viernes, septiembre 13, 2013

“La gran familia española” (2013) - Daniel Sánchez Arévalo

La familia. Padres, hermanos, abuelos, primos, tíos, hijos… Todas esas personas que, con un mayor o menor vínculo de sangre, forman parte -de un modo u otro- de nuestra vida. Personas con las que puedes llevarte a matar o por las que darías tu vida.

Esas personas hablan de nosotros, de quiénes somos (y quiénes hemos sido), y sobre todo de qué lugar ocupamos en ese pequeño e íntimo círculo familiar. Y es que la familia nos define (o al menos una parte) tanto para lo bueno como para lo malo, y puede sacar lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros.

Hay otro tipo de familias, por supuesto. La familia que se crea alrededor de un grupo de amigos, sin ir más lejos. Pero de la que Daniel Sánchez Arévalo nos habla aquí es de aquellos seres queridos a los que llamamos papá, mamá o hermano, y a las que, probablemente, les decimos “te quiero” con menos frecuencia de la que deberíamos hacerlo. Esas personas a las que no elegimos pero con las que debemos convivir y, en principio, llevarnos bien. Y como la mayoría sabemos, eso no siempre es fácil, y menos aún si esa familia es numerosa, como la de nuestros protagonistas.

Efraín, el menor de cinco hermanos (Adán, Benjamín, Caleb y Daniel), tiene dieciocho años recién cumplidos, y está a punto de casarse. No le importa ni la edad ni lo que los demás opinen; tan sólo le importa su amor por Carla y el saber que quiere pasar el resto de su vida con ella (o al menos eso es lo que cree saber). Ni siquiera parece preocuparle demasiado que la fecha elegida para la boda coincida con el día en el que la selección española de fútbol juega la final del Mundial de Sudáfrica. Pero claro, quién iba a imaginar que llegaríamos a la final…

Mientras una buena parte del país se paraliza ante tal acontecimiento deportivo, en la boda de Efraín y Carla no pararán de sucederse cosas. Y algunas de ellas puede que cambien sus vidas para siempre…

Tras el éxito de “Primos”, una de las películas más taquilleras de 2011 (y para un servidor, una de las mejores comedias dramáticas de nuestro cine), Daniel Sánchez Arévalo dejó el listón muy alto. Quizás por ese motivo la expectación por su cuarto largometraje ha sido, a título personal, bastante significativa, así como los temores a una posible decepción también han acechado, implacables, cuál ave rapaz sobre su presa.

Al igual que en la citada “Primos” (y con la que comparte parte de su estupendo elenco), en “La gran familia española” el director aúna comedia y drama para tratar de diseccionar las penas y las alegrías de una serie de personajes que, también en este caso, están unidos por un vínculo familiar. Y pese a lo que pueda sugerir el título de la película, en ningún momento trata ésta de plasmar al prototipo de “familia española” como tal, aunque de bien seguro podamos reconocer en ella a algún miembro de nuestra propia familia o incluso vernos reflejados a nosotros mismos.

En realidad, la familia de Efraín es una familia como cualquier otra, si bien la particularidad de ésta reside en lo numeroso de sus hermanos y, por tanto, en el mayor número de conflictos a sucederse a lo largo del metraje, cuya historia se desarrolla en un marco incomparable: una boda, lugar en dónde se reúnen tanto la familia de sangre como la política, y en dónde cualquier cosa puede ocurrir. Y dicha boda transcurre, para más inri, durante la celebración de un evento clave dentro de la historia del deporte nacional.


Conviene, no obstante, aclarar que no estamos ni mucho menos ante una cinta sobre fútbol como lo puedan ser “El penalti más largo del mundo” o “Días de futbol”. Aquí, la final Mundial de Sudáfrica actúa como telón de fondo, de forma casi anecdótica, aunque al mismo tiempo se establezcan ciertos paralelismos con lo ocurre en el terreno de juego y los acontecimientos que se van sucediendo a lo largo del caótico enlace nupcial de Efraín y Carla. Caótico porque, entre otras cosas que es preferible no desvelar, saldrán a la luz algunos de los secretos más íntimos y mejor guardados de los miembros que componen esta gran y variopinta familia.

Nuevamente, una de las claves que hacen tan estimable y elogiable una propuesta como “La gran familia española” es la cercanía de sus personajes, la (aparente) facilidad con que Sánchez Arévalo consigue que les cojamos cariño a todos prácticamente desde el minuto uno. Lo inevitable que resulta que sus alegrías nos arranquen una sonrisa y que sus penas nos encojan el corazón. Una catarsis que sé consigue gracias a la naturalidad de su magnífico reparto (del primero al último; del más joven al más canoso) y a la franqueza de sus diálogos.

La mezcla de drama y comedia que nos brinda el director funciona de maravilla, si bien en esta ocasión el peso del melodrama es mucho mayor que en su anterior trabajo. La tragedias y las miserias familiares, los desengaños de unos y las inseguridades de otros, los miedos… Todo ello explosiona y fluye a lo largo de poco más de 90 minutos en los que Efrián y compañía deben tomar decisiones de vital importancia. Decisiones, algunas de ellas, que no sólo les afectan a ellos (y a ellas) de forma individual sino también a quienes les rodean (el plan de Adán para terminar con su mala racha económica o los dos “tríos amorosos” que se establecen entre Efraín, Carla y Mónica por un lado; y Caleb, Daniel y Cris por el otro).
Así, “La gran familia española” culmina en un espléndido canto a la familia y al amor verdadero, logrando divertir y, sobre todo, conmover al espectador (especialmente en su tercio final). Una película que deja un enorme y tierno poso al término de la proyección,  volviendo a demostrar lo bien que se le da la dramedia y la construcción de personajes entrañables a este director.


P.D.: Los nombres de los protagonistas, tal y como se explica al inicio, responden al homenaje implícito que se le rinde al (maravilloso) musical “Siete novias para siete hermanos”.


Lo mejor: el sabio equilibrio entre comedia y drama; la naturalidad de los diálogos; el reparto.

Lo peor: para un servidor, poco amante del fútbol, dicho detalle no le aporta demasiado interés, pese a los paralelismos que se establecen con la historia y personajes de la película.


Valoración personal: Excelente

1 comentario:

Anónimo dijo...

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