Hoy en día es prácticamente imposible encontrar historias originales dentro del cine de terror (y de otros tantos géneros). Además de infinitas secuelas e innecesarios y agotadores remakes, el género de horror se ha estancado en cuatro fórmulas contadas que se van repitiendo una y otra vez hasta la saciedad. Es por ello que en la mayoría de casos, encontrar un producto decente depende sobre todo de la pericia del director y/o el guionista a la hora de desarrollar la historia aún cayendo en los clichés de siempre.En los últimos tiempos, el mejor ejemplo de cine de terror proviene de Europa, destacando principalmente a los franceses como el mejor exponente actual dentro del género gracias a cintas como Alta Tensión (pese a su lamentable final) o la brutal À l'intérieur. Aunque hay que decir que como en todas partes, hay de todo, y no sólo encontramos buenas cintas, sino también productos mediocres como Frontière(s), Maléfique (no hay por dónde cogerla) o la ínsipida “Ils”.
De Noruega nos llegó, en el 2006, la entretenida Cold Prey (Fritt vilt), de la que ya tenemos secuela. Y la película de la que hoy toca hablar es de la inglesa Eden Lake, todo un buen ejemplo de cómo manejar con eficiencia una historia mil veces vista.
Jenny (Kelly Reilly) y Steve (Michael Fassbender) son una pareja que decide pasar un fin de semana romántico cerca de un lago remoto en medio de un bosque aparentemente tranquilo. Desgraciadamente, cuando llegan ahí su maravilloso plan se ve chafado por la molesta presencia de una banda de jóvenes descerebrados que no respetan nada ni a nadie. Tras un breve choque verbal entre Steve y los chavales, estos se empeñarán en hacer que su estancia junto al lago sea lo más desagradable posible.
Lo que empieza como la típica gamberrada de adolescente, acabará llegando a extremos impensables. La violencia en grado máximo hará acto de presencia, y el ojo por ojo se llevará a cabo sin miramientos. El fin de semana romántico de Jenny y Steve se convertirá pues, en una intensa lucha por la supervivencia.
Obviamente, no estamos ante un planteamiento muy original, pero la ópera prima de James Watkins tiene su punto fuerte en la forma de desarrollar la historia. Ante todo, tanto la pareja de enamorados como el grupo de jóvenes, se nos antojan cercanos y reales. Los chavales son los habituales niñatos que van de hombrecitos por la vida, vacilando al respetado y haciendo lo que les da la gana cuando les da la gana. Las causas de este molesto comportamiento pueden ser varias, aunque aquí el autor ha preferido buscar los motivos en la mala educación de los padres, haciendo verídico el dicho de “de tal palo tal astilla”. De todas formas, hay que reconocer que la culpa suele ser, en general, compartida, tanto por los padres como por el entorno social, las malas compañías o incluso el tan socorrido argumento de los genes. Aquí es un poco de varios elementos, pues el desencadenante de toda la trifulca es prácticamente uno de los jóvenes, al que lo demás seguirán bien sea por convicción, por amistad o por miedo al rechazo.

En cuanto a la pareja formada por Jenny y Steve, su reacción ante la desesperante situación es la misma que cualquiera de nosotros podríamos llegar a tener, y por muy violento que se vuelva todo, es difícil que en la vida real uno acabe convirtiéndose en una especie de Rambo vengativo, algo que ocurre en otras películas pero no aquí (véase la infumable Perseguida (While She Was Out), uno de los últimos y penosos trabajos directo a videoclub de Kim Basinger).
En todo momento, tanto Jenny como Steve intentan sobrevivir al acecho de los chavales, pero nunca exagerando las situaciones. Watkins busca, dentro de lo cabe, el máximo realismo posible, por lo que evita caer en las típicas y poco creíbles heroicidades que muchas veces nos quieren plantar en el género.
Jenny termina por sostener gran parte del peso de la película, y en su sufrimiento y desesperación está el mayor aliciente de “Eden Lake”. El juego del gato y el ratón va degenerando y volviéndose más sádico a cada minuto que pasa. La angustia de la pareja traspasa la pantalla, y los momentos más feroces y crudos están muy bien manejados por el director (SPOILER --véase el momento en que Jenny necesita librarse de la astilla que se ha clavado en el pie mientras corría frenéticamente por el bosque --FIN SPOILER)

Watkins maneja con muy buen pulso toda la historia, desde la presentación de los personajes, que dura lo justo -ni un minuto más ni un minuto menos- hasta la exasperante situación de “caza” que se desarrolla después. Las reacciones de los personajes resultan creíbles, acordes con las acciones que se van sucediendo, y la labor del reparto es más convincente de lo que uno podría llegar a pensar para un producto de estas características, destacando por encima de todos una estupenda Kelly Reilly que nada tiene que envidiar a la Cecile De France de “Alta tensión”.
Destacar también que la mayor parte de la acción acontece a plena luz del día, lo cual es, a mi gusto, todo un punto a su favor.
Quizás su mayor punto flaco sea el giro final, ya que depende de la benevolencia del espectador a la hora de aceptar que la última parte de se desarrolle en un lugar y con unos personajes que le vienen muy bien al autor para dejar vía libre a su crítica hacia la importancia de que los padres sepan educar a sus hijos. Para ser más concretos SPOILER ---es mucha, muchísima casualidad, que en su huída, Jenny termine en la casa del padre de uno de sus perseguidores, y que éste esté celebrando una fiesta con los padres del resto de jóvenes ---FIN SPOILER. Ahí Watkins pierde credibilidad para darle al desenlace un tono más efectista de lo que uno podría prever. Sin embargo, no es lo suficientemente molesto como para empañar el buen sabor de boca que logra dejar la película.
Es una lástima que las contadas buenas películas de terror que se hacen en estos tiempos, casi nunca vean la luz en nuestras carteleras. Eden Lake bien merece ser disfrutada en una gran pantalla de cine, aunque parece difícil luchar contra la poderosa industria yanqui y su engañoso marketing (nos venden pescado podrido con un bonito envoltorio, y el público, a menudo, pica en el anzuelo)
Lo mejor: Kelly Reilly; el realismo y la crudeza con el que se trata la hsitoria; que pese a los estereotipos, los personajes nos resulten cercanos.
Lo peor: el giro final
Valoración personal: Buena



























