domingo, marzo 18, 2012

“Tan fuerte, tan cerca” (2011) - Stephen Daldry

Crítica Tan fuerte, tan cerca 2011 Stephen Daldry
Tras el reciente estreno de la muy notable “Los idus de Marzo”, muchos nos preguntamos por qué demonios no estaba el filme de Clooney nominado a los Oscars de 2011 teniendo en cuenta su indiscutible calidad (podrá gustar más o menos, pero tiene un guión como pocos se vieron a lo largo del año pasado), los halagos vertidos por la crítica, el entusiasmo del público que ha acudido a las salas a verla y la posibilidad de hacerse en hueco en una categoría que admitía hasta diez candidatas. Sin embargo, en su lugar figuraban otras opciones más o menos discutibles (según los gustos de cada uno, claro está), y entre las elegidas sorprendía la presencia de “Tan fuerte, tan cerca”, un drama con el fatídico 11S de telón de fondo que cosechó no pocos abucheos por parte de la crítica especializada.

Quizás la inclusión tuviera que ver, precisamente, con la temática del terrible atentado a las Torre Gemelas, pues ya sabemos que los americanos son muy suyos; o quizás se tratase de uno de esos casos en los que los críticos ponen la mira en una película y se ceban sin compasión sin que ésta merezca, en proporción, tales pedradas.

Sea como fuere, lo cierto es que las nominaciones no le son desconocidas a Stephen Daldry. Sus tres anteriores trabajos estuvieron presentes en los Oscars, los Globos de Oro, los BAFTA y demás premios de prestigio. Precisamente con “Las horas” y “The Reader (El lector)”, actrices como Nicole Kidman y Kate Winslet ganaron, respectivamente, sus primeros Oscars en la categoría de Mejor Actriz.

Por ello, con semejante currículum la pregunta es inevitable: ¿”Tan fuerte, tan cerca” es, realmente, tan mala? Veamos primero qué nos cuenta…

Oskar Schell (Thomas Horn) es un niño neoyorquino de once años ingenioso e inusualmente precoz. Un año después de que su padre (Tom Hanks) muriera en el World Trade Center, el día que Oskar llama “el peor día”, descubre una llave entre sus posesiones y decide enfrascarse en una quijotesca odisea por toda la ciudad de Nueva York en busca de la cerradura que abrirá.

Oskar recorre los cinco distritos de Nueva York en busca de la cerradura perdida, conociendo a un montón de personas diferentes, supervivientes a su manera, que le hacen descubrir cosas sobre el padre al que tanto extraña, la madre (Sandra Bullock) de la que se siente tan distanciado y el ajetreado, peligroso y confuso mundo que le rodea.

Daldry adapta esta vez la novela homónima de Jonathan Safran Foer, una de las primeras obras literarias acerca de la tragedia de las familias afectadas por el 11-S. En esta historia, contemplamos dicha tragedia y sus efectos a través de la mirada de un niño que ha perdido su padre en el atentado a las Torres Gemelas.

Oskar estaba muy unido a su progenitor, quién le animaba a manifestar sus inquietudes artísticas y a desarrollar su imaginación a través de juegos creativos y excursiones por la ciudad. Al perder esa figura paterna y no encontrar el consuelo que busca en su madre (rara vez acude a ella más que para descargar su ira contenida), Oskar se encuentra perdido y temeroso de todo lo que rodea.

Encontrar la cerradura que abre la misteriosa llave es, para él, un modo de acercarse a su padre, y todo el tiempo que permanece sumergido en su titánica búsqueda, es un tiempo extra con el que el destino le obsequia para seguir conectado a él.


En realidad, Oskar realiza dos viajes en uno: por un lado, está el viaje físico que le lleva de punta a punta de la ciudad, picando puertas y timbres en busca de una persona que conociera su padre y pueda ayudarle con el tema de la llave; por el otro lado, está el viaje emocional, ya que con cada paso que da y con cada desafío que supera, Oskar va venciendo sus miedos y superando su tristeza. Poco a poco, sus experiencias van aplacando la angustia que le consume, si bien aún tendrá que sacar todo el dolor que lleva dentro para que éste deje de atormentarle.

El trauma de Oskar sirve, entre otras cosas, para reflejar el dolor de toda una nación, y el viaje que nos propone la historia indaga en ese dolor de forma tangencial y bajo la subjetividad de un niño.

Y aquí entra en juego también el personaje que interpreta estupendamente Max Von Sydow, el inquilino (cuya identidad no es en ningún momento un misterio para el espectador) que vive en el piso de la abuela de Oskar y que, incapaz de pronunciar palabra, se comunica con los demás a través de notas que va escribiendo en el bloc que lleva siempre consigo.

Sin mediar palabra, el hombre se convierte en su compañero de viaje, en su amigo y en su confidente.

Oskar es un niño un tanto peculiar (dicho sea esto a modo de eufemismo), algo que de algún modo él mismo parece reconocer al revelar, en un momento dado de la película, que de pequeño fue sometido a varias pruebas para detectar alguno de los síndromes característicos de Asperger o de autismo, pero sin que de éstas ofreciesen “resultados concluyentes”. Por ese motivo, en ocasiones su comportamiento y sus manías pueden resultarnos bastante chocantes e irritantes. Desde luego, no es culpa del joven Thomas Horn (ojalá él, y no a Asa Butterfield, fuera el elegido para encarnar al Ender de Scott Card). Daldry y su equipo de casting han demostrado tener muy buen ojo (no es que sea un personaje fácil de llevar para un crío), tal como ya hicieran años atrás eligiendo a Jamie Bell para el papel del joven bailarín Billy Elliot. Pero está claro que si uno no termina de conectar con la sensibilidad de Oskar, es muy posible que el filme se le haga farragoso, más cuando la ñoñería que desprende no está del todo bien calibrada.


Siempre se ha dicho que es más fácil hacer llorar que hacer reír. Y es cierto.

Existen una serie de mecanismos para tocarnos la fibra; una serie de teclas que al pulsarlas consiguen que se nos oprima el corazón y se nos humedezcan los ojos. La idea, por supuesto, consiste en no ver la mano que pulsa esas teclas, y ahí es donde radica el principal lastre de la película. Al guión se le ven las costuras, y la manipulación cara al espectador resulta, en ocasiones, demasiado evidente. El dramatismo forzado y llevado al extremo provoca que la historia trastee con frecuencia entre la emotivo y lo sentimentaloide, lo que perjudica seriamente ese proceso de empatía en el espectador.

Sin embargo, no sería la primera vez que rompo la lanza en favor de una película masacrada por la crítica y, desde luego, no será la última, y aunque “Tan fuerte, tan cerca” no sea lo buena que podría haber sido, creo que está lejos de ser un espanto. Así que respondiendo a la pregunta planteada, no, no es tan mala, pero su sensiblería y su histerismo pueden resultar cargantes. Así que supongo que de la sensibilidad o indulgencia del espectador dependerá que la película de Daldry entre mejor o entre peor, y será cada uno el que debe razonar y juzgar si ésta es merecedora o no de ser condenada al ostracismo.


Lo mejor: el personaje de Max Voin Sydow.

Lo peor: la sensiblería barata que muestra en ocasiones.


Valoración personal: Correcta

3 comentarios:

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