la cámara y mostrando sin tapujos la extrema violencia de la guerra.

Esto no es un anuncio de perfumes de dos horas, como sí lo son las vacuas y presuntuosas películas de Zhang Yimou. Tampoco en las coreografías se usan cables para resultar más impactantes. Aquí el director opta para algo más sucio, grisáceo y, en definitiva, más real.


El reparto resulta, en su mayoría, convincente, destacando por encima de todos a Andy Lau (Infernal Affairs) en el papel del sufrido –y cornudo- Cao Er-Hu.
Jet Li realiza algo cercano a una interpretación, resultando su trabajo mucho más correcto de a lo que nos tiene acostumbrados (aunque tampoco es como para levantar aplausos, la verdad)

La bonita banda sonora complementa a la perfección lo que vemos en imágenes, dándole esa majestuosidad que todo film épico/bélico necesita.

“Warlords” no tiene nada que envidiar a las superproducciones yanquis, más bien diría que todo lo contrario. Por tanto, es una buena opción para todos aquellos amantes del cine épico en general, y asiático, en particular. Sus dos horas quizás sean un poco excesivas, pero el ritmo nunca llega a decaer.


Lo mejor: su historia y sus personajes; las espectaculares y sangrientas batallas.

Lo peor: la subtrama amorosa no está completamente desarrollada.


Valoración personal: Buena

sábado, octubre 25, 2008

"Rescue Dawn", odisea en la jungla


La cinta que nos ocupa es otra de esas producciones que parece que jamás vayan a cruzar el charco. Una película que data del 2006 y que aún a día de hoy sigue siendo inédita en nuestro país. Parece que a Christian Bale le persiga una extraña maldición que de vez en cuando haga que sus trabajos sufran ciertos problemas de distribución. Recordemos que “Equilibrum “ jamás vió la luz en nuestras carteleras, cuando tenía todas las papeletas para hacer una buena taquilla, y que “3.10 To Yuma” se estrenó con un año de retraso respecto a EE.UU. Eso sin contar que “I'm Not There” se estrenó sin hacer mucho ruido y con una distribución bastante limitada.

Cierto es que Rescue Dawn no es una cinta que vaya a arrastrar en masa al público a una sala de cine, pero es uno de los trabajos más accesibles de su director, Werner Herzog.


La historia nos sitúa en plena Guerra de Vietnam. Durante una misión de bombardeo en la selva de Laos (cerca de Vietnam), el piloto estadounidense -de origen alemán- Dieter Dengler es derribado y hecho prisionero por la guerrilla de la zona. Después de sufrir continuas torturas, Dengler es enviado a un campamento junto a otros presos de guerra. Una vez allí, y conviviendo con sus nuevos compañeros en deprimentes condiciones, planeará un plan de fuga en busca de la ansiada libertad de todo preso. No obstante, fuera del campamento está la peor cárcel que jamás haya visto un hombre: la espesa e interminable selva de Laos, un lugar que puede convertirse en la tumba de todo aquél que ose adentrarse en ella.


Basándose en hechos reales, Herzog escribe y dirige este poderoso drama bélico -y a la vez, film de aventuras- que nos cuenta el durísimo cautiverio del piloto Dieter Dengler, que durante la Guerra de Vietnam logró sobrevivir al vietcong y a la infernal selva que lo separaban de su tierra. Una intensa historia de superación personal que el director alemán ya llevó a cabo, en 1997 y en forma de documental, bajo el título de “El pequeño Dieter necesita volar”, contando además, con la colaboración del propio Dengler.

Casi una década más tarde, esta historia nos llega en forma de película y con un excelente –como siempre- Christian Bale a la cabeza del reparto.

La secuencia que abre la película (el bombardeo visto desde el avión que lo realiza) ya nos ofrece una buena muestra de la capacidad del realizador a la hora en planificar sus planos, y la forma nada gratuita de realizarlos de una manera u otra.
La dirección de Herzog a es austera e impregna al film de un realismo estremecedor sobretodo en las escenas que se desarrollan en la jungla. Hay momentos duros que el director sabe manejar con cautela, sin hacer sangre de las tremendas condiciones que sufren nuestras protagonistas y evitando en todo momento abusar de la violencia como recurso para impactar al espectador. Más bien todo lo contrario, pues con la sobriedad de la puesta en escena (no sin olvidarme resaltar un excelente trabajo de fotografía), la casi ausencia de acción, los pocos diálogos y el uso minimalista de una bella banda sonora, Herzog tiene más que suficiente para mostrarnos las penurias de los presos, combinando sabiamente esos citados momentos duros con otros de necesitada emotividad (la amistad que va uniendo a los presos, por ejemplo, es una de sus bazas durante el tramo final)

El calvario que deben soportar nuestros protagonista no es tanto el centro de atención de la historia, sino el desarrollo del plan de fuga y cómo este puede unirlos o también separarlos (los hay a favor y también en contra del mismo). Por lo menos en lo que respecta al tiempo que pasan apresados por la guerrilla. Una vez fuera del campamento, todo es distinto, y ahí es donde prosigue esa complicada odisea hacia la libertad. La jungla se convierte en su principal enemigo; les rodea por todas partes, y sólo su perseverancia y valentía puede sacarlos de ese angustioso infierno.


Christian Bale vuelve a demostrarnos por qué es uno de los actores más solicitados de Hollywood, brindando al espectador una notable –y contenida- interpretación, entregándose por completo a su personaje como ya la hiciera con “El Maquinista” de Brad Anderson, aunque aquí no alcanza los extremos de delgadez vistos en aquél inquietante film.

En esta aventura le acompaña, entre otros, Steve Zahn, un actor que pese a estar anclado en el género de la comedia, nos entrega aquí una creíble interpretación. Probablemente, una de las más estimables de su carrera.


Desgraciadamente, no todos son halagos y hay que lamentar el sabor amargo que nos deja la guinda del pastel. Un desenlace “muy al estilo Hollywood” (con todo lo malo que eso conlleva) que si bien no desmerece el resultado final, si debemos decir que le hace un flaco favor al conjunto. Su única razón de ser es que respondiese a hechos reales acontecidos de tal forma.

“Rescue Dawn” es una película que te puede sonar a ya vista debido a su argumento, pero el estilo personal de Herzog le da un tratamiento distinto a este tipo de historias, por lo que considero un delito no haberla estrenado aún en nuestro país, más viendo lo bochornosa e insustancial que es a menudo nuestra cartelera.


Lo mejor: la sobria dirección; Christian Bale

Lo peor: un final demasiado “hoolywoodiense”


Valoración personal: Buena