sábado, diciembre 03, 2011

“Fuga de cerebros 2” (2011) – Carlos Therón

Crítica Fuga de cerebros 2 2011 Carlos Therón
Cuando una película arrasa en taquilla, lo más lógico es que sus productores no tarden mucho en poner en marcha una secuela. Esto lo hemos visto infinidad de veces en el cine americano, y cada vez se prodiga más dicha costumbre en nuestro país (“El otro lado de la cama” o las sagas de “[REC]” y el Torrente de Santiago Segura serían un buen ejemplo)

Uno de los grandes éxitos patrios de los últimos años ha sido “Fuga de cerebros”, comedia juvenil de humor grueso y reparto televisivo que arrasó entre los adolescentes (y no tan adolescentes) españoles, y que con 7 millones de euros recaudados se posicionó como una las películas más taquilleras de 2009 junto a “Mentiras y gordas”, producto con un enfoque muy distinto pero dirigido al mismo tipo de espectador (y ambas protagonizadas por el ídolo juvenil Mario Casas). De las dos, la que más posibilidades tenía de explotarse con una continuación era la primera, y así ha sido.

“Fuga de cerebros 2” reúne de nuevo al Charli, al Cabra, al Ruedas y a Corneto en otro periplo amoroso por tierras extranjeras. Esta vez el asunto gira alrededor de Alfonso (Adrián Lastra), el hermano pequeño de Emilio Carbajosa (protagonista de la anterior entrega), quién decide seguir a la chica de su vida (Paula Prendes) hasta Harvard con tal de conquistarla. Para lograrlo, Alfonso contará con los mismos amigos y los mismos descabellados planes que su hermano utilizó en Oxford.

Cambio de protagonista y de director pero mismos guionistas, Curro Velázquez y Álex Pina, ambos con experiencia en series de televisión (Los Serrano, Los hombres de Paco o la más reciente El barco; canela fina, vaya). Y la verdad es que éstos no se han complicado mucho la vida para darle continuación a la primera entrega. Velázquez y Pina se han limitado a repetir la misma fórmula que ya les funcionó una vez y que, no nos engañemos, es lo que suele ocurrir en el 99% de las segundas partes.

En un alarde de originalidad han decidido cruzar el charco y cambiar la Universidad de Oxford (inglesa) por la no menos prestigiosa Harvard (americana). Allí viaja el grupete de amigos para que Alfonso conquiste a Sara, la chica de la que se quedó prendado cuando trabajaba en el hipermercado del barrio, y que ahora se encuentra en yanquilandia disfrutando de una beca para estudiar… ¿medicina? No, veterinaria (otro alarde de originalidad, sin duda).

Se supone que Sara, además de ser un pibón (cosa que salta la vista), es también una chica muy inteligente (cosa que… bueno, dejémoslo ahí), y por ese motivo se encuentra en Harvard, cuna de cerebritos. No obstante, la chica, de carácter algo infantil y alocado, parece más centrada en sus vicios (fumar, beber y… lo que sigue), por lo que a Alfonso no le resulta muy difícil robarle el corazoncito. ¿Pan comido, verdad? Sí y no. Y es que lo que supuestamente era la chica de sus sueños se parece más a la chica de sus pesadillas. Alfonso se da cuenta de que no es su tipo, pero para complicar aún más las cosas aparece en escena Marta, el amor de su infancia y la única mujer junto a la que ha querido pasar el resto de sus días.

Alfonso no está dispuesto a desaprovechar esta segunda oportunidad que le brinda el destino para ser feliz junto a Marta. Pero antes tiene que romper con Eva… Y ahí es donde entrarán en juego sus amigos y sus alocados planes.



Aprovechando el contexto universitario, sus responsables siguen tirando de tópicos para burlarse de ellos, más ahora que se trata de los americanos, sus hermandades, sus equipos de fútbol (el americano, deporte que es como el rugby pero para “nenazas”) y sus animadoras (las conocidas cheerleaders). Inclusos e permiten un referencia indicrecta a “American Pie”, saga americana por excelencia de este tipo de subgénero. Claro que poco importa que estén en Oxford, en Cambridge o en Cuenca, porque salvo algún que otro tropezón con el idioma, parece que todos los americanos hablan perfectamente el español, así como el grupete protagonista tampoco parece tener demasiados problemas con el inglés (y eso que se supone que son todos unos zoquetes)

Y pese a la evidente parodia, sus responsables no pueden evitar sucumbir ante los propios clichés del género juvenil/universitario de los que tanto se burla ni a los clichés de la propia comedia romántica en la que se inscribe, tal como le ocurría a su predecesora. La película se pasa gran parte del tiempo siendo una gamberrada de (muy) mal gusto, para terminar cayendo en los brazos de la ñoñería más barata y estereotipada (boda final y posterior marcha atrás, incluidas).

Aunque ahora se trata de deshacerse de una novia para conquistar a otra, el esquema de “planes absurdos que salen mal” sigue siendo el mismo. Incluso los amigos del prota están otra vez sin compromiso para que los guionistas vuelvan a engatusarnos con sus respectivas subtramas amorosas y puedan colarnos el discursito sentimentaloide de la amistad y el amor verdadero.
Pero el problema por el que todo esto no entra bien es simple y llanamente porque el humor que ostenta es deleznable. Gags escatológicos y chistecitos sexuales adornan una pobre historia de amor sin gracia ni atisbo alguno de originalidad. Incluso sabiendo a lo se va, resulta imposible soltar una sola carcajada (o, cuanto menos, una sonrisa).

Para el tipo de producto que es y el público objetivo al que se dirige (seamos realistas: quinceañeros pajilleros, mayormente), resulta cuanto menos curioso que esta secuela no nos obsequie con los tan manidos y habitualmente esperados desnudos gratuitos de turno. Al parecer, ni Paul Prendes ni Patricia Montero han aceptado ese “incentivo extra” en sus cheques que les obligue por contrato enseñar sus bondades al espectador, algo que sí hizo Amaia Salamanca mostrando sus domingas para deleite de muchos (especialmente del director, que no dudó en recrearse con dicha secuencia). Aquí es un chico el que enseña lo suyo (aunque realmente no sea más que un trozo de plástico)


Therón gusta de malabarismos videocliperos que no vienen a cuento para demostrar que sabe hacer transiciones visualmente molonas (por mucho que se nos antojen igual de gratuitas que unos pechitos al aire). Quizás en ese sentido podamos decir que la dirección es algo más creativa que la de su predecesor, si bien ambos han tenido la desgracia de contar con un pésimo guión.

Pero no todo es malo, pues el cambio de protagonista le ha sentado bien a la saga. Del mediocre Mario Casas pasamos a Adrián Lastra, mucho más convincente en el papel de pardillo enamorado. Y es que eso sí, el personaje, pese a cambiar de actor, sigue siendo exactamente el mismo. Y Lastra borda un registro que se le da muy bien (por ahora el único que parece saber hacer)

De la pandilla de descerebrados, Alberto Amarilla sigue siendo el que más destaca con su afable y sensible invidente. En el lado opuesto estaría Gorka Lasaosa (Ruedas), que sigue llevando el peso del humor soez sobre los hombres de su desagradable personaje (al que en vano intentan humanizar cada vez que le sale una novia). En Canco Rodríguez recae el estereotipo del gitano, que si ya hacía poca gracia en los tiempos de “Cruz y Raya”, ahora aún menos. Y Pablo Penedo es el gay y cabeza pensante -si es que alguno de ellos piensa- del grupo, y como tal, no tiene muchas salidas de tono (de hecho, es el más formalito de los cuatro).

Respecto a las chicas, pues muy monas ellas.

“Fuga de cerebros 2” gustará a los que les gustó la anterior entrega, ni más ni menos. Los que disfruten de este tipo de productos y el humor de “caca, pedo, pis” les parezca tronchante, desde luego verán satisfechas sus exigencias. Los que prefieran otro tipo de humor (más ácido, más locuaz… en definitiva, más inteligente), aún están a tiempo de ir a algún multicine y meterse en la sala donde se proyecte “Un dios salvaje”.

P.D.: Y para que mi último párrafo no suene pedante (y soy consciente de que puede parecerlo), recomiendo la española “Primos”, de Daniel Sánchez Arévalo, pues no hace falta irse a Polanski para deleitarse con una buena comedia.

P.D.2: La (bochornosa) promoción de la película se ha enfocado especialmente en David Hasselhoff (un americano soltando piropos typical spanish; la monda, oye…), cuya aparición estelar tiene lugar al final y durante escasos minutos. Ni por ello merece la pena pagar la entrada.


Lo mejor:
los jóvenes actores.


Lo peor: todo lo demás, y que ya no esté Amaia para deleitarnos con sus “atributos interpretativos” (confío en que ya lo hará en otra película)



Valoración personal: Muy mala (o peor)

4 comentarios:

mixman dijo...

vamos como indica el título, fuga de cerebros si la miras.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

O se te fuga o se te derrite xD

cami dijo...

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