
No hay una fórmula exacta que permita a los estudios crear sleepers a propósito (ya les gustaría), pero sí se dan, a menudo, ciertas constantes que se repiten en unas y otras. Por lo general no suelen tener grandes estrellas entre su reparto, y aunque se dan casos en todo tipo de géneros, es en la comedia donde más frecuentemente se están sucediendo ahora estos inesperados hits. También suelen ser, a menudo, producciones independientes, que son las que menos invierten en publicidad y las más necesitadas de un buen boca a boca o de un festival de cine que les sirva de trampolín.
En lo que llevamos de década, se han ido sucediendo varios de estos sleepers, como “Mi gran boda griega” en el 2001 o “Pequeña Miss Sunshine” hace unos pocos años. Éstas, sin ir más lejos, cumplirían las constantes que he citado anteriormente, aunque como ya insinúo, hay de todo y para todos los gustos (The Blair Witch Project, Full Monty…)
The Hangover es, sin lugar a dudas, el sleeper de este 2009. Su enorme éxito ha sorprendido a propios y a extraños, consiguiendo, de rebote, ser la comedia con clasificación ‘R’ más taquillera de la historia en el mercado doméstico estadounidense. Aquí la conoceremos con el título de “Resacón en Las Vegas”, bastante explícito dada la premisa argumental y no muy alejado de la traducción literal del original (La Resaca). Aunque como ya se sabe, aquí hay que darle un título más guasón para atraer al populacho (y sí es a adolescentes fiesteros y potencialmente borrachos, con más razón aún)
La historia no es que sea el colmo de la originalidad. Phil (Bradley Cooper) y Stu (Ed Helms) deciden celebrar la despedida de soltero de su amigo Doug (Justin Bartha) en Las Vegas, y a estos se les unirá su cuñado Alan (Zach Galifianakis). Conduciendo el lujoso Mercedes-Benz descapotable del 69 de su suegro (¿adivináis como acabará el coche?), Doug se dirige junto a sus colegas hacia el citado lugar de destino, donde esperan montar una buena juerga durante las últimas horas de soltería que le quedan.
Al día siguiente, a juzgar por el dolor de cabeza y el desastroso estado de la habitación del hotel, poca duda cabe de que la juerga fue histórica. Desgraciadamente, ninguno recuerda nada lo sucedido y para colmo de males, Doug ha desaparecido y no tienen ni la más remota idea de dónde puede estar. Haciendo acopio de memoria y volviendo a algunos de los sitios en los que pasaron la noche, Phil, Stu y Alan tratarán de recordar su ruta juerguista con tal de encontrar a su amigo y regresar a casa para poder celebrar la boda. Pero la búsqueda no les resultará nada fácil, y pronto se darán cuenta de los líos en los que se metieron la noche anterior y las consecuencias que éstos empezarán a tener.

Antecedentes cinematográficos de despedidas de soltero que se desmadran tenemos un buen par de ejemplos. La ochentera “Despedida de soltero” (Bachelor Party), con un Tom Hanks en sus primeros años dentro del mundillo y en su primeriza etapa cómica (que nos dejó unas cuantas buenas películas), y “Very Bad Things”, comedia negrísima con la que debutaba el por aquél entonces desconocido Peter Berg.
“Resacón en Las Vegas” es mucho más gamberra, atrevida y desenfada que la de Hanks, pero mucho menos cruda que la de Berg. Su punto de partida es la despedida de soltero, pero el foco de atención de la trama es todo lo que acontece el día después de ésta.
La juerga que se pegan los protagonistas es tan monumental, que al día siguiente les tocará sufrir las consecuencias. La desaparición del novio será la primera de ellas, y a partir de ahí éstos irán descubriendo todas las locuras y salvajadas que hicieron la noche anterior. Vamos, que los muy sinvergüenzas “la liaron parda” y ahora encontrar a Doug se convertirá en una tarea dura, agotadora y dolorosa -físicamente, sobre todo- que tendrán que afrontar juntos y a ser posible, bien avenidos.
El director Todd Phillips tiene cierta experiencia en comedias mayormente gamberras, aunque la verdad es que ninguna de las que ha filmado permanece mucho tiempo en el recuerdo (te pueden caer en mayor o menor gracia, según el día en el que te pillen, pero suelen rayar la mediocridad). El currículum de los guionistas, Jon Lucas y Scott Moore, no es que sea mucho mejor, más bien todo lo contrario. Sin embargo, parece que esta vez unos y otros han estado bastante acertados en sus intenciones, construyendo una comedia alocada y divertida que aprovecha los recursos y topicazos de las cintas de este tipo (vomiteras, bodas imprevistas, peleas contra matones…) para resultar finalmente más efectiva y menos chabacana de lo que uno podría esperar.
La historia sigue un poco la estela de “Colega, ¿Dónde está mi coche?” Como en aquella (pero menos absurda y surrealista), los protagonistas, amnésicos perdidos, van encontrándose con las personas con las que compartieron la juerga y volviendo a esos lugares donde se desató el desmadre. El espectador es testigo de los bizarros acontecimientos al mismo tiempo que los protagonistas son conscientes de ellos, lo que ayuda a mantener la expectación en cada una de las situaciones que se van sucediendo. Hay momentos buenos que te sacan una sonrisa o incluso una carcajada (si eres de risa fácil), y los hay que no lo son tanto. Aún así, hay un cierto equilibrio durante la poco más de hora y media que dura la película (quizás demasiado para el producto que es), y por suerte en ningún momento pega el bajón, de modo que el entretenimiento es constante.

El reparto al completo cumple perfectamente con su cometido. Que uno u otro te resulte más o menos gracioso dependerá del personaje en cuestión y los gustos de cada uno, pero todos están convincentes en sus respectivos papeles. Ahora bien, el que se lleva la palma es Zach Galifianakis, que interpreta al chalado de Alan (el cuñado del novio), y que de seguro dará que hablar en un futuro (tiempo al tiempo…)
El hecho de que el reparto esté compuesto, precisamente, por actores no muy conocidos para el público de a pie, ayuda a que el protagonismo esté equilibrado entre los tres actores (que no cuatro, porque Justin Bartha es el desaparecido y se le ve lo justo en pantalla). De tener alguna estrella mediática o popular entre sus filas, posiblemente el resto hubieran quedado en un segundo plano, cosa que aquí no ocurre por este mismo motivo: la ausencia de una estrella cómica que eclipse a los demás.
A destacar el cameo de Mike Tyson; la breve aparición de Heather Graham, a la que últimamente le habíamos perdido la pista; y la prometida de Doug, la actriz Sasha Barrese, que físicamente bien podría pasar por la hermana gemela de Megan Fox (salvando las distancias, claro)
“Resacón en Las Vegas” es una simpática y eficiente comedia gamberra con la que echarse unas risas a costa de unos personajes que las pasan canutas en todo tipo de situaciones, a cada cual más disparatada. No es ninguna maravilla (los sleepers tienden a estar altamente sobrevalorados y se les da mucha coba cuando por fin llegan a España) pero deja buen sabor de boca, lo cual ya es mucho decir. Y es que en un género que parece estar sentenciado por la vulgaridad y zafiedad del séquito Apatow y sus imitadores, o por la enésima chorrada sin gracia de tipos como Rob Schneider, Will Ferrell o Adam Sandler, pues se agradece y mucho una comedia de estas características. Los habrá que se lo pasen bomba con los que he nombrado en este último párrafo (para gustos, colores), pero dentro de la comercialidad a la cual se presta, “Resacón en Las Vegas” es una mejor y más recomendable alternativa.
P.D.: No os perdáis los créditos finales, no tienen desperdicio.
Lo mejor: que sea menos vulgar y chabacana de lo que esperaba; Zach Galifianakis.
Lo peor: que su condición de sleeper pueda hacer que te la esperes mucho más divertida de lo que es.
Valoración personal: Correcta