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jueves, octubre 27, 2011

“Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio” (2011) - Steven Spielberg

Critica Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio 2011 Steven Spielberg
Traducidas a más de 70 idiomas, Las aventuras de Tintín escritas e ilustradas por el belga Georges Remi (bajo el seudónimo de Hergé) son todo un referente de la historieta del siglo XX. Su protagonista, un intrépido reportero de curioso tupé llamado Tintín, ha vivido emocionantes aventuras por todo el mundo a lo largo de 24 álbumes, de los cuales se han vendido más de 250 millones de copias. No es extraño, pues, que dada su popularidad, el personaje hiciera el salto de las viñetas al celuloide; primero con una poco conocida cinta animada en stop-motion, luego en una producción franco-belga (que llegó a tener secuela) con actores de carne y hueso encarnando a los famosos personajes de Hergé, y finalmente con películas y series animadas para el mercado doméstico. Probablemente estas últimas adaptaciones sean las que más aceptación han tenido entre los tintinófilos, si bien parecía que a Tintín le hacía falta aún una gran superproducción en cartelera que lograra llegar no sólo al adepto sino también al espectador ajeno a la obra del artista belga. Y ese momento por fin ha llegado con “Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio“.

El curioso e insaciable joven periodista Tintín (Jamie Bell) y su leal perro Milú descubren, por casualidad, un centenario misterio escondido en la maqueta de un barco bautizado como “El Unicornio”. Intrigado por semejante hallazgo, Tintín se embarca en una minuciosa investigación que le sitúa en el punto de mira de Ivan Ivanovitch Sakharine (Daniel Craig), un hombre avaricioso y sin escrúpulos que anda tras un valioso tesoro vinculado a un cruel pirata llamado Rackham el Rojo.

Con la ayuda de su perro Milú, el mordaz y cascarrabias capitán Haddock (Andy Serkis) y los torpes detectives Hernández y Fernández (Simon Pegg y Nick Frost), Tintín viajará por medio mundo procurando ir un paso por delante de sus enemigos en una incesante persecución para hallar el lugar donde finalmente descansa “El Unicornio”, un navío hundido que puede contener la clave de una cuantiosa fortuna...

Treinta años han pasado desde que Steven Spielberg descubriera por primera vez la obra de Hergé y se convirtiera, desde ese instante, en un apasionado de las aventuras del joven Tintín. En este tiempo, el director ha adquirido, perdido y vuelto a adquirir los derechos sobre el personaje, y tras alguna que otra intentona frustrada, por fin ha conseguido llevarlo a la gran pantalla.

Esta película, primera de una ambiciosa trilogía a dos manos entre Spielberg y Peter Jackson, reúne y unifica las historias de “El Cangrejo de las Pinzas de Oro”, “El Secreto del Unicornio” y “El tesoro de Rackham el Rojo” escritas por Hergé.

Todo empieza con la compra de una maqueta de un barco que, al parecer, oculta un misterioso secreto en su interior. La maqueta, en posesión de Tintín, es pretendida por Sakharine, buen conocedor de que en ella se encuentra una de las tres claves que necesita para localizar un valioso tesoro que se halla bajo el mar. El encuentro entre ambos propiciará que el joven periodista conozca al capitán Haddock, capturado por Sakharine para sus pérfidos fines. Con tal de hallar las claves para averiguar la localización del tesoro y con ello desbaratar los planes de su temible adversario, nuestros tres protagonistas -Tintín, Haddock y el inteligente Milú- se verán inmersos en un viaje repleto de obstáculos que superar y enemigos que batir.


Desde sus espléndidos créditos iniciales (todo un historial tintinesco) hasta su último plano, la película hace alarde de una imaginación y una inventiva visual increíbles. La presentación de nuestro protagonista brilla por su concisa y explicativa sencillez, mostrándonos recortes de periódico con los que se nos da a entender que se trata de un reportero experimentado en situaciones de todo tipo; un joven que no tiene miedo a asumir riesgos con el fin de resolver misterios y lograr un buen artículo. Y si se tercia, impartir también algo de justicia.

Las transiciones de unas escenas a otras destacan por su original tratamiento y las secuencias de acción cuentan con una elaboradísima planificación endiabladamente frenética y alocada. Y es que Spielberg ha sabido aprovechar las herramientas que le permite el campo de la animación para manejar con inmaculada precisión toda la puesta en escena. La concepción de los planos y la escenografía, las virtuosas coreografías en la acción, el manejo de un ritmo agitado pero sin apabullar… Todo meticulosamente estudiado y al servicio de una historia repleta de misterio y humor, mucho humor.

Y es que la animación parece ser el formato más adecuado para el concepto de disparatada aventura que el director maneja en esta película. Lo que vemos en pantalla (personajes, gags, acción…) se mueve dentro de los parámetros del slapstick, siendo todo muy caricaturesco (precisamente lo que requería dicho personaje). Quizás eso no exigiera que se empleara la motion capture, pues bien podría haber servido la animación CGI habitual, pero hay que reconocer que
la calidad visual que ostenta es uno de sus mayores atractivos.

La técnica, ya empleada con tibios resultados por Robert Zemeckis en sus últimos largometrajes, sigue mostrándose un tanto defectuosa -o mejorable, si se prefiere- en lo que a expresividad de los personajes se refiere. Aún observándose una mejoría respecto a sus predecesores, los rostros siguen sin resultar del todo convincentes. Las texturas tienen un acabado impecable, pero el movimiento sigue antojándoseme ortopédico. Incluso la gestualidad y movimientos del cuerpo tiene sus más y sus menos (a ratos son más naturales y a ratos no tanto). De todas formas, juega a su favor que el diseño de personajes mantenga, precisamente, la caricaturización de las viñetas, funcionando mejor la expresividad cuanto más exagerados son los rasgos faciales. Es por ese motivo que, a nivel expresivo, Haddock convence mucho más que Tintín, éste último de facciones más suaves y realistas.

Hablando precisamente de estos dos personajes, sobra decir que forman
una pareja aventurera perfecta a pesar de sus dispares caracteres. La torpeza de uno (el lobo de mar de Haddock) es compensada por la astucia del otro (el habilidoso y locuaz Tintín). Juntos protagonizan uno de los tramos más trepidantes e hiperbólicos de la película a bordo de un sidecar, lo cual nos lleva irremediablemente a acordarnos de Henry Jones Jr. y padre en “Indiana Jones y la última cruzada” (sabréis de sobra a qué secuencia me refiero). Por otro lado, Haddock nos obsequia con su momento de gloria al rememorar -flashback mediante- una antigua hazaña de un antepasado en un vibrante abordaje pirata.


Por obra y gracia de la motion capture y del trabajo de todo un especialista en este campo, Andy Serkis,
el bueno –y borrachín- del capitán (que a servidor le recuerda más a Harrison Ford, sobre todo al de “Seis días y siete noches”) termina robándole cierto protagonismo al reportero gracias a sus graciosas y a veces disparatadas intervenciones. Claro que para robaescenas ahí está también el pequeño Milú, un can tan espabilado que deviene en un inestimable compañero de fatigas.

Según pensaba el propio Hergé, Spielberg era el único director capacitado para hacer una película basada en su trabajo. Y tenía razón.

Un neófito tal como un servidor es incapaz de percibir la multitud de referencias al universo Hergé que de buen seguro el aficionado captará al instante, y quizás por ello el director nos deja algún que otro (auto)guiño cinéfilo (véase “Tiburón”) para nuestro regocijo.

De cualquier modo,
“Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio” es una disfrutable cinta de animación que hará las delicias de los fans de Tintín y contentará también al que busque buen cine de aventuras. Sus casi dos horas se hacen cortísimas, lo cual es un buen síntoma para acoger con los brazos abiertos sus futuras secuelas, siempre y cuando la taquilla responda. Y si lo hace, sé de uno (un tal Zemeckis…) que se va a dar de cabezazos contra la pared.

P.D.1: La loable banda sonora del gran John Willams se contagia de ese tono humorístico de la película, componiendo una partitura muy risueña y jazzística (amén de afrancesada, si se me permite la obviedad, dada la naturaleza franco-belga del personaje). Además ofrece las consabidas aportaciones orquestales enérgicas que acompañan los momentos más trepidantes. Se echa en falta, no obstante, un leitmotiv que quede grabado en la memoria.

P.D.2: Como sé que me lo vais a preguntar… Decir que el 3D se emplea para otorgar profundidad y poco más. Por tanto, no molesta (que ya es mucho) pero tampoco aporta un plus indispensable al visionado de la película. Los que gusten de ponerse las dichosas gafitas no se sentirán estafados (a menos que esperen un efecto estereoscópico espectacular), y el resto podrá disfrutarla de igual manera en 2D.



Lo mejor: su sentido de la aventura; el humor; el capitán Haddock.

Lo peor: la aún deficiente expresividad facial de la motion capture; que el co-protagonista (Haddock) eclipe al protagonista (Tintín).


Valoración personal: Buena

sábado, agosto 06, 2011

“Capitán América” (2011) - Joe Johnston

critica Capitán América 2011 Joe Johnston
Desde que Marvel Comics empezó a llevar las riendas de sus propias adaptaciones superheroicas, las alegrías para la editorial comiquera se han ido sucediendo una tras otra. En 2008, Iron Man supuso el inicio de una nueva y mejor etapa cinematográfica para los superhéroes de la casa, ofreciendo un entretenimiento (de calidad) que marcaría las pautas a seguir en el resto de adaptaciones y supondría también la primera pieza del entramado universo marvelita que se ha ido engrasando para hacer posible la llegada en cines de “Los Vengadores”, esa (super)película que reunirá a todos los superhéroes (entre otros personajes) que se han ido presentando en solitario y conectando película tras película. Con mayor o menor acierto, hemos visto ya prácticamente a la totalidad del supergrupo, y ya sólo nos quedaba por ver al Capitán América.

1941. En plena Segunda Guerra Mundial, el valiente Steve Rogers (Chris Evans), un joven de apenas 45 kilos de peso, intenta reiteradamente ingresar en las filas del ejército estadounidense para luchar junto a los suyos en la guerra contra las Potencias del Eje. Aunque su frágil y enclenque complexión invita a que rechacen constantemente su solicitud, Steve no se rinde, y por fin su insistencia obtiene recompensa cuando le eligen para ser el primero en formar parte de un programa experimental que lo convertirá en un súper soldado.

Con una mejorada apariencia física y convertido en el Capitán América, Steve unirá fuerzas con su amigo Bucky Barnes (Sebastian Stan) y la agente Peggy Carter (Hayley Atwell), bajo las órdenes del Coronel Chester Phillips (Tommy Lee Jones), para luchar contra la malvada organización HYDRA, la división científica de Adolf Hitler encabezada por el infame Cráneo Rojo (Hugo Weaving).

Como ya he comentado al inicio de la crítica, Marvel ha ido conectando sus personajes para allanar el terreno a Los Vengadores. Primero empezó con unos meros guiños y referencias circunstanciales, para pronto pasar a aumentar la presencia de la división S.H.I.E.L.D. (División Nacional de Intervención, Seguridad y Logística) y cobrar ésta un mayor protagonismo en las tramas. Esto ocurría en Iron Man 2, en la reciente Thor y, por supuesto, también en Capitán América. Sin embargo, el hecho de que la acción transcurra durante la II Guerra Mundial obliga a establecer esos lazos de unión al margen de la trama principal. ¿Y de qué modo se consigue eso? Pues mediante un prólogo y un epilogo que se ubican en la actualidad (amén de algún que otro personaje como Howard Stark –padre de Tony Stark/Iron Man- o el poderoso objeto –un cubo cósmico- que codicia Cráneo Rojo)


Pero el hecho de unificar a todos los personajes en un mismo universo se puede convertir en un arma de doble filo. Y es que eso es bueno y malo según cómo se mire. Bueno porque hace posible la existencia de los Vengadores, una de las traslaciones a la gran pantalla más ansiadas por los fans de los superhéroes y una película que puede convertirse en un gran pelotazo taquillero si se hacen bien las cosas. Malo porque esa dependencia les hace perder, en cierto modo, su individualismo, su propia esencia, su razón de ser por sí solos. Dado que esa dependencia ha ido en aumento, en algunas casos como la secuela de Iron Man ha conseguido hundir la propia película, que con tanto personaje y subtrama de por medio parecía más una precuela de los Vengadores que una secuela del hombre de hierro. No obstante, hay decir que esto no le ocurre de forma tan grave al Capitán América, donde la mayor parte del tiempo asistimos al nacimiento del superhéroe en respuesta a las preguntas básicas habituales (cómo, cuando, dónde y por qué) y a su lucha contra un enemigo único y exclusivo de la trama que aquí nos presentan.

Así pues, tenemos a un joven que de la noche a la mañana, y gracias a un suero especial y al bombardeo de unos “vita-rayos”, pasa a convertirse en un supersoldado dispuesto a luchar por su patria, aunque antes de empezar a partir cráneos nazis tenga que pasar por la humillación de convertirse en un reclamo publicitario (además de un símbolo patriotero) para recaudar fondos para los aliados. Sin embargo, una vez demostrada su valía en el campo de batalla (misión de rescate mediante), veremos al Capitán América en plena acción, con su traje de colores y su indestructible escudo haciendo frente a los esbirros del megalómano Johann Schmidt/Cráneo Rojo.

Los guionistas han sabido moverse dentro de los entandares de Marvel para crear una aventura con sabor a pulp que sabe combinar sabiamente las escenas de transición con las de acción. Además, conectamos inmediatamente con el personaje de Steve Rogers no porque sintamos lástima por él sino por las agallas de las que hace gala pese a su debilucho físico, por su buen corazón y sobre todo por esa estimable integridad y honestidad que le hacen digno de convertirse en el elegido para ser el Capitán América. La presentación del personaje desde que aparece por primera vez en pantalla hasta que se convierte en un soldado hipermusculado está narrada de forma muy amena, sabiendo introducir correctamente al resto de personajes (y son unos cuantos) que conforman la trama, y dándole a cada uno los minutos pertinentes para desarrollar una historia que, aún en su sencillez, se muestra de lo más sólida.



Pese a su irregularidad como cineasta y a la poca confianza que inspiraba en muchos tras el batacazo de “El hombre lobo”, Johnston ha sabido manejar con acierto el encargo que se le ha encomendado, trasladando al personaje de la viñeta a la pantalla sin caer en lo ridículo o en lo ostentoso (patriotismo, el justo y necesario). La película goza de cierto regustillo a aventura añeja gracias no sólo a la época en la que se desarrolla sino también al tradicional y muy comiquero tratamiento de los personajes, a la ejecución clásica y medida de Johnston en las escenas de acción (se nota que es un director de la vieja escuela que no ha sucumbido a las moderneces de hoy día) y al fantástico apartado artístico (caracterizaciones, diseños retro, etc.). Lo dicho, un pulp en toda regla, y con mucha honra.

Las escenas de acción son atractivas y, lo que es mejor, comprensibles para el ojo humano. Además, toda esa pirotecnia está bien distribuida a lo largo del metraje y consta de unos efectos especiales más que convincentes. Quizás en alguna ocasión chirríen un poco (algún que otro croma, por ejemplo, o cuando los soldados de HYDRA salen volando por los aires), pero en otras la calidad es prácticamente impecable (el Steve Rogers enclenque, sin ir más lejos)

Las notas de humor no caen en lo chorra o bobalicón como ocurría en el Thor de Kenneth Brangh (director, irónicamente, de mayor prestigio que el aquí presente) sino que son simpáticas e incluso divertidas (a destacar las frases que suelta el -serio pero bonachón-Coronel) y las secuencias más épicas logran ser emocionantes, ayudadas en parte por la adecuada -si bien funcional- partitura de Alan Silvestri, donde destaca un logrado leit-motiv fácilmente reconocible y tarareable que ya identifica al Capitán (vale que Silvestri no es Williams, pero hace bien su trabajo)

Chris Evans cumple sobradamente como héroe (tanto en lo físico como en lo interpretativo), y está muy bien acompañado por un muy correcto elenco de secundarios donde destacan Tommy Lee Jones y Stanley Tucci en el bando de los buenos, y Hugo Weaving (un crack haciendo de villano) en el de los malos.

Así que con “Capitán América” la diversión está garantizada. Un agradable y satisfactorio entretenimiento pulp y la segunda mejor película de superhéroes del año (ya sabéis cuál es la primera)

P.D.: Tras los créditos os espera el avance de “Los Vengadores”. Y sigo creyendo que esa es la manera idónea -utilizando las escenas post-créditos- de conectar todos los personajes para poder disfrutar de forma individual de sus películas. El desenlace de este “Capitán América” es demasiado dependiente de la película que veremos el año que viene. Y eso, desde la perspectiva del no fan o del espectador que va a ver simplemente una película más de aventuras, es un error.


Lo mejor: su espíritu pulp

Lo peor: su vinculación con Los Vengadores.


Valoración personal: Buena

miércoles, junio 01, 2011

“X-Men: Primera generación” (2011) - Matthew Vaughn

critica X-Men: Primera generación 2011 Matthew Vaughn
Se podría decir que los X-Men de Bryan Singer fueron los que inauguraron la actual e incesante moda de llevar al cine a los superhéroes de las viñetas. Después del declive de estas adaptaciones por culpa de los abortos perpetrados por Joel Schumacher con la franquicia de Batman, a finales de los 90 llegaría Blade para poner la primera piedra que reconciliaría la industria cinematográfica con el mundo del cómic. Pero este personaje no era estrictamente un superhéroe, por lo que no sería hasta la llegada de la famosa Patrulla X cuando el resto de estudios se animaron a desempolvar sus viejos tebeos y rescatar esa fuente inagotable de historias con las que Hollywood lleva nutriéndose años y años. Además, los avances en tecnología digital abrieron un abanico de posibilidades que permitieron echarle el guante a unos superhéroes que, quizás, años atrás no hubieran podido adaptarse con tanto atino (al menos en lo que respecta al aspecto visual y pirotécnico)

Así pues, los X-Men despejaron el camino para que llegaran Spiderman, Hulk, Los 4 fantásticos, Daredevil, Iron Man e incluso un remozado Batman, entre otros. Pero los primeros tampoco quisieron quedarse atrás, así que hasta el momento, el éxito de Singer ha dado para dos secuelas más, un spin-off y la precuela que ahora nos ocupa.

“X-Men: First Class” nos acerca a la juventud del profesor Xavier (James McAvoy) y Eric Lensherr /Magneto (Michael Fassbender) antes de que estalle su rivalidad, cuando aún eran amigos y estaban descubriendo sus poderes; una época en la que colaboraron juntos, ayudados por otros mutantes para combatir la mayor amenaza que el mundo ha conocido.

Después del fallido intento -artístico, que no económico- de mostrar los orígenes de Lobezno en solitario, y viendo lo bien que le está yendo a Marvel adaptando los personajes de los que aún conserva los derechos, nos temíamos lo peor cuando la Fox anunció que seguiría explotando la franquicia X-Men, esta vez en forma de precuela y con un reparto formado prácticamente por adolescentes.

Sin embargo, tras el fichaje de Matthew Vaughn y, posteriormente, de un buen puñado de intérpretes más que solventes, los temores se fueron disipando. Luego llegaron los tráilers y el recelo mayoritario casi desapareció, aunque la promoción cartelística fuese de juzgado de guardia.

Ahora, con el estreno mundial de la película a la vuelta de la esquina, serán los espectadores quienes por fin podrán juzgar de primera mano si la espera ha valido la pena. Por mi parte, puedo constatar que el estudio ha logrado compensar los errores cometidos en el pasado entregando ahora un entretenimiento superheroico de calidad.

Nada más empezar la película nos damos cuenta que esta vez se han hecho bien los deberes, pues los primeros minutos conectan directamente con aquel primer film de Singer, situándose en plena II Guerra Mundial y mostrándonos a un jovencito Eric Lensherr justo en el momento en que es separado de su familia y hace uso de sus poderes ante la incrédula mirada del ejército nazi. Es más, diría que Vaughn ha rodado la secuencia plano por plano como lo hizo Singer en su momento (pero con otro niño actor haciendo de Erik, claro está)

Este inicio supone el primer apunte en el interés por mantener la continuidad respecto al resto de la saga, algo que con Lobezno no se hizo del todo bien, a mi entender.

Luego ya le toca el turno a unos jóvenes Profesor Xavier y Mística, los principales protagonistas junto a Magneto, de la trama que más tarde se desarrollará.

La historia se sitúa durante los años 60, en el punto álgido de la Guerra Fría, cuando las crecientes tensiones entre Estados Unidos y la Unión Soviética amenazaban a todo el planeta. En este contexto tenemos, por un lado, a Erik en busca de venganza tras las atrocidades sufridas en el pasado, cuando no era más que un niño; por el otro, tenemos a Xavier y su protegida Raven (Mística) uniéndose a la CIA para intervenir en una inminente amenaza que podría desencadenar la III Guerra Mundial.

En este punto es cuando, por primera vez, se dan a conocer los mutantes al resto del mundo. Y esto es precisamente lo que supondrá el principal conflicto entre ellos.

La crisis de los misiles de Cuba de 1962 sirve para introducir al villano de la trama encarnado por Kevin Bacon; un Sebastian Shaw que, sin contar sus poderes sobrehumanos, bien podría haber salido de alguna película de James Bond. Su pérfido plan pone en peligro a toda la humanidad en beneficio de la supervivencia y supremacía de los mutantes.


Erik y Xavier unen sus fuerzas –aunque por distintos intereses- para hacer frente a Shaw, y por ello reclutan a otros mutantes a los que entrenarán para que aprendan a controlar sus poderes.
A partir de ahí, se librará una batalla entre mutantes, con los humanos de por medio y con el peligro de una guerra asomando en el horizonte.

Uno de los grandes logros de “X-Men: Primera generación” es dedicar un especial interés a los debates internos de sus personajes, especialmente de Erik y Xavier.

Ambos son conscientes del peligro que supone para ellos el darse a conocer al resto de la humanidad. Pero mientras que uno, Erik, recela de los humanos, convencido de que cuando sepan de ellos les darán caza; el otro, Xavier, confía en su integridad y espera que éstos les acojan dentro de su sociedad, sobre todo después de prestar su ayuda en el conflicto de los misiles cubanos.

Pero ya se sabe que el hombre teme a lo desconocido, y que ese temor puede llegar a convertirse en odio. Y eso es lo que terminará quebrando la amistad entre Erik y Xavier. Ninguno está dispuesto a dar el brazo a torcer, y pronto los mutantes tendrán que decidir a qué bando desean pertenecer.

En ese sentido, existe otro detalle, el aspecto físico, que causará un dilema personal entre algunos personajes como Raven o Bestia, cuya monstruosa apariencia será todo un hándicap para llegar a aceptar su condición de mutante.

Por tanto, nos encontramos con una película muy interesante y consistente desde el guión, y que no sólo ofrece el espectáculo palomitero que uno espera de una producción de estas características, sino que reflexiona sobre cuestiones que bien podrían extrapolarse al mundo real, procurando dotar de humanidad y profundidad a sus personajes e incidiendo audazmente en sus conflictos internos. Ese es, probablemente, uno de los aspectos más destacables de la –pese a todo, previsible- historia, ya que propicia momentos ciertamente emocionantes gracias al notable grado de implicación que el espectador consigue tener con los protagonistas.

Los guionistas abordan la historia con seriedad y madurez, pero sin olvidar la necesidad –imperante en la saga- de ofrecer unas acertadas pinceladas de humor que, a diferencia de otras producciones similares, no caen en lo ridículo o lo bobalicón. Prueba de ello sería cierto cameo en concreto que muchos seguidores de la serie agradecerán; algunas puyitas o bromas entre los protagonistas o la actitud ligona de un joven Xavier que contrasta un poco con la formalidad con la que siempre le hemos visto en pantalla.

Pero además de los cameos, hay que estar atento también para detectar las referencias o guiños a otros personajes de la saga (SPOILER-- atención al momento en el que Xavier prueba la máquina que le ayuda a encontrar mutantes por todo el mundo; servidor llegó a distinguir a unos jovencísimos Tormenta y Cíclope -- FIN SPOILER)


En cuanto a la fidelidad con los cómics, eso ya es algo que escapa a mi conocimiento y que deberán juzgar los fans, pero imagino que la idea principal era ajustarse a lo ya establecido en las anteriores películas. Y supongo que en ese aspecto siempre habrá un grupo de puristas que se quejen, a veces con razón, a veces por puro placer (que si los trajes no son iguales, que si este actor es demasiado alto… en fin, nimiedades), pero creo que independientemente de eso, el resultado es muy satisfactorio.

La dirección de Vaughn es de lo más competente. Lejos de querer copiar el estilo de Singer, como hizo Brett Rattner, el británico se adapta a la franquicia dejando su impronta personal y demostrando que es un director con criterio y no un vulgar mercenario. Cabe destacar, en ese aspecto, momentos como la transformación de Bestia (vista desde el punto subjetivo del personaje) o cuando el pequeño Erik se encuentra cara a cara con Shaw en su peculiar despacho.

Las escenas de acción son atractivas y, lo que es mejor, perceptibles para el ojo humano; los efectos especiales resultan convincentes y el tono solemne y épico de la banda sonora le sienta como un guante.

Pero por encima de todo sobresale el elenco de actores encabezado por dos estupendos intérpretes, James McAvoy y Michael Fassbender. Los dos evitan emular a Patrick Stewart y a Ian McKellen, adueñándose de los personajes de Xavier y Magneto y haciéndolos suyos, pero manteniendo, eso sí, la misma química que sus predecesores.

A Kevin Bacon siempre se le ha dado muy bien hacer de malo, así que es otro gran acierto de casting (hablando alemán y todo), aunque luego Fassbender le robe algo de “protagonismo antagonista”.

Nicholas Hoult y Jennifer Lawrence destacan de entre el correcto reparto juvenil, y el resto de secundarios cumplen con su labor. Y ojo porque hay mucha cara conocida: Rose Byrne, Oliver Platt, Michael Ironside, Jason Flemyng, James Remar, Rade Serbedzija (que siempre hace de ruso), Matt Craven…

También está el español Alex González, pero no creo que nadie vaya a acordarse de su intervención, menos aún cuando lo único que hace en todo la película es agitar los brazos. Y es que, si hay algún defecto que acarrea del resto de entregas, es que los esbirros del villano son casi siempre meros títeres -con poco o nada de diálogo- que obedecen órdenes, sean quiénes sea quienes los encarnen (con Flemyng en el rol de Azazel se podría haber sacado mucho jugo…)

“X-Men: Primera generación” no sólo hará las delicias de los seguidores de la Patrulla X, sino de todos aquellos que busquen buen cine de entretenimiento; aquél que no antepone los efectos especiales y la acción a la historia y los personajes.

Si esto es el inicio de una nueva trilogía, lo cierto es que no podrían haber empezado con mejor pie. Y no estaría de más que Vaughn siguiera a los mandos de las secuelas, aunque también sería una lástima no poder aprovechar el talento de este director en otros géneros (a la vista de lo bien que lo ha hecho con el thriller –Layer Cake- o la fantasía –Stardust-)



Lo mejor: que no antepone la acción y los efectos especiales a la historia y los personajes; James McAvoy y Michael Fassbender.


Lo peor: la poca personalidad de los esbirros de Sebastian Shaw.


Valoración personal: Buena

jueves, junio 03, 2010

“Kick-Ass” (2010) - Matthew Vaughn

crítica Kick-Ass 2010 Matthew Vaughn
Tras debutar con “Layer Cake”, un notable pero no muy conocido thriller protagonizado por un Daniel Craig pre-bond, y posteriormente estrellarse injustamente en taquilla con “Stardust”, una de las mejores películas de fantasía de la pasada década, el productor, director y guionista Matthew Vaughn decidió embarcarse en un proyecto distinto a sus anteriores trabajos. Para ello pensó en la adaptación de “Kick-Ass”, un cómic ultraviolento escrito por Mark Millar (Wanted) y dibujado por John Romita Jr., y cuyos derechos para su versión cinematográfica fueron vendidos antes incluso de que éste fuera publicado.

La intención de Vaughn era mantenerse lo más fiel posible a la desatada violencia de la que hacía gala el cómic, lo cual supuso todo un impedimento a la hora de conseguir financiación y apoyo de un gran estudio de Hollywood. Y es que ya se sabe que éstos están interesados básicamente en hacer producciones PG13 o para todo todos los públicos -censurando si es necesario el producto final- con el único fin de abarcar a más espectadores y, en consecuencia, amasar más millones.

Pese a este primer obstáculo, Vaughn siguió adelante y decidió autofinanciarse (con la colaboración de Plan B Entertainment, la compañía de Brad Pitt) con la esperanza de que una vez finalizado el rodaje y vistos los resultados, los estudios cambiaran de opinión. Y así ocurrió.

El director presentó la película en el Comic-Con, todo un escaparate para este tipo de producciones, y la recepción de los asistentes no pudo ser mejor, mostrándose entusiasmados/exaltados ante lo que habían visto.

Este hecho propició que los estudios, ahora sí, se interesaran en la distribución de la película. Lionsgate, Paramount y Universal, ésta última distribuidora de Wanted, adaptación basada también en una obra de Millar, “pelearon” por llevarse el gato al agua, siendo los primeros los que finalmente se hicieron con los derechos de “Kick-Ass”.

Desde entonces, la promoción del film ha sido incesante, y a base de clips, tráilers, preestrenos y críticas procedentes del otro lado del charco, el hype ha ido aumentando de forma considerable. EE.UU y otros muchos países ya tuvieron oportunidad de verla, y aunque su carrera comercial está siendo bastante discreta, gracias a su reducido presupuesto (30 millones de dólares) los números conseguidos hasta el momento la convierten en un éxito. De tratarse de un habitual blockbuster hollywoodiense, cuyas cifras se mueven entre los 100 y los 250 millones, probablemente sí estaríamos hablando de fracaso o, en todo caso, de una decepción. Pero si además tenemos en cuenta que el público al cuál va dirigida es muy concreto y que las críticas están siendo inmejorables, poca duda cabe que Vaughn ha triunfado como pocos lo hacen.

La historia de ‘Kick-Ass’ gira en torno a Dave Lizewski (Aaron Johnson), un estudiante de instituto del montón y gran aficionado a los cómics que un día toma la decisión de convertirse en un superhéroe, como los de las historietas que tan asiduamente lee.

Sin ningún tipo de superpoder ni nada que le haga especial o mejor que los demás, Dave se pone una máscara y se embute dentro de un disfraz para salir a las calles a combatir el crimen. Tras un poco de entrenamiento y unas primeras semanas de lo más tranquilas, Kick-Ass, como así se hace llamar, tiene la oportunidad de demostrar por fin sus habilidades superheroicas enfrentándose a un par de malhechores de poca monta. Desgraciadamente, su primera intervención no da los frutos deseados, y Dave acaba recibiendo una paliza que lo manda al hospital.

Tras ser intervenido varias veces, recibiendo placas de acero por casi todo su cuerpo, y realizando una posterior rehabilitación, nuestro joven protagonista decide ponerse nuevamente el disfraz de superhéroe. Gracias a una menor sensibilidad en su cuerpo, su segundo aparición obtiene mejores resultados, y pronto su nombre se convierte en todo un fenómeno seguido por internet y por los canales de televisión.

Pero Dave no es el único que anda por ahí combatiendo el crimen con un traje hortera, y pronto conocerá a Hit Girl (Chloë Moretz) y Big Daddy (Nicolas Cage), dos superhéroes (padre e hija) dispuestos a saldar una cuenta pendiente con el jefe de la mafia local, Frank D'Amico (Mark Strong) En este punto, es cuando realmente el joven tendrá que demostrar sus agallas y su valía como superhéroe enfrentándose a tipos armados hasta los dientes.

No hace falta haber leído el cómic para darse cuenta que ésta no es una película de superhéroes al uso, sino que se trata, nuevamente, de una vuelta de tuerca al género, a medio camino entre la parodia y el más sentido homenaje. Tampoco es la primera propuesta de este tipo que llega a nuestras carteleras, pues años atrás, a finales de los noventa, se estrenó Mystery Men, basada también en un cómic. Pero sí es la primera que logra hacerlo con éxito (la anteriormente citada fue un fracaso de taquilla pese a su interesante reparto)

Las bazas con las que cuenta “Kick-Ass” son su tono gamberro y descerebrado, su humor negro, sus altas dosis de violencia y su acercamiento a las nuevas tecnologías.

Analicemos todas ellas paso a paso.


El punto de partida de la historia es la de un chico normal y corriente que un buen día se calza un cutre disfraz con el que salir a la calle a hacer el bien y plantar cara a los criminales. Obviamente, semejante argumento ya es toda una declaración de intenciones.

El día a día de nuestro protagonista, entrenándose concienzudamente, ocultando su identidad a sus amigos y familiares, y prestando desinteresadamente sus servicios al bien de la comunidad (eso incluye también buscar a un gatito perdido), podría ser como la de cualquier superhéroe de viñeta que se precie si no fuera porque no tiene superpoderes ni ningún tipo de preparación física, y ni mucho menos dispone del dinero suficiente como para poseer un arsenal y un equipamiento adecuados para luchar contra el crimen. Por supuesto, estas carencias no le impiden llevar a cabo su labor con entusiasmo y dedicación, aunque su primer intento casi consiga que lo maten.

La situación en la que se encuentra Dave es la que da pie a numerosos momentos de lo más hilarantes. Ya el nombre que se autoimpone, Kick-Ass (algo así como “pateaculos”), da buena fe del tono irreverente que tiene la película.

El humor negro del que hace gala es su estandarte, consiguiendo, como ya he comentado, momentos bastante hilarantes y bizarros (aunque no tronchantes, para mi gusto). A destacar, por ejemplo, la secuencia que abre la película o el entrenamiento que recibe Mindy Macready / Hit-Girl por parte de su padre Damon Macready / Big Daddy para que ésta no tema a las armas de fuego.

La violencia es otro punto fuerte, ya que el director no tiene pudor alguno en mostrar secuencias de lo más bestias y sanguinarias, tanto con las palizas y torturas que padece Dave/Kick-Ass, como con la venganza que lleva a cabo la pequeña Hit-Girl. Por otro lado, las diferentes coreografías y escenas de acción, aunque mayormente fantasiosas y, en el caso de ésta última, impensables para una niña de 11 años (tampoco esperábamos realismo en esta cinta), están francamente elaboradas y resultan espectaculares, aunque en algún momento el escaso presupuesto le pase factura en cuestión de efectos especiales (SPOILER-- las escenas de vuelo de Kick-Ass cantan un poco, así como su atropello inicial, que parece salido de una de las películas de Mortadelo y Filemón, por lo chapucera y caricaturesca que resulta -- FIN SPOILER )

Las continuas referencias y guiños al mundo del cómic -Batman, sobre todo- harán las delicias de los comiqueros. Además la trama de la película discurre también por caminos harto conocidos por los superhéroes, como es el momento en el que nuestro héroe enmascarado se replantea su vida como defensor de la justicia (casi siempre por el riesgo que corren amigos y familiares)


De este modo, se reutilizan sabiamente los tópicos más habituales del género. Aunque hay que indicar que algunos puntos de la historia quedan un tanto forzados o incluso fuera de lugar pese al tono jocoso de la cinta. Véase, en este sentido, SPOILER-- la inmediatamente positiva reacción de Katie (Lyndsy Fonseca) al conocer la verdadera identidad de Kick-Ass (no cuela ni con cola), sus arrebatos sexuales con Dave (están de más) o su más bien improbable exnovio traficante de armas (hubiera sido mejor enlazar esa parte como la petición de otro fan y no como la de ella) o el chisme que Kick-Ass utiliza en el tramo final de la película (fantasmadas sí, pero sin excederse, y menos si el presupuesto no las cubre decentemente)—FIN SPOILER

También el hecho de recurrir a temas conocidos implica que todo resulte un tanto o bastante previsible, aunque Vaughn sabe sacarse un par de ases de la manga que dan frescura a la propuesta. SPOILER-- Uno de ellos es el momento en el que Big Daddy explica su historia a través de viñetas de cómic (todo un acierto); el otro, la parte que corresponde al rescate de Big Daddy y Kick-Ass, con una Hit-Girl atacando en modo primera persona (First Person Shooter) al igual que se hizo en la película Doom y, por tanto, un claro guiño al mundo de los videojuegos.

Esa mezcla de referencias, junto a temas tecnológicos tan a la orden del día como MySpace o Youtube, hará que el espectador actual –el adolescente, sobre todo- se sienta aún más identificado con la propuesta.

Pero realmente lo mejor de Kick-Ass no es el propio Kick-Ass, valga la redundancia, sino Hit Girl, o mejor dicho, Chloe Moretz. La pequeña actriz se desenvuelve con tanta soltura y desparpajo, que deja en pañales al resto de sus compañeros de reparto, quiénes, todo sea dicho, cumplen de sobras con su labor (y Nicolas Cage se redime un poco de muchas de sus últimas interpretaciones). Pero si además del buen hacer de Moretz tenemos en cuenta que su personaje es el más cañero de todos, queda patente que estamos ante un caso claro de “roba-escenas”. Y es que cada vez que ella aparece, la película gana enteros.

Si te chiflan los cómics en general y los superhéroes en concreto, está claro que “Kick-Ass” es tu película. En caso contrario, es probable que el revuelo montado a su alrededor te parezca exagerado o desproporcionado, y razón no te faltará. Un servidor tiene claro que no forma parte del público objetivo al que va dirigida esta propuesta, pero aunque no me haya entusiasmado en exceso (tampoco es que sea para tanto…), considero que sí se trata de un desvergonzado y ameno entretenimiento.

P.D.: Para vuelta de tuerca, me quedo con “Defendor”.


Lo mejor: Hit Girl/Chloe Moretz.


Lo peor: algunos momentos de la trama algo forzados.


Valoración personal: Correcta

jueves, mayo 27, 2010

“Los perdedores (The Losers)" (2010) - Sylvain White

Los perdedores The Losers 2010 Sylvain White
En estos últimos años, los cómics se han convertido en el nuevo e inagotable filón de Hollywood. Los superhéroes dieron pie a esta moda, pero poco a poco se han ido adaptando cómics y novelas gráficas de toda clase.

A falta de ideas propias, los estudios hurgan en el mundo comiquero para encontrar historias que poder llevar a la gran pantalla. Poco importa ya si el cómic en cuestión es muy conocido o no; a veces, incluso, los productores se interesan por cómics que están en pleno desarrollo o que simplemente aún no han visto la luz en el mercado.

The Losers, serie comiquera escrita y dibujada por Andy Diggle y Jock, respectivamente, publicada por Vértigo e inspirada en The Losers de DC Comics, no es que sea una de las más conocidas y populares del mundillo. De hecho, cuando se anunció su adaptación eran muchos los que no conocían la obra (servidor incluido; aunque en mi caso, siendo poco ducho en el tema, era algo normal)

La trama gira en torno a un grupo especial de agentes de la CIA especializado en operaciones ilegales al margen de las autoridades. En el transcurso de una misión son traicionados por alguien de dentro y dados por muertos.

La llegada de una extraña, Aisha (Zoe Saldana), con una buena oferta supondrá su oportunidad para volver a EE.UU., vengarse del traidor que trató de eliminarlos y limpiar su nombre.



Pensada en un principio para ser dirigida por Tim Story, responsable de las dos entregas de Los 4 Fantásticos de Marvel, pasó luego a manos de Sylvain White, director que empezó con productos de videoclub (suya es la tercera entrega de la saga de terror Sé lo que hicisteis el último verano….) y continuó con “Stomp the Yard: ritmo salvaje”, musical de baile al estilo “Step Up” que resultó ser bastante rentable en taquilla (costó 13 millones de dólares y recaudó 75)

En vista del currículum poco alentador de ambos directores, es difícil saber si el cambio ha sido para mejor. Quizás el resultado final incline un poco la balanza a favor de White, pero tampoco demasiado…

El inicio es bastante prometedor. La presentación de los cinco miembros del comando es rápida y resultona (aunque no novedosa), y nos facilita básicamente la función que desempeña cada uno dentro del equipo (el genio informático es el de las gafas, por supuesto)

Lo siguiente es verlos llevar a cabo una misión y comprobar cómo son traicionados por alguien de la CIA que responde al nombre de Max.

Con la llegada del personaje de Aisha el plan de venganza se pone en marcha. Y partir de ahí, es cuando la cosa empieza a andar a trompicones.


A todo el conjunto se le ha querido dar un rollito cool que va desde la chulería de los personajes hasta la dirección videoclipera del director. Si bien no niego que ésta resulte en algunos momentos adecuada, llega un punto en que acaba siendo cargante, sobre todo cuando ya empieza a excederse con los movimientos de cámara o las escenas a cámara lenta (técnica que hay que saber cómo y cuándo utilizar, y White no es Peckinpah, precisamente)

Otro problema es que la película no acaba de encontrar el tono adecuado. Obviamente, se trata de una mezcla de acción y comedia llevada al exceso. Y ese exceso termina por hundirla.

Las escenas de acción son atractivas y están bien ejecutadas, aunque en algunos momentos la cámara se mueve demasiado. Pero lo que realmente no le beneficia nada y le resta bastante impacto a éstas es el uso ddel ordenador para las secuencias más explosivas. Más que nada porque los efectos cantan un poco, por no decir que son cutres. Si además la escena en cuestión es una fantasmada (la de la moto y el avión), la credibilidad se cae por los suelos. Aunque a decir verdad, ésta ya era escasa antes de llegar a ese punto.

Los golpes de humor funcionan a ratos, cruzando continuamente la línea que separa lo divertido o simpático (cuando Jensen se infiltra en busca de la computadora central) de lo patético (la pelea entre Clay y Aisha en la habitación del motel o todas las apariciones del ya de por sí patético villano). Claro que esto dependerá un poco del sentido del humor que tenga cada uno (y de si Chris Evans te cae bien o no)

Por lo pronto, y como acabo de comentar, el villano de turno es risible. Jason Patric es un actor bastante limitado, pero no toda la culpa es suya. Su rol es demasiado caricaturesco, pareciendo más un malhechor sacado de alguna película de James Bond (de las de Roger Moore, para ser más específicos). Su relación con Wade, su mano derecha, es de chiste. La megalomanía del personaje es esperpéntica y algunas de sus acciones, que pretenden demostrar lo malvado que es, acaban resultando un tanto penosas (el asesinato en playa)

De su pérfido plan mejor no comentar nada (¿¡un desmaterializador sónico!?)


En el bando de los buenos la cosa mejora bastante, gracias sobre todo a su solvente reparto. Todos se desenvuelven más o menos con soltura en sus respectivos -y unidimensionales- personajes, aunque la película otorgue menos protagonismo a algunos de ellos. Columbus Short y Óscar Jaenada, por ejemplo, quedan en un segundo plano respecto a Jeffrey Dean Morgan (líder del grupo y principal protagonista), Idris Elba (secundario de peso), Zoe Saldana (co-protagonista y chica del prota) y Chris Evans (el gracioso del grupo). El español, además, no debe contar ni con 10 líneas de diálogo en toda la película (a veces no son más que palabras sueltas), con lo que probablemente su tercer trabajo como secundario en una producción americana pasará más bien desapercibido.

Ya a nivel personal (entiéndase esto como muy subjetivo), he de reconocer que con Zoe Saldana me ocurre exactamente lo mismo que con Mila Kunis: con esa apariencia tan frágil no termino de creérmelas como action-girls/femme fatale, por mucha cara de mala ostia que pongan o por mucha arma que empuñen (a Saldana le ponen hasta un bazooka; eso sí, para que no se rompa un brazo el chisme dispara sin retroceso)

Un gran problema con el que se enfrenta ésta y otras adaptaciones de cómics o novelas serializadas, es que la primera película quede inconclusa para dar pie a la secuela. Así que como ya ocurría con “Jumper” (o Push, o La brújula dorada, o tantas otras), uno tiene la sensación de estar más bien ante un episodio piloto de una serie y no ante una película con su comienzo, nudo y desenlace. En este caso, además, quedan abiertas un par de subtramas: SPOILER la que atañe a la captura del villano y la cuenta pendiente surgida entre Aisha y Clay FIN SPOILER. Y éstas no se resolverán hasta que llegue la continuación, la cual, por cierto, corre el peligro de no llegar nunca dada la hostia que se ha pegado esta primera en taquilla (puede que la recaudación internacional cubra costes, pero ni de lejos habrá rentabilidad)

Lo mejor que se puede decir de The Losers es que resulta entretenida, pero en este caso no basta, ya que el cúmulo de chorradas estropea bastante su visionado.
El villano es lastimoso, la trama simplona y banal, y los personajes no tienen el carisma suficiente como para que el atractivo reparto pueda hacer algo más que cumplir con su papel.

Para “degustarla” en casa puede no ser una mala opción, dependiendo de lo que cada uno esté dispuesto a exigirle, pero no merece la pena la entrada del cine.

Esperemos que las próximas películas de “mercenarios”, “El Equipo A” y “The Expendables”, sean un entretenimiento mucho más disfrutable. A diferencia de “Los perdedores”, éstas dos cuentan con el factor nostalgia a su favor. O en contra, según se mire (un arma de doble fila la nostalgia, pues puede dar pie a una decepción aún mayor)



Lo mejor: el compentente reparto; los créditos finales.

Lo peor: el villano; la sensación final de haber visto un capítulo piloto de una serie.


Valoración personal: Regular

domingo, septiembre 27, 2009

"Los sustitutos" (2009) - Jonathan Mostow


El mundo del cómic se ha convertido en un gran filón que explotar en Hollywood. Además de las incesantes películas de superhéroes que se dan cita en nuestras carteleras año tras año (y las que están por llegar…), no son pocos los cómics y/o novelas gráficas de variada temática que terminan siendo adaptados a la gran pantalla. Y aunque no siempre los resultados sean satisfactorios, lo cierto es que debido a la imperante falta de ideas que existe hoy día en la industria cinematográfica (americana, concretamente), no es un mal recurso buscar ideas en otros formatos, además de los ya conocidos (novelas o videojuegos, por ejemplo)

La variedad de géneros es amplia, y eso implica que la procedencia de la historia sea lo de menos. Lo que importa es que el paso de la viñeta al fotograma no se resienta demasiado, y que una trama que funciona en papel, pueda funcionar también como película para el disfrute de los espectadores ajenos o no al formato original (que sea necesario conocer el cómic para entender o disfrutar de la adaptación, es un erróneo punto de partida)

Como fan incondicional de la ciencia-ficción y de Bruce Willis (actor infravalorado donde los haya), no podía dejar de ver “Surrogates”, una película basada en una miniserie de cinco cómics escrita y dibujada por Robert Venditti y Brett Weldele respectivamente. No obstante, el tráiler no me entusiasmó demasiado y el trío responsable de la adaptación, el director y los guionistas de la inefable “Terminator 3: La rebelión de las máquinas”, no me producía confianza alguna. Para colmo, el cúmulo de malas críticas que ha estado recibiendo tras su reciente estreno, terminaban de confirmar mis malos augurios.

Sin embargo, este fin de semana tocaba sesión de cine sí o sí, y a falta de mejores alternativas, la cinta del tito Willis ha sido quién se ha llevado mi dinerito.


Surrogates, traducida aquí como “Los Sustitutos”, versa sobre un futuro en donde los humanos viven aislados en sus casas interactuando con el mundo real a través de unos robots conocidos como “sustitutos/surrogates”. Estas máquinas les permiten una vida acomodada y segura, libre de daños, enfermedades, etc., y mediante las cuales pueden darse a conocer al mundo exterior con la apariencia que deseen (la mayoría de veces idealizada a través de bellos físicos)

Pero no todos están a favor de vivir de dicha forma, y por ello existen zonas en las que la gente sigue viviendo como antaño, rechazando vivir y sentir a través de frías máquinas, y luchando por conseguir erradicar los surrogates de la sociedad.

Cuando un par de sustitutos son “acribillados” en la calle, muriendo también sus controladores, se disparan todas las alarmas, más cuando uno de ellos era el hijo del creador de dichos robots. La investigación del caso corre a cargo de dos agentes del FBI, Tom Greer (Willis) y Peters (Radha Mitchell). Ambos tratarán de encontrar al culpable de dicho asesinato, y sobre todo, de encontrar el arma que es capaz de matar a la gente a través de su sustituto.

Desgraciadamente, el asunto se complica cuando el sustituto de Tom queda fuera de combate, viéndose el agente obligado a salir de casa y seguir las pistas como un humano cualquiera y con la vulnerabilidad que eso conlleva.


Debo decir que no he leído los cómics de Venditti y Weldele, con lo cual no puedo juzgar la fidelidad con la que se ha tratado esta adaptación. Pero eso no me impide afirmar que la idea argumental de la que parte la historia es muy buena, dentro del ámbito de la ci-fi, pero dando la sensación que no se han sabido explotar todas sus posibilidades, no al menos en su versión cinematográfica.

El tema de vivir a través de máquinas que interactúan por nosotros, y que a excepción de alimentarnos, dormir u otras necesidades fisiológicas, ejercen como nuestro propio yo en el mundo exterior en todo lo que supone nuestra vida diaria, es realmente muy interesante y no tan lejano a una realidad que hoy día vivimos. Programas como “Second life”, en la que el usuario hace vida (ficticia) a través de un avatar creado a su gusto para que le represente; o el propio internet en sí mismo, mediante el cual nos movemos bajo una identidad que puede corresponder o no con nuestra verdadera personalidad, son claros ejemplos de que cada vez más nos relacionamos a través de la tecnología.

La película, y por consiguiente, imagino que también la novela, es una especie de crítica a ese modo de vida pero llevado a un extremo; presentándonos un mundo en el que, como personas, no somos más que controladores de un “yo” artificial y adulterado con el que creemos vivir a salvo y felices (los índices de violencia se reducen, así como el crimen o las enfermedades venéreas)

El personaje de Willis es el prisma más o menos neutral a través del cual percibimos esa sociedad mecanizada. Y son sus ansias por volver a sentir por sí mismo y no a través de un robot, lo que nos hace dudar si esa evolución tecnológica nos lleva por un buen camino o no.

Ahora bien, centrándonos ya en términos estrictamente cinematográficos, cabe decir que la película, además de no aprovechar del todo las posibilidades que ofrece un planteamiento de estas características, tampoco funciona como producto de entretenimiento que es o pretende ser.

Para empezar, la trama policial es muy previsible, sabiendo en todo momento quién es el bueno y quién es el malo, por lo que el supuesto suspense que debería ofrecer dicha investigación se va al garete. Además, todo está resuelto de forma muy precipitada, y los pocos golpes de efectos (referentes al personaje de “El profeta” o los planes del “villano”), no terminan de satisfacer al espectador. Así pues, la parte de thriller queda algo desangelada respecto a una intriga que podía haber dado más de sí, colocando y uniendo mejor las diferentes partes del entramado.

Como vehículo de puro entretenimiento, es aún más decepcionante si cabe, puesto que las escenas de acción no sólo son escasas, algo que podría perdonarse si el resto tuviera algo más de chicha, , sino que además son realmente insulsas, y hasta en algunos casos, incluso cutres (esos super saltos que se pegan los sustitutos son algo cantosos para un blockbuster de este tipo)

Del buen hacer de Mostow en cuanto a planificación y rodaje de secuencias de acción se refiere, visto ya en anteriores films (lo poco rescatable de su secuela de Terminator son, precisamente, las secuencias más trepidantes) aquí no hay ni rastro. Lo poco que ofrece el director es poco vistoso y redundante.

Con semejante percal, el siempre eficiente Bruce Willis no puede hacer otra cosa que cumplir con la papeleta y hacernos más digerible este batiburrillo de películas de ci-fi ya vistas (Yo, Robot, Terminator y otras tantas pasadas por el túrmix). Y es que su personaje, al que se le intenta sin éxito dar cierta carga dramática, es lo único realmente rescatable de esta frustrada producción (la decisión que toma al final me recordó irremediablemente a la que toma Serpiente Plissken en los últimos minutos de “2013: Rescate en L.A.”)

Del resto del reparto poco hay que decir, salvo que el gran James Cromwell está bastante desaprovechado y que a Ving Rhames le ha tocado desempañar un rol un tanto ridículo. En cuanto a los otros personajes, estos podrían haber sido interpretados por cualquier otro grupo de actores y actrices, sin que el resultado se hubiera visto afectado en lo más mínimo.

“Los sustitutos” es otra de esas películas con un buen planteamiento altamente desaprovechado, cuyos resultados dejan bastante que desear en cualquiera de los géneros que pretende abarcar. Para los más transigentes, quizás pueda ser un pasable entretenimiento para una tarde aburrida, gracias sobre todo a la presencia de Willis, pero para los que veíamos aquí una de ci-fi con potencial para permanecer en el recuerdo, no podemos sino sentirnos algo engañados y decepcionados (del –inexistente- traje a lo James Bond que luce Willis en el cartel, mejor no comento nada)


Jonathan Mostow empezó con buen pie en el mundillo con apreciables cintas como “Breakdown” y “U-571”, pero se unión por segunda vez con este par de guionistas (perpetradores, además, de engendros como Catwoman), ha vuelto a jugar en su contra, y esta vez ni la acción salva su pobre dirección.



Lo mejor: la planteamiento inicial; Bruce Willis

Lo peor: todo lo demás.


Valoración personal: Regular

domingo, mayo 03, 2009

"X-Men Orígenes: Lobezno" ni tan buena ni tan mala


Tras filtrarse en la red un workprint de la película (una copia de trabajo sin pulir), los directivos de la Fox se pusieron las manos a la cabeza temiendo por el efecto negativo que eso podría ocasionar en la futurible taquilla de uno de sus blockbusters más esperados. La verdad es que pasados unos pocos días de su estreno, no se puede decir que dicha copia haya mermado en exceso la recaudación esperada, si bien tampoco estamos hablando del éxito rotundo que la Fox preveía. ¿Pero tiene el workprint toda la culpa, o se trata más bien de la desconfianza que ya de por sí provoca el estudio? Y es que en los últimos tiempos, la Fox se ha caracterizado más bien por llevar a la gran pantalla verdaderos despropósitos y, obviamente, a estrellarse con ellos en la taquilla.

Reconozco que nunca las he tenido todas con esta película, y por mucha espectacularidad que ofreciera el tráiler, había algo que me olía mal (llámalo intuición, llámalo sexto sentido o simplemente experiencia). Hasta ahora, la disparidad de opiniones acerca de su calidad no ha hecho más que confirmar mis dudas. Mientras unos la tachan de bodrio absoluto, otros lo hacen de peliculón; aunque luego hay unos terceros que se decantan por el término medio, dejándola como una película entretenida pero que podía haber sido mucho mejor. Para disipar dudas y saber a qué grupo pertenecía un servidor, no me ha quedado otra que comprobarlo por mí mismo y juzgar (es lo mejor que uno puede hacer cuando no se fía ni de los entusiastas ni de los catastrofistas)

X-Men Orígenes: Lobezno es un spin-off –de los varios previstos- de la saga cinematográfica X-Men, iniciada allá por el 2000 por Bryan Singer y finalizada, con una tercera entrega tan amada como odiada, por Brett Ratner en el 2006. Teniendo en cuenta que ya en estas tres cintas, el personaje de Lobezno (Hugh Jackman) contaba con gran parte del protagonismo, no era de extrañar que éste fuera explotado en una continuación para su exclusivo lucimiento y, ya de paso, para contarnos sus orígenes, como bien nos indica el título del film que nos ocupa.


Como precuela que es, ésta nos situa 17 años antes de los hechos acontecidos en sus predecesoras, narrándonos los inicios del proyecto Arma X y la forma en la que Lobezno convirtió sus huesudas garras en poderosas armas de matar recubiertas de adamantium (un material indestructible).
Engañado y traicionado, Logan (Jackman) se convierte en el conejito de indias del Coronel Stryker (Danny Huston) en sus experimentos con los mutantes. Jurando hacerle pagar sus fechorías y vengar la muerte de su novia en manos de Victor Creed (Liev Schreiber), Logan se “transforma” en Lobezno, un hombre lleno de rabia y dolor, reconvertido en un animal y movido únicamente por la sed de venganza. Ahora Stryker sufrirá la ira del monstruo que él mismo ha creado y Creed deberá asumir las consecuencias de su traición.


La Fox ha intentado por todos los medios amortiguar el efecto del workprint, y por ello se han esforzado en remarcar que la versión definitiva y la copia de trabajo ofrecen muchas diferencias. La verdad es que cualquiera lo diría, no ya porque muchos afirmen que son la misma película con algunos minutos y escenas de diferencia, sino porque sus efectos especiales, en algunas ocasiones, resultan tan bochornosos que parece que sigamos asistiendo a la copia inacabada y no a la definitiva. Un blockbuster de elevado presupuesto no debería presentar efectos especiales de saldo, ya que si hay un mínimo que se les pide a este tipo de productos, es que el dinero invertido sirva, por lo menos, para mostrar fx de calidad, algo que aquí ocurre de forma salteada. Y es que escenas perfectamente pulidas hacen compañía a otras que causan vergüenza ajena, algo bastante incomprensible para el estudio que produjo la trilogía original. O bien el presupuesto se les quedó corto o bien las prisas les hicieron hacer una chapuza (la escena de Lobezno frente al espejo es inadmisible en una producción millonaria de estas características)

Si gran parte del sustento de las películas de superhéroes son sus efectos especiales, está claro que la Fox ha cometido un error garrafal al exhibir un producto bastante desigual en ese aspecto. Sin embargo, eso motivo quizás sea insuficiente para despotricar de X-Men Orígenes: Lobezno. Miremos pues, más allá de sus efectos…

Hay un aparente esfuerzo por darle a la cinta no sólo espectacularidad, que la tiene pese a esos eventuales defectos especiales, sino también cierto empaque en el guión. La historia es atractiva de por sí, especialmente para los fans de la patrulla X y del personaje en cuestión. Vaya por delante que un servidor nunca ha leído los cómics en los que supuestamente se basa o inspiran dichos orígenes, así que no puedo juzgar la fidelidad con la que los guionistas han tratado la historia de Lobezno. Pero sí puedo juzgar lo que tengo ante mis ojos, y en ese sentido, me da la sensación que las lagunas argumentales son varias. No tengo claro si la idea era contar esos orígenes de forma apresurada o es que en la sala de montaje han hecho un verdadero estropicio a base de recortes y más recortes.


Para empezar, el reclutamiento de Logan y Victor Creed se me antoja excesivamente apresurado, así como su incorporación al resto del equipo que conforma Stryker. De golpe y porrazo, aparecen todos los personajes en pantalla, para durar apenas unos minutos (dedicados a la exhibición de sus superpoderes). Si bien lo más sangrante es que, bien avanzado el metraje, observamos que Logan tiene cierta amistad con alguno del grupo, como con John Wright, mientras que con otros, La Mole y el Agente Zero, no parece haber tan buen rollito. Pues en el caso de La Mole y de Wright, esas relaciones no quedan bien expuestas al inicio del film (lo contrario a Zero, que se nota que se caen mal nada más conocerse), y por ello desconciertan y parecen metidas con calzador, como si algo se nos escapara o no nos lo hubieran contado.

Pero lo peor es el uso irregular que se les da a todos esos personajes, algo que ya ocurría en sus predecesoras (especialmente en la tercera entrega). La presencia de algunos queda reducida casi a la nada, y se desaprovecha tanto al personaje como al actor que lo interpreta. En el caso de Gambito, aún podemos dar gracias que no queda relegado a un simple cameo y que su participación en la trama tenga relevancia para el devenir de la misma. Pero a Wade Wilson –entre otros- se le echan en falta más minutos, no ya porque su verborrea pueda dar más juego a la película, sino porque la idea de la Fox era hacer de este film una presentación trampolín para su propio spin-off, y el resultado deja mucho que desear (de pasarse los orígenes de Deadlpool/Masacre por el forro para convertirlo en un supermutante indestructible, prefiero no comentar nada, ya que tampoco soy un erudito en el tema)

También parece apresurado todo el proceso en el que las garras de hueso de lobezno pasan a ser de adamantium, además de infringir la coherencia que les une a la primera película de Singer sobre los X-Men (incluso en los breves flashbacks de aquella, había más carga dramática ¡y sangre! que en la que aquí se nos muestra). Por tanto, la unidad entre las distintas películas que conforman la trilogía queda algo descolgada, y eso debió tenerse en cuenta y corregirse nada más concebir el proyecto.

Más allá de eso, de lo que sí puede presumir la película es de tener a Hugh Jackman, que por sí solo llena la pantalla. El actor ha hecho suyo al personaje; se nota que se siente cómodo con él (me río yo de los puristas que lo tachaban de ser demasiado alto –argumento pueril donde los haya- para ser un buen Lobezno) y que se ha entregado a fondo para interpretarlo con dignidad. También Liev Schreiber como Victor Credd y Danny Huston como Stryker realizan un trabajo más que correcto, siendo estos los que más minutos comparten en pantalla con Jackman. Del resto no se puede decir nada malo, ya que son un visto y no visto, aunque me quedo con la simpática pareja de abueletes que ayudan a Logan en un momento de la película (y por supuesto, con la dulce belleza de Lynn Collins/Silverfox)

En cuanto a la dirección, Gavin Hood se ha prestado a lo que el guión le ofrece. Buenas secuencias de acción con otras excesivamente inverosímiles incluso para unos mutantes (la del helicóptero, por ejemplo). Una carga dramática ligera pero bien llevada, dados los antecedentes del director (ésta es su primera cinta de acción), unas dosis de humor bien administradas, buenas tomas aéreas… pero la narrativa es deficiente, dado el apresurado transcurrir de los acontecimientos. Eso y unas peleas en las que se nota demasiado el uso de los cables, le quita toda emoción al espectáculo.

Con sus más y sus menos, X-Men Orígenes: Lobezno consigue entretener al espectador. Pero se trata de un entretenimiento agridulce. Por una parte, podemos dar gracias a que no estamos ante un calamitoso despropósito, teniendo en cuenta que está producida por el estudio responsable de las recientes de Dragonball Evolution o Street Fighter. Pero la otra cara de la moneda es esa sensación de que un gran personaje como Lobezno, merecía una gran película, o por lo menos, a la altura de las de Singer (que tampoco es que me parezcan la hostia en vinagre, dicho sea de paso)

Unos efectos más pulidos, menos aglutinamiento de personajes y un poco más de metraje para desarrollar en condiciones tanto la historia como las características de cada personaje, hubieran dado como resultado una película mucho más disfrutable.

La película de Gavin Hood probablemente divierta a los devoradores de palomitas, ya que al fin y al cabo esa es su misión, pero no estaba de más pedirle un poco de consistencia al asunto. Para mí no es más que un liviano entretenimiento.


Lo mejor: Hugh Jackman.

Lo peor: algunos FX; la apresurada narración y los vacío argumentales; la sensación que de podía haber sido mucho mejor.


Valoración personal: Correcta

martes, septiembre 16, 2008

"Wanted (Se busca)", la decadencia del género


Me encanta el cine de acción. Eso es algo que ya sabreis después de leer la primera parte de mi especial "Cine de Acción, Lo mejor de los 90". Y siempre he defendido a estrellas como Swarzenegger o Stallone por ser buenos haciendo su trabajo, y he aplaudido los ingeniosos guiones de Shane Black aunque ninguno jamás se llevase un Oscar. Y es que Oscars no es precisamente lo que uno busca en este género. Uno busca un buen entretenimiento con el que devorar el cubo de palomitas sin comerse demasiado el coco. Que la historia, aunque no sea alabada por la crítica, enganche y te mantenga interesado en lo que estás viendo. Que los personajes, aunque no tengan una gran profundidad, sean los suficientemente atractivos como para sentir empatía por ellos. Y que las escenas de acción, aunque a veces sean imposibles, resulten espectaculares y coherentes con la trama.


Desgraciadamente, el género ha evolucionado, o mejor dicho, ha degenerado a unos mínimos insuficientes para que el espectador –exigente- disfrute. Ahora, con un buen festín de CGI y pirotecnia, se resuelve la papeleta, obviando así todo lo demás. Eso que hizo grandes a las cintas anteriormente citadas ha dejado de existir, dejando paso a la máxima de “cuanto más fantasioso e imposible, mejor”, peleándose así los productores y directores por ver quién la “monta más gorda”.

Wanted es el claro ejemplo de producto artificial e insustancial que, pese a no aburirr -eso ya sería el colmo- deja una sensación de vacío absoluto tras su visionado. La particular orgía visual del director ruso Timur Bekmambetov pretende ocultar los muchos errores de coherencia, verosimilitud (no ya sólo en la acción sino en la trama) y narración que arrastra su película.


Wesley Gibson (James McAvoy) es un joven abatido por la rutina diaria y por una vida insatisfactoria. Se siente desgraciado por un trabajo que detesta, una jefa que lo humilla y una novia que lo ignora y que encima se acuesta con su mejor amigo (compañero de trabajo, para más inri). Pero todo eso cambia el día que descubre que su padre, que lo abandonó siendo pequeño, pertenecía a una organización secreta de asesinos, y que ahora un traidor ha acabado con él. La organización, conocida como la Fraternidad pretende reclutar a Wesley entre sus filas, y aunque él en un principio se niegue, pronto cambiará de opinión para darle un vuelco de 180 grados a su insulsa vida.

Wesley seguirá, a partir de ahora, un duro entrenamiento para convertirse en un perfecto asesino, siguiendo así los pasos de su padre. Y una vez logre ser el mejor, se enfrentará al citado traidor para vengar la muerte de su progenitor.


Adaptando -más o menos...- el cómic original de Mark Millar y J.G. Jones, Bekmambetov tiene la posibilidad de desplegar todo ese poderío visual que ya se apreciaba en sus primeros films. En su estreno en suelo estadounidense, el ruso no ha dudado en volver a hacer uso de ese particular estilo videoclipero que le sirve para dar una gran espectacularidad las secuencias de acción que la cinta posee. Desgraciadamente, descuida todo lo demás, estando el resultado más cercano a un videojuego de plataformas que a una película. Y es que aquí la historia y los personajes son lo de menos; lo único que importa es pasar de una escena de acción/pantalla a otra, viendo caer como moscas a los malos y terminando con vida la partida.


Lo que es el guión, al que tampoco se le exige demasiado dadas las circunstancias, hace aguas a la mínima que se le pide un poco de credibilidad al asunto o cuando uno empieza a hacerse ciertas preguntas que parecen no tener respuesta (¿Qué son esos poderes que posee dormidos el protagonista? ¿Qué demonios es ese telar que teje el destino/encargos de los asesinos? ¿Por qué hay tantas muertes gratuitas?). Los personajes no transmiten absolutamente nada al espectador, de manera que la empatía con ellos es nula, por lo que a lo largo del metraje nos importa bien poco si sobreviven o si mueren. De hecho, el giro argumental hacia el tramo final de la película más que sorpresa causa una absoluta indeferencia, como el resto de la historia.

Lo único rescatable de este intento de película son sus secuencias de acción, que pese a su espectacularidad, no emocionan lo más mínimo, salvo que el espectador se haya entregado por completo a la absurdez y vacuidad de la propuesta. Por tanto, verlas todas seguidas usando el botón de rebobinar proporcionaría el mismo sentimiento de insatisfacción que produce ver la película entera.


El director
, además, usa y abusa del bullet time y la cámara lenta constantemente. Y es que no hay escena en que los protagonistas cojan un arma sin que se usen estas dos técnicas. Recursos que pueden resultar interesantes usados con cierta moderación, pero que saturan si se utilizan cada cinco minutos (y no siempre con justificación)


Se agradece eso sí, que el producto no se tome en serio a sí mismo (faltaría más) y que la hemoglobina abunde a lo largo del metraje, pues en estos tiempos tan políticamente correctos y censurados que corren, la calificación PG13 está matando a éste y a otros géneros. Pero como ya digo, el resto es demasiado anodino como para resultar interesante, de modo que la acción se torna hasta intrascendental y poco jugosa, por muy bien realizada que esté.


Tampoco el reparto, a excepción del protagonista, ayuda demasiado a hacer más agradable la experiencia.

La cada vez más esquelética Angelina Jolie firma la que probablemente sea la peor interpretación de toda su carrera. Un par de frías sonrisas, fruncimiento de ceño (como si le picara la nariz) cada vez que coge un arma y un desnudo gratuito, es lo poco que ofrece la mujer de Brad Pitt en ésta película. Habla poco y cuando lo hace, se pega un monólogo pretendidamente profundo que no hace más que evidenciar las escasas aptitudes interpretativas de la actriz. Lástima, porque este tipo de papeles se le suelen dar bien (por no decir que son los únicos que resuelve decentemente)

Morgan Freeman, el eterno secundario de lujo que igual te sirve para un roto que para un descosido, cumple simplemente con los trámites. Se deja ver un ratito para luego cobrar su pertinente cheque, y a otra cosa mariposa.

Por tanto, James McAvoy parece ser el único de los protagonistas principales que le pone empeño al asunto. Y aunque su personaje nunca termine de cautivar al espectador, por lo menos el actor lo hace creíble y hasta simpático (aprende Maguire)



Así pues, pese a que pensaba que las fantasmadas elevadas al cubo que muestra Bekmambetov iban a ser lo peor de la cinta (al menos a mi gusto personal), finalmente son lo único soportable –aunque no deleitable- de una película más bien mediocre que no te involucra en la historia, que no te emociona y lo que es peor, que no te llena ni tan siquiera el ansia palomitera.

“Wanted” es como un árbol de navidad recargado de elementos decorativos; para algunos será de lo más bonito, pero para otros es realmente espantoso. Desde luego, si esta es la evolución del cine de acción, que no cuenten conmigo.

Para gustos, colores, y aunque mi criterio es tan discutible como el de cualquier otro (o más), os recomiendo que si quereis ir al cine a ver una buen película de acción, quizás aún esteis a tiempo a de ver “Venganza” con Liam Nesson; pero si lo que quereis es ver lo poco que le queda de trasero a la Jolie, entonces id a ver “Wanted”, sobretodo si os gustaron películas como “Transporter 2”, “Crank”, “Shoot’em Up” o “Sr.&Sra. Smith”.


Lo mejor: James McAvoy; que no se tome en serio a sí misma.

Lo peor: la indiferencia e insatisfacción que te queda tras su visionado.


Valoración personal: Regular